El asedio de la ultraderecha sobre Europa El asedio de la ultraderecha sobre Europa
Pateh Sabally murió ahogado el domingo 22 de enero. Sus restos fueron hallados en el fondo del Gran Canal de Venecia, en Italia. Había... El asedio de la ultraderecha sobre Europa

Pateh Sabally murió ahogado el domingo 22 de enero. Sus restos fueron hallados en el fondo del Gran Canal de Venecia, en Italia. Había nacido en Gambia -uno más de los muchos países africanos mordidos por la pobreza-, pero desde hacía dos años residía, con permiso humanitario, en ese país  del mediterráneo. Mientras Sabally se hundía, algunos espectadores de su muerte le gritaron “estúpido”, “vuelve a casa” o “dejen que muera”. A pesar de que le arrojaron tres salvavidas, Sabally no tomó ninguno. Tampoco nadie se arrojó al agua en su ayuda. A Pateh Sabally lo mató el racismo.

En Europa, como en muchas otras regiones en el mundo, el racismo ha dejado sentir su impronta en la vida pública. Su auge aparente –en realidad, el racismo nunca ha pasado de moda-  mantiene una relación causal, incluso proporcional, con los movimientos políticos nacionalistas y conservadores, de los que abreva y nutre de fuerza y contexto.

El asedio de la ultraderecha sobre Europa

La mecánica del racismo y su influencia en el contenido programático de las propuestas nacionalistas es de sobra conocido. Parte de ubicar en la otredad el refugio de los peores males, la causa de las perversiones y decadencias de la actualidad, y la amenaza constante al modo de vida de una sociedad determinada, en tanto objetivo a erosionar con las nuevas directrices culturales.

El racismo, finalmente, apela a la primitiva pulsión del gregarismo, como primitivo es también el mecanismo argumental de su aplicación, es decir, las razones que falsamente le justifican. Así, pues, a la luz del racismo, la asimilación de grupos culturales por parte de ciertos países receptores, generará tensiones evidentes e indeseables, explican algunos políticos -oportunistas a mayores señas- que catalizarán a su favor los saldos de dicho proceso, asumiendo que las desgracias de su tiempo tienen una explicación única e irrebatible. En sentido inverso, la reducción o, incluso, cancelación de los flujos de inmigración se traduciría en la feliz solución a sus desgracias.

Aunque evidente en su debilidad argumental, el planteamiento seduce, precisamente, por su simpleza. Pocos son los países europeos que han escapado a su embrujo, a despecho de la fama de racionalidad y alta cultura que les precede.

El asedio de la ultraderecha sobre Europa

En Francia, por ejemplo, el Frente Nacional de Marine Le Pen ha desplegado una intensa campaña euroescéptica, esforzándose por invalidar la viabilidad de la Unión Europa como organismo supranacional. Su agresiva propuesta nacionalista la ha catapultado a los primeros lugares en las próximas elecciones generales, a realizarse el 23 de abril y el 7 de mayo del presente año. Tanta es su popularidad que, según revelan medios internacionales, Le Pen es la candidata favorita de la juventud francesa -http://www.abc.es/internacional/abci-encuestas-situan-marine-como-candidata-favorita-jovenes-franceses-201701161359_noticia.html.

Desde Alemania, el partido xenófobo y ultraderechista, fundado por la química y empresaria Frauke Petry, Alternativa por Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), es ya la tercera fuerza electoral del país de cara a las elecciones a celebrarse en septiembre próximo Aunque marginal en sus inicios, que se remontan apenas al 2013, su meteórico ascenso se debe, en alguna medida, a la mediática presencia de su lideresa, quien no ha tenido empacho en traer a colación términos de genealogía propiamente nazi –como völkisch– para describir la circunstancia de los refugiados en el vocabulario político alemán. “Es una simplificación ilícita pensar que decir völkisch equivalga a ser racista”, sostuvo.

Hacia marzo próximo, Holanda celebrará elecciones, y en el primer lugar de las encuestas figura Geert Wilders, popular miembro de la llamada “derecha alternativa” europea. Dirigente y creador del Partido por la Libertad, Wilders es famoso por su férrea islamofobia, macerada en la cauda de amenazas de muerte que le prodigaron  ciertas facciones radicales del islam. El talante político del holandés lo llevó a aplaudir, en días recientes, la decisión de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en torno a prohibir la entrada a su país de ciudadanos provenientes de diferentes países islámicos. “Bien hecho, Trump –dijo Wilders. Ésta es la única manera de mantenerse a salvo y libre. Yo haría lo mismo. Espero que pronto añadas a más países islámicos como Arabia Saudí”.

El asedio de la ultraderecha sobre Europa

Con el mismo ánimo racista y xenófobo, desde Italia, Matteo Salvini ha dado forma y contenido a su partido político, la Liga del Norte. Aunque propietario del tercer o cuarto lugar en el mapa de preferencias electorales, según la encuesta a consultar, dicha agrupación ha mostrado en más de una ocasión, a través de Salvini, su carácter discriminador; además, en medio del inestable horizonte político italiano, no se descarta un eventual repunte . Aquí una declaración de su líder, realizada durante una entrevista del diario El País: “Los inmigrantes son una parte del problema porque muchos, los gitanos entre ellos, ni pagan vivienda, ni luz, ni agua, y viven de la mendicidad o de recoger cartones; y otras decenas de miles de inmigrantes llegados ilegalmente trabajan en negro por tres euros y hacen la competencia desleal (…)”.

Sobre Europa, como se ve, planea el racismo y la xenofobia de la ultraderecha. Su apuntalamiento no tiene explicaciones únicas y plenas. Más allá de la miopía histórica o la limitada cultura política que presupone su popularidad entre amplios sectores sociales, elementos tangibles y reales, como las críticas condiciones económicas de algunos países, explican su crecimiento y el arraigo de su propuesta.

Una puerta similar fue abierta en Estados Unidos, con las imprevisibles y poco halagüeñas consecuencias que ello trajo consigo para el mundo. En efecto, Donald Trump, en su inesperado papel de ejemplo para la ultraderecha europea, es el espejo de su futuro. Para bien o para mal.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.