El destierro más largo El destierro más largo
La polémica por la repatriación de los restos de Porfirio Díaz. El vapor Ipiranga se alejaba de las costas veracruzanas, y el general Porfirio... El destierro más largo

La polémica por la repatriación de los restos de Porfirio Díaz

El vapor Ipiranga se alejaba de las costas veracruzanas, y el general Porfirio Díaz aferraba sus ojos a la línea difusa del litoral. En lontananza, el último pedazo de tierra mexicana. Su mente esculpía cada detalle de aquella imagen desde el mar, mientras partía al destierro más largo.

Era el 31 de mayo de 1911. La primera década del siglo XX concluía, y un México insurgente ponía punto final a 35 años de gobierno del general Díaz. En Paris sería su exilio.

Al amanecer del 20 junio de 1911, las luces del puerto francés titilaban en la distancia.  A Don Porfirio todavía le restaba un trayecto por ferrocarril. A medianoche, llegaría a la estación parisina de Saint-Lazare. Y más tarde, encontraría su morada en la Avenida del Bosque No.26.

Desde su nuevo apartamento podía observar el camino desde el Arco del Triunfo hasta la Plaza de la Concordia. Caminar por los Campos Elíseos le hacía bien. Recordaba el bosque de Chapultepec. Pero un día se aisló del mundo, hasta morir el 2 de julio de 1915.

Su última voluntad: ser enterrado en Oaxaca. Allí había nacido 84 años atrás. Pero su esposa Carmelita optó por la iglesia de Saint Honoré l’Eylau, y luego por el cementerio de Montparnasse, donde aún reposa.

II

Nada ha cambiado en el sepulcro de Don Porfirio durante 95 años. Un arbolado sendero conduce hasta su cripta, ubicada en la 15ª. División de la Avenida Oeste del camposanto sur parisino, con 35 mil tumbas y más de mil 200 árboles.

Sepulcro de Don Porfirio Díaz

Sepulcro de Don Porfirio Díaz

Cada año los trabajadores de la necrópolis recogen en su panteón cientos de flores, papeles, boletos, medallas, estampas y hasta piedras. Los mensajes se debaten entre la gloria o la injuria. Entre el amor y el odio.

Quizás, por esa razón, sus restos no se hayan podido repatriar a lo largo de cien años. Toda tentativa ha fracasado.

Doña Carmelita lo intentó más de una vez. Otros, en las décadas de 1950 y 1960. En 1995 se creó una comisión especial. También en el 2010, con motivo del siglo de la Revolución Mexicana, volvió a resurgir la demanda.

Más recientemente, a razón del centenario de su muerte, el cabildo de Oaxaca, hizo una nueva petición al Congreso Federal. Incluso, el actual gobernador  oaxaqueño, Gabino Cué, aseguró públicamente que haría lo que sea para repatriarlo.

Para el regidor oaxaqueño Francisco Jiménez, presidente de la Comisión Especial de los Festejos del Centenario Luctuoso del General Porfirio Díaz Mori, México está en deuda con “el hombre que más se distinguió en la defensa del suelo patrio.”

Patricia Delgadillo, creadora en Facebook del grupo Recuperemos la figura de Don Porfirio. Traigamos sus restos!!!, considera que “cualquier mexicano tiene derecho a descansar en su tierra”. Con ese fin, desde el 2010, ha logrado reunir a más de ocho mil 700 seguidores en su red social, además de crear 28 divisiones porfiristas, en igual cantidad de Estados.

Para los familiares, agrupados en la Asociación Civil de Descendientes del General Porfirio Díaz Mori, la postura es clara: “Los restos sólo volverán cuando el gobierno y el pueblo así lo deseen, con honores militares”.

Ignacio Díaz Bossero, bisnieto y portavoz de la asociación civil, cree que cada quien puede juzgarlo como quiera, pero “nosotros queremos que se le juzgue en su contexto histórico”.

III

El doctor Arno Burkholder, especialista en Historia de México del siglo XX, cree que la repatriación de Don Porfirio es un asunto familiar. “Sólo ellos pueden decidir si quieren traerlo o no”, precisa.

Si regresara, ¿deberá recibir honores militares o de Jefe de Estado?, inquiero al también director del área de historia del Centro de Cultura Casa Lamm.

No, porque a pesar de las décadas transcurridas el estado mexicano contemporáneo es heredero de los que hicieron la revolución para quitar a Díaz. Si la familia quiere traer al general, sólo debe acudir a la Secretaría de Relaciones Exteriores para que le indiquen los trámites. Y pagar los gastos.

