El asesinato misógino en México El asesinato misógino en México
La violencia contra las mujeres, sin duda, es un problema social y de género muy difícil de abordar desde un sólo ángulo. Se necesitan... El asesinato misógino en México

La violencia contra las mujeres, sin duda, es un problema social y de género muy difícil de abordar desde un sólo ángulo. Se necesitan muchos hilos para bordar la historia de lo que ha significado este problema. Son muchas mujeres y niñas asesinadas en México. Más de cuarenta mil de 2008 a 2014. El odio con el que se comenten muchos de estos crímenes evidencia la misoginia arraigada histórica y socioculturalmente en la sociedad.

El asesinato misógino es perpetrado con mucha saña y odio. La máxima expresión está en que se visibilizan prácticas extremas de crueldad. La mayoría de casos culmina con la muerte de la persona sometida a estas prácticas, lo que lo convierte en un asesinato sádico. Este crimen es una forma de violencia extrema: un feminicidio. Se conceptualiza como el asesinato de una mujer por ser mujer en un contexto misógino y de impunidad. En los casos de violación denunciada, los perpetradores en proceso que tienen sentencia son únicamente el 15%.

Por eso es importante explorar las estructuras que mantienen estos sistemas excluyentes, como el capitalista y el patriarcal, así como revisar la cultura e ideología mercantilizada del amor, del sexo, de la maternidad, de la diversidad sexogenérica. Y en la medida que “todos los crímenes de odio requieren la valoración de los criminales”, se sugiere que, al hablar de asesinato misógino, pensemos en el perpetrador.

El asesinato misógino en México

Matar por odio de género significa desnudar cuerpos mutilados que despliegan el performance de la humillación, la exhibición del castigo. En este sentido, el asesinato de odio misógino es un genocidio, un crimen contra la humanidad, no sólo por el número de mujeres asesinadas, ni porque se extiende a todo el mundo, sino porque la víctima materializa la violencia en la muerte, y el victimario, con este acto, se deshumaniza a sí mismo, se despoja de sentimientos, de emociones, de arrepentimiento.

El pánico cuantitativo de la saña aplicada no sólo puede leerse en el último cuerpo moribundo, sino también en esa carencia de remordimiento que distancia al asesino de la significación de su acto. Cuando el asesinar carece de culpa, además de la ley se derogan las líneas que definen a lo humano, a la moral. Lejos de un simple acto excepcional estamos ante una voluntad sistemática de destruir a la especie.  Cuando hablamos de la deshumanización del victimario y de la desmoralización social, queremos entender un proceso de pérdida del sentido en el plano de las significaciones éticas y políticas. La ausencia de valor de la vida humana, de la dignidad, avalada por las instituciones, aunque sea por omisión, trasciende a lo colectivo para resultar en una ausencia de las bases que sustentan al estado, a la procuración de justicia.

El asesinato misógino en México

En los rostros de los perpetradores de la violencia feminicida se aprecia, además, un hedonismo exacerbado, un gozo. La alegría de los hombres ante la agonía de la víctima nos abre interrogantes sobre la naturaleza del asesinato sádico.

La risa de los violadores y asesinos, de los pocos criminales sentenciados, se sustenta en la supremacía, esto es: la victimización les alimenta el sentimiento de poder dominar y disponer de otro cuerpo, dar órdenes, mandar, sujetar, oprimir.

Las representaciones del acto feminicida que se exhiben en las imágenes del terror producido como una forma de amenaza: “vean lo que les puede pasar por ser mujeres”, “por ser bonitas”, “por ser jóvenes”.

La ciudadanía no cuenta con la protección legítimamente establecida, puesto que los uniformados, por ejemplo, durante el gobierno de Calderón, convirtieron su trabajo en una máquina genocida.

El asesinato misógino en México

El goce de matar termina siendo una marca de prestigio, como el grupo delictivo La Línea, formado por ex policías, quienes por cada cargamento de droga que pasaban con éxito por la frontera Ciudad Juárez/El Paso, recibían como premio mujeres, cuyos cuerpos sin vida tiraban en lugares públicos con huellas de tortura sexual.

Esta imagen del basurismo humano es el sello de nuestra época. La vemos desde hace más de dos décadas con los cuerpos femeninos en Chihuahua. Las mujeres han sido asesinadas y tiradas como cuerpos desechables en los basureros, lotes baldíos y lugares abandonados.

 

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Patricia Ravelo