El aborto: ¿un asunto de mujeres? El aborto: ¿un asunto de mujeres?
¿Ha escuchado a una mujer decir: “Por fin he quedado embarazada: ahora sí podré abortar”? No: puedo asegurarle que nunca ha escuchado eso, ni... El aborto: ¿un asunto de mujeres?

¿Ha escuchado a una mujer decir: “Por fin he quedado embarazada: ahora sí podré abortar”? No: puedo asegurarle que nunca ha escuchado eso, ni lo escucharemos jamás. Porque el aborto no es un gusto, es una necesidad físicamente dolorosa y es un procedimiento médico que puede ir acompañado de sufrimiento ya sea emocional o intelectual.

Tomando en cuenta que las mujeres que abortan no lo hacen por gusto, sino orilladas por una necesidad radical, ¿no debieran al menos contar con el apoyo físico y emocional necesario para pasar por ese difícil momento? Una alumna que emigró a Europa me decía que al llegar a la clínica lo primero que le ofrecieron fue ayuda psicológica. Ella no aceptó porque no la requería, pero el trato que recibió fue amable, considerado y hasta afectuoso: eso es lo que requiere una mujer que se ve orillada a abortar: comprensión.

Solemos creer que “al fin” existe el aborto en la Ciudad de México, pero el aborto siempre ha existido y siempre existirá. La única diferencia es que en la Ciudad de México las mujeres que requieren abortar ahora pueden hacerlo legalmente y con seguridad. En el resto de los Estados solamente tienen acceso al aborto las mujeres de una clase económica elevada, como sucedía antes en esta ciudad. Porque antes las mujeres pudientes de esta ciudad abortaban en los mejores hospitales, con todos los cuidados físicos y psicológicos necesarios. Mientras tanto, las mujeres sin recursos se veían obligadas a exponer su salud o incluso a morir a raíz de una complicación.

Horizontum. El aborto: ¿un asunto de mujeres?

De modo que se trata de un problema que atañe más a la inadecuada distribución de los recursos en nuestro país y en el mundo. Quien se opone a la legalidad del aborto en el fondo está aceptando que las personas con recursos no tengan problema alguno, mientras que los desprotegidos, pues que se queden como tales y se las arreglen con lo que puedan.

Las causas que orillan a una mujer a abortar pueden ser muchas. Una violación, un accidente (como un dispositivo o un condón que no sirvan) o una relación mal planeada. Este tipo de accidentes o relaciones mal planificadas las tienen por igual hombres y mujeres, pero sólo la mujer carga con las consecuencias. Por eso el aborto es una acción que sólo puede llevar a cabo una mujer y por lo mismo, sólo las mujeres deberían decidir qué leyes pueden operar respecto a esa práctica. Es imposible que una persona que no sabe lo que es atravesar por una situación determinada, decida qué hacer y qué no hacer en ese supuesto escenario.

Pero una pregunta me persigue: ¿porqué preocuparse y ocuparse de este tema? ¿No acaso debieran ocuparnos con mayor urgencia los