¿No es acaso una injusticia histórica?

Don Porfirio Díaz

Don Porfirio Díaz

Es más bien una circunstancia histórica. La familia pensaba repatriarlo en 1915, pero la revolución lo hizo imposible. En 1921 el gobierno de Obregón no podía traerlo, porque ya estaba establecido un discurso que lo responsabilizaba con el millón de muertos en la Revolución Mexicana, además de la pobreza y desigualdad que llevaron a esa rebelión.

“Los gobiernos posteriores mantuvieron esa idea, aunque no fueron radicales en esa postura, ni la extendieron a la familia. La prueba es el regreso de su esposa, Carmen Romero Rubio, y de su hijo, Porfirio Díaz Ortega, en 1934.

“Durante los siguientes años, en muchas ocasiones se pidió que el gobierno regresara sus restos, pero éste, aunque no censuró a quienes lo deseaban, tampoco les hizo caso. Simplemente no puede ir en contra de su historia.

“Sin embargo, el gobierno mexicano siempre consideró que era la familia Díaz quien debía traer al general. Aquí están enterrados Hernán Cortés, Agustín de Iturbide y Antonio López de Santa Anna. Sólo no quiere hacerle homenajes de general de división y mucho menos de jefe de Estado. Esa política se ha mantenido hasta hoy”.

¿Por qué lo satanizaron?

El Estado mexicano, de los años 1916 al 2000 (al menos), es heredero de la Revolución Mexicana. Se considera el sucesor de Madero, Carranza, Villa, Zapata, Obregón, Calles y Cárdenas.

“Es un Estado que para legitimarse unió a figuras, que cuando estaban vivas pelearon entre sí: Carranza y Obregón contra Villa y Zapata; Obregón contra Carranza; Cárdenas contra Calles… Díaz concentraba las quejas de esos grupos. Convertirlo en villano disimuló las luchas por el poder entre ellos.

“Cuando el Estado Revolucionario se consolidó, su idea sobre Díaz varió. En los años de Manuel Ávila Camacho más que un villano era una ‘figura autoritaria, pero también paternal’, que tenía que irse para que México se desarrollara.

“En cambio, en los años de Luis Echeverría, su imagen sí fue satanizada. En las escuelas preparatorias los alumnos leían México bárbaro, de John Kenneth Turner, y México insurgente, de John Reed, los cuales sí muestran a Porfirio como un dictador. Ese gobierno quería realzar el nacionalismo.

“Algo distinto hizo Carlos Salinas. Él necesitaba una figura histórica para justificar su apertura comercial. Al único que podía usar para eso era Porfirio Díaz. Por eso apoya a Enrique Krauze y a Fausto Zerón Medina para que, asociados con Emilio Azcárraga Milmo, hicieran una telenovela sobre su vida: El vuelo del águila. El gobierno de Enrique Peña Nieto ha preferido ignorarlo”.

 

Don Porfirio Díaz

Don Porfirio Díaz

¿Hasta qué punto fue un dictador?

No fue un demócrata. Durante su mandato respetó las elecciones, pero en las que concursaban sus aliados. No era un hombre que tuviera miedo de matar. Fusiló a quien se le opusiera, o amenazara la paz y el orden. Alentó a la prensa que lo alababa, y metió a la cárcel a los periodistas que lo criticaban.

“Pensaba que México no era todavía un país de instituciones. Y la mano dura era la única forma de mantener la paz para lograr el desarrollo”.

¿Cómo lo definiría: héroe o villano?

El hombre de 1862-1867 fue un gran héroe, pero el que impidió el desarrollo de la democracia, un villano. El que logró que México no tuviera deudas económicas y que lo respetaran en el mundo fue un héroe. El que reprimió a sangre y fuego sublevaciones campesinas como en Tomochic, un villano.

“Díaz fue un hombre de su tiempo. Creía que México merecía un futuro mejor, pero eso sólo se conseguiría con orden, pasando por encima de quien fuera.


Katia Monteagudo

Katia Monteagudo

Licenciada en Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Especializada en temas políticos, globales, económicos y sociales, y en el uso de técnicas narrativas, investigativas, manejo de las nuevas herramientas digitales para la búsqueda, procesamiento, publicación y distribución online de información, junto a la capacidad de articular comunidades a partir de estrategias comunicativas 2.0. Dominio de procesos de edición de medios impresos, digitales y en el fotoperiodismo.