El demonio de neón o la banalidad de la belleza El demonio de neón o la banalidad de la belleza
Una película donde los sacrificios iniciáticos y el canibalismo pueden hechizarnos El demonio de neón o la banalidad de la belleza

Una película donde los sacrificios iniciáticos y el canibalismo pueden hechizarnos

Heredero del amor al cine por parte de sus padres: el director danés Anders Refn y la directora de fotografía Vibeke Winding; Nicolas Refn Winding ha dirigido diversas películas entre las que destacan Bronson (2008), Drive (2011) y Only God forgives (2012). Influenciado por el cine de terror estadounidense y la filmografía de Alejandro Jodorowsky, se ha interesado por historias perturbadoras y violentas que han logrado vincular el manejo del misterio con una banda sonora característica.

El demonio de neón o la banalidad de la belleza

En El demonio neón (2016) se perfila una crítica en torno a la belleza y al modelaje. El cuerpo se ha convertido en objeto de adherencia, de transformación, de metamorfosis inalcanzable e incesante. La belleza, aunque canónica respecto a la época histórica, no ha dejado de ser un atributo presente con mayor fuerza en los tiempos posmodernos. Asistimos a los sortilegios de las miradas, del cuerpo intervenido que busca resistir a la vejez, la enfermedad y a la fealdad. “La belleza no es lo más importante, lo es todo”, se inscribe en la voz de un personaje del filme, un renombrado diseñador que encarna a la élite de Hollywood.

Las luces se apagan, la cinta da inicio con los créditos en colores fluorescentes sobre un fondo de relieve que casi puede tocarse: morados, verdes y azules transitan ante la mirada del primer acercamiento a la historia de Jesse, una adolescente ingenua y virginal que llega a la ciudad de los Ángeles con el sueño de muchas otras chicas: iniciar una carrera de modelaje y saltar a la fama. De manera ascendente, Jesse escala hasta convertirse en la envidia de otras modelos, cuya belleza se ve opacada por sus escasos 16 años, la naturalidad de su rostro y un cuerpo sin mediaciones quirúrgicas.

El demonio de neón o la banalidad de la belleza

Así, pese a que en la trama se presenta la envidia, la competencia y los continuos deseos por la exaltación de la belleza, paradójicamente no existen puntos dramáticos, ni sobresaltos emocionales en función del conflicto narrativo; a diferencia de lo anterior, Winding Refn nos conduce por ciertos laberintos de misterio, logrados a partir de una cámara que se mantiene mayor tiempo de lo usual en cada encuadre, afianzada por los sonidos de los sintetizadores y de la música electrónica que recrea las atmósferas, donde como espectadores presenciamos el desarrollo de la historia desde afuera, sin sentir ninguna identificación con los personajes, experimentando la banalidad de la belleza sólo como una especie de representación efímera ante nosotros. Banalidad que se convierte en vacío, la vacuidad del modelaje, de la ostentación de la última finalidad: la mejor corporalidad que se erige ante los tonos neones de la grandeza.

Con un alto simbolismo ligado a los rituales de iniciación, como puede apreciarse en el uso de los triángulos; Jesse transforma su personalidad, de ser una chica tímida e inocente muta a una modelo arrogante, una vez que inicia su primera pasarela. En la secuencia se presentan diversos triángulos donde ella se desdobla en la imagen y besa su reflejo en una especie de pacto con iluminación rojiza.

El demonio de neón o la banalidad de la belleza

El filme nos persuade a intensificar dicha crítica ante el orbe de la belleza, por medio de las secuencias que plantean la antropofagia: ese ímpetu de ser el otro devorando su carne. Así, la trama nos lleva hasta la desfragmentación de Jesse por parte de las modelos adversarias, donde Ruby, una maquillista que la desea sexualmente, al verse rechazada por la misma, desahoga su frustración a través de un encuentro necrófilo y posteriormente conduce a Jesse a la muerte.

A continuación, inicia una especie de ritual en el que participan las dos modelos y la maquillista bañándose con la sangre de la virgen. Es aquí donde puede darse otro nivel de lectura de la película: una vez que Jesse ha devenido alimento, comienza la purificación del canibalismo a través del deleite y del goce que experimentan con la iniciación del cuerpo y la sangre consumados. En una secuencia ulterior, observamos a Ruby desnuda, recostada en el piso de su cuarto boca abajo, con la ventana abierta que nos muestra una luna resplandeciente. Ruby expulsa sangre como si se asemejara a un flujo menstrual y como si deviniera otra: con nuevas potencialidades o atributos.

El demonio de neón o la banalidad de la belleza

Como un recurso ya característico de su estilo, Refn Winding nos transporta a una composición visual que expresa a partir de sus colores, no sólo una aportación estética a sus filmes, sino un ritmo que irradia y transmite una atmósfera perversa, que bien podría concordar con una simbología de nuestra época actual.

El demonio de neón o la banalidad de la belleza

 

Yelenia Cuervo

Yelenia Cuervo

Estudió la carrera de Filosofía y el posgrado en Estética en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es Maestra en Filosofía y Medios de Comunicación con especialidad en Filosofía y Cine por el Instituto Salesiano de Estudios Superiores.