El Cid Rodrigo Díaz de Vivar y su espada “Tizona”: invencibles en las batallas El Cid Rodrigo Díaz de Vivar y su espada “Tizona”: invencibles en las batallas
Asociada al relato fundacional de España a través de la construcción de un modelo de heroísmo mítico con base en la Europa Medieval El Cid Rodrigo Díaz de Vivar y su espada “Tizona”: invencibles en las batallas

Asociada al relato fundacional de España a través de la construcción de un modelo de heroísmo mítico con base en la Europa Medieval, el retintín de Tizona, la espada de Rodrigo Díaz de Vivar el Cid Campeador, tiene un sentido social que trasciende su poder bélico.

La épica del Cid, el Hombre de Armas medieval, evoca a la España musulmana del siglo XI, periodo que significó el mayor esplendor árabe en la Península Íbérica, a la vez que su declive tras siete centurias.

El relato de la vida del Cid, “gran señor de sí mismo”, como diría Antonio Machado, se engrandece por el efecto de la literatura y de las licencias históricas. Sucede algo similar con sus armas, sobre todo con La Tizona, su espada, la cual cuenta con su propia leyenda, en la que se asegura que sólo el acto de empuñarla proporciona una mágica energía. Su origen aparece en el Cantar de Mío Cid, donde se relata que el guerrero castellano, tal vez nacido en Burgos, la obtuvo del rey Búcar de Marruecos, a quien se la arrebató tras una batalla “a guisa de varón”. Tan codiciada como relumbrante, se asegura que esta arma no es una invención poética, y que al igual que su espada Colada, valía “mil marcos” de aquella época. Ambas tenían “las pomos y los gavilanes de oro puro”.

El Cid Rodrigo Díaz de Vivar y su espada Tizona: invencibles en las batallasExisten otros relatos fundacionales con base en espadas míticas, como la de Excálibur. Cuenta la leyenda que Arturo, hijo del rey Uther, logró extraer sin dificultad esta espada que el mago Merlín, su protector y mentor, había encajado en un yunque, convirtiéndose así en rey de Inglaterra. El rey Arturo es un personaje estereotípico en la tradición del romance heroico: “hijo de reyes o príncipes, las circunstancias de su concepción son inusuales y desde un primer momento es un ser elegido al que poco tiempo después de su nacimiento, se separa de sus padres, siendo criado y educado por unos tutores adoptivos”.

De acuerdo con la Encyclopædia Británica, el origen de Excálibur se encuentra en otra espada llamada Caladbolg, proveniente de una leyenda irlandesa “de la cual Excálibur obviamente deriva por medio de Geoffrey de Monmouth, cuya Historia regum Britanniae (que data de 1135-38) se refiere a la espada de Arturo como Caliburn.

En un análisis en Literatura Comparada, Ana María Matute, de la Universidad de León, afirma que el escritor de origen sudafricano J. R. R. Tolkien se basó en los romances artúricos franceses del siglo XIII para construir el liderazgo en su personaje Aragorn, “el verdadero protagonista de su obra más significativa: El señor de los anillos”. Otra de las fuentes que nutrieron a Tolkien, nos dice, es el Cantar de los Nibelungos, donde Sigurd el Volsung debe forjar la espada que su padre le heredó para matar al dragón Fafner. Con Aragorn, personaje construido en el Siglo XX, sucede algo parecido, la espada de sus ancestros, Narsil, debe de ser forjada de nuevo, para que él pueda reclamar el trono de Gondor.

Basta recordar que, en El señor de los anillos, la espada Narsil (que significa llama roja y blanca) es destrozada tras un enfrentamiento con Sauron, por lo que debe ser forjada de nueva cuenta por el mejor de los herreros elfos para que Aragorn pueda reconquistar su reino. La espada entonces es renombrada como Andúril (que significa llama del Oeste), “roja a la luz del sol y fría a la luz de la luna, con un borde duro y afilado” se narra en el libro II, donde se detalla que su funda, “hecha especialmente para la espada”, evitará que se manche o quiebre ”aun en la derrota”.

Tolkien reviró hacia fuentes del Medievo temprano para construir una obra monumental que es influencia para toda fantasía heroica contemporánea. Las espadas que aparecen en su trilogía prácticamente son utilizadas como armas de defensa ante un poder siniestro, sin embargo, también son un punto de referencia del lector con el medievo, asegura el especialista canadiense Michael J. Brisbois, quien en su artículo “The Blade against the Burden: The Iconograpgy of the Sword in the Lord of the Rings” nos recuerda que “ninguna imagen o artefacto es tan eficaz para presentar el medievalismo de (la obra de Tolkien) como la espada”.

Como en las novelas de caballería que nutrieron el imaginario de Tolkien, la espada revela la verdadera naturaleza de un personaje.

El Cid Rodrigo Díaz de Vivar y su espada Tizona: invencibles en las batallasEn el caso de Rodrigo Díaz, la Tizona, también conocida como La Rabiosa, representa la “viril firmeza de carácter” que tras la muerte de su protector, Sancho II, enemista al Cid con el más grande monarca de la España medieval, el rey castellano-leonés Alfonso VI, por lo que éste lo destierra. Se sabe que entrena a un pequeño ejército y tras cinco años de victorias ofrece su espada al esplendoroso reino de Sevilla, bajo la magnificencia del rey-poeta Al-Multamid. Esa “hombría que sus propios enemigos proclaman”, como diría Antonio Machado a la vez que su respeto al mundo árabe, genera que los musulmanes le nombren Cid, el Señor “de sí mismo”, que poco a poco conquista Valencia hasta convertirse en amo de su propio principado, donde finalmente muere pacíficamente. No hay que olvidar que El Cid Campeador nunca fue derrotado.

Más allá de cualquier trasunto bélico, La Tizona del Cid Campeador ennoblece a su portador, Rodrigo Díaz (1048-1099), un noble mediano de Castilla que sin heredar trono alguno escala a convertirse en leyenda debido a su ferocidad como infante, a tal grado que se convirtió en caudillo y héroe nacional, de acuerdo a la lectura que de él generó don Ramón Menéndez Pidal, quien le supo imprimir (literalmente) las virtudes de un “patriota y cristiano”, valores que, dicho sea de paso, resurgieron en el siglo XX vía el nacionalcatolicismo durante el Régimen franquista.

Si bien no puede asegurarse al cien por ciento que la espada Tizona que actualmente reposa en el Museo de Burgos hubiese sido empuñada por la mano de Rodrigo Díaz, la hoja acerada, de 100 cm de largo, ha sido sometida a estudios científicos de arqueometalurgia en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense, confirmando que se trata de una espada forjada en el siglo XI, aunque con modificaciones en diferentes periodos. El resumen de su historia reciente se encuentra en casi todo los diarios españoles, recuperamos la versión de los colaboradores del Diario de Sevilla: “Una hija de Rodrigo Díaz de Vivar la cedió a la armería real y, al cabo de los años, Fernando el Católico la donó al fiel marqués de Falces”: Monsen Pierres de Peralta el Joven, “en recompensa por los servicios prestados a la Corona de Aragón” (…) “No obstante, y ya a mitad del siglo XX, el marqués correspondiente se limitó en su testamento a instituir herederos a sus dos hijos, sin mencionar a la singular espada” que, previamente, “fue depositada por el legatario en el Museo del Ejército el 12 de julio de 1944”.

En 2008, José Ramón Suárez-Otero Velluti, marqués de Falces, fue atribuido por el Alto Tribunal como “único titular por herencia y propietario exclusivo por posesión” de la Tizona, quien la vendió por el precio de 1,5 millones de euros a un grupo de empresas, mismas que la donaron a la comunidad autónoma de Castilla y León.


Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.