El Caballero de la luna El Caballero de la luna
Toda una generación aprendió el concepto de “spoiler” luego de meterse en el mundo de Juego de Tronos. Que algún personaje muera o resucite... El Caballero de la luna

Toda una generación aprendió el concepto de “spoiler” luego de meterse en el mundo de Juego de Tronos. Que algún personaje muera o resucite de manera inesperada pasó a ser información confidencial entre semanas y sujeto de investigación y debate entre temporadas.

Juego de Tronos es el nombre de la serie de TV y de la primera novela de la saga “Canción de Hielo y Fuego”, escrita por George R.R. Martin. Este escritor y guionista nacido en New Jersey tuvo una carrera no muy luminosa con sus creaciones de ciencia ficción y terror. Nadie hubiera imaginado que podía conmover hasta los cimientos la fama de Tolkien como creador de una saga de inspiración medieval.

La historia, ya conocida por todos, es la de la lucha por el poder en el reino de Westeros, que mantiene una frágil cohesión entre distintos reinos feudales que siguen a familias y blasones, todos de inspiración real. Tal vez el norte de los Stark sea como la Escocia de William Wallace, el Trono de Hierro de los Greyjoy se parece al mundo vikingo, el sur elegante de los Lannister a los York de la guerra de las rosas, y los reinos de Oriente a la España musulmana. Más al norte un muro de hielo separa a los reinos “civilizados” de los pueblos “salvajes” y una pesadilla de zombies blancos de ojos azules.

Sí, zombies. Y aunque haya dragones, gigantes, hechiceras y huargos, es difícil considerar que Juego de Tronos esté limitada al género fantástico. El principal atractivo de su trama es que sus personajes son hombres y mujeres con grandezas y bajezas reconocibles, nada lineales y, a menudo, sorpresivos. El gran tema es el poder político y los extremos a los que se llega por conseguirlo y mantenerlo. No faltan los incestos, asesinatos, torturas, violaciones, abuso religioso y todas las perversiones de la época oscura.

Esta historia es la primera creación literaria que ha aprovechado por completo el mundo virtual y tecnológico. Las novelas originales han generado subnovelas, enciclopedias, wikis, juegos de tablero, videojuegos, y un universo de diálogos en Twitter, Facebook y hasta en la web profunda debe haber data de Juego de Tronos accesible a unos pocos.

La serie de TV, principal vehículo de dispersión de la fama de Juego de Tronos, tiene una particularidad. Se ha comportado durante las primeras 5 temporadas con una fidelidad notable a los libros en los que se basa. Pero las necesidades contractuales han hecho que no puedan esperar a que Martin escriba los libros 6 y 7 de la saga. A partir de la temporada que actualmente está en el aire, los guionistas, con la asesoría limitada del autor, ya han resuelto decidir sobre los destinos de los personajes. Por eso a esta temporada se la nota más relajada e interesante que la anterior, con lógica de narración televisiva. Veremos si Martin se aleja de lo que veremos en sus libros, y la Canción de Fuego y Hielo tenga un final bífido. Después de todo, la historia está hecha de versiones. Y podemos quedarnos con la más interesante.

Esperemos que logren en la serie de TV lo que Martin maneja a la perfección en sus libros: siempre sucede lo menos esperado. Incluso lo menos deseado. Sin ir más lejos, el protagonista (el que se perfilaba como tal), muere muy rápido, en los primeros capítulos. Más adelante los protagonistas seguirán muriendo, aunque algunos se ven beneficiados por resurrecciones a pedido del público. ¿Esto la convierte en interactiva? En parte, como todo lo que sucede en los medios.

En lo personal, prefiero el capricho del creador, que distribuye vida, muerte, poder, amor y desengaño a su antojo con maestría.

 

La serie se emite por HBO, aunque bate récords de descargas ilegales. Tan inevitable como Uber.

Mario Pinto

Mario Pinto

Argentino por nacimiento (nadie es perfecto) y ya ruco, chilango por opción.Hombre de medios por falta de imaginación en su momento, historiador del arte por curiosidad y escritor a pesar de que mi madre soñaba con un ingeniero.