El cuerpo en la cartografía del deseo El cuerpo en la cartografía del deseo
Cuerpo, papel en el que Dios y tiempo escriben. En él se registran las angustias, las ausencias y los dolores; la lucha de todos... El cuerpo en la cartografía del deseo

Cuando Dios creó en arcilla al primer ser humano,
le pintó los ojos, los labios y el sexo…
Después le escribió el nombre a cada uno
por temor a que se le olvidara

Cuerpo, papel en el que Dios y tiempo escriben. En él se registran las angustias, las ausencias y los dolores; la lucha de todos los días, la búsqueda y la pérdida; la tristeza del abandono y la felicidad del encuentro. La piel se abre al pincel, dedo de Dios que traza lo presente y lo pasado, y con él la bitácora de la memoria se abre… El cuerpo, carne que se entrega, que se ofrenda en el ritual del deseo, cuerpo que se acaricia, se muerde, se reclama. Papel al fin, que se arruga en las manos del tiempo y que Dios sostiene en su mano izquierda, ese lado del corazón en el que forma el cuerpo de cada ser.

Para Minerva Margarita Villarreal (Montemorelos, Nuevo León, 1957), el cuerpo es pieza determinante dentro de su trabajo poético. Su poesía dibuja un doble cuerpo: el cuerpo del poema y, dentro de él, ese segundo cuerpo, el que ella habita: paisaje dentro del paisaje.

El cuerpo en la cartografía del deseo

En la vastedad de ese primer paisaje, la referencia al cuerpo se invoca de diversas maneras y aparece mutilado, marchito, en franco desafío ante la muerte y como prisión. Pero tratemos por ahora el cuerpo de los amantes, su cartografía del deseo es exacta y su transgresión, decisiva.

El erotismo es una de las principales características en la poesía de Minerva Margarita Villarreal; es el sello que la distingue, y a partir de semejante impronta la cartografía toma forma y con ella la poética del cuerpo. Todo ello más allá de la entrega y el placer, de la posesión y la pérdida, del amor y el odio, de la libertad y el encadenamiento. El cuerpo es recipiente y revelación de los sentimientos que guarda y alimenta el ser humano, especialmente el cuerpo femenino:

 

Vuelve a pasar la mosca sobre mi perplejidad,

¿y mi brazo y mi cabeza y mi cuerpo todo

cuántas pasiones contienen sin ser contenidas?

¿Cuánto torbellino arrastra

el estancamiento de los sentidos?

(Pérdida, pp. 51)

 

El cuerpo en la cartografía del deseo

En sus poemas, Minerva traza poco a poco su cartografía en el cuerpo deseado, lo presenta como un manjar que se esmera en preparar para después deleitarse en él, para disfrutar de su textura y de su sabor. El juego de la mirada es insuficiente para traspasar esa carne que se le entrega, también son insuficientes las manos para poseerla; necesario es despertar cada uno de los sentidos; la carne exige, incluso, beberla. Minerva posee el cuerpo del otro, poco a poco le invade; llega a él así como la noche devora de a poco la luz del día: lo desnuda, lo palpa, con su lengua reconoce cada uno de los caminos de ese cuerpo que se le entrega:

Entro en tu cuerpo como quien camina sola por la noche.

Entro en tu cuerpo desde que desabrocho tu camisa,

desde que el pantalón cae hasta quedar sin vida.

Y cuando mi lengua recorre,

cuando tu piel es saboreada, mordida, ensalivada;

cuando me deleito en la calidez de tu dureza…

Temblorosa de súbito:

¡Cómo penetras de entero

Tú en mí!

(Dama infiel al sueño, pp 13)

 

El cuerpo en la cartografía del deseoEs el deseo la telaraña que atrapa cada uno de los sentidos, es el deseo el primer paso que lleva al acercamiento de los cuerpos, ese hacer que permite el reconocimiento de la carne: aromas, miradas, gemidos. Durante la exploración de los cuerpos, el mundo parece desaparecer para los amantes que se ofrecen al ritual de la carne. Ambos, hombre y mujer, se dejan llevar por ese mar que desemboca en sus bocas y en sus manos, en sus miradas que calculan, que graban en la memoria… Entonces prometen no olvidarse:

[…]

Estás tan pálida.

Piensas: “Para que el deseo muera de verdad

Tengo que cortarle las alas,

Avergonzarlo,

Hacerlo deambular por la derrota como ángel caído.

(Dama infiel al sueño, pp.16)

En “Cuarteto para cuerpos del desear”, Mauricio Montiel Figueras pregunta si tiene el deseo un cuerpo tangible y contesta: no, el deseo carece de cuerpo. Y ante esta carencia se emprende una antigua búsqueda que culmina cuando el que desea devela al otro, a ese otro que hará sólo suyo, con la mirada. Entonces, en esa revelación primera de los ojos, se opera el milagro, el deseo ha encontrado un cuerpo o, mejor, el otro se ha vuelto la encarnación del deseo. Esta encarnación exige un segundo paso, la desnudez, el contacto con el cuerpo deseado; entonces ese cuerpo se sumerge en la transgresión y el olvido aleja de sí la idea de su individualidad para gozar del placer en la contradictoria desposesión-posesión, pues en la batalla de la entrega se pierde pero se gana, los cuerpos se desafían, deciden transgredir lo prohibido y violar tabúes y normas establecidas; y durante la transgresión los cuerpos contemplan la revelación de la carne pues, como afirma Bataille, “lo que el acto de amor y sacrificio revelan es la carne“.

Sonia Silva-Rosas

Sonia Silva-Rosas

Escritora. Periodista. Editora y Promotora Cultural
Ha colaborado en revistas de Canadá y España. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y portugués. Fue Coordinadora de la Casa de Cultura Morelos 10, de la Delegación Azcapotzalco. Codirectora de Noctis Ediciones y Columnista del periódico mexicano El Sol de México. Actualmente colabora con el Cuerpo Académico Lenguajes Discursos Semióticas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Su desempeño como editora le ha dado la beca Edmundo Valadés para revistas independientes del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y en dos ocasiones el apoyo Financiarte del Consejo para la Cultura de Nuevo León.
Trabajó en el Departamento de Difusión (área de Comunicación) de la editorial Fondo de Cultura Económica (FCE), en la Subdirección de Prensa del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y en el departamento de prensa del H. Congreso de la Unión. Se ha desempeñado como correctora de estilo para las editoriales Alfaguara, McGraw Hill, Televisa, Fundación SM, Fondo Editorial Tierra Adentro de Conaculta y EDIMEND. Ha sido dictaminadora del Grupo Editorial Planeta.
Laboró en la Oficina de Asuntos Internacionales del Gobierno del Estado de Veracruz en el Distrito Federal. Fue Jefa de Prensa y Relaciones Públicas de la Editorial Jus; y Jefa de Relaciones Públicas del Museo Nacional de San Carlos.
Su obra aparece en las antologías: Poetas de Tierra Adentro II, Diccionario de Mujeres Poetas de Nuevo León; Desierta Memoria (Saltillo, Coahuila); en la Antología Sor Juana Inés de la Cruz y Poetisas Mexicanas (9 tomos) del Dr. Fernán Pavía Farrera (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas). Antología de Poesía Hispanoamericana y en la Muestra de Poesía Hispanoamericana Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Madrid, España.
Tiene publicados: Laberinto de Siluetas (Poesía. Col. La hoja murmurante de Toluca, Estado de México. 1994), Ídolos de Sal (Poesía. Historias de Entreten y Miento de Saltillo, Coahuila. 1995), Lluvia ácida sobre la danza de las horas (Poesía. Ediciones de Pasto Verde, Orizaba, Veracruz. 1996), Tanta Memoria (Poesía. Fondo Editorial Tierra Adentro, CONACULTA. 2002), Cuentos para entristecer al payaso (Cuento. Editorial C&F, Guadalajara, Jalisco. 2009. Reimpresión, 2015), Cuarto Menguante (Algunos poemas. Editorial La Regia Cartonera. Monterrey, Nuevo León. 2011), Caban. El reclamo de los dioses (Novela. Noctis Ediciones. 2013) y Cuarto Menguante (Poesía. Noctis Ediciones. 2015).
Se desempeña como maestra de Gramática Española, Argumentación, Comunicación Política y Análisis del Discurso, así como de Creación Literaria. En el 2008 recibió Mención Honorífica en el Premio Nacional de Poesía Tinta Nueva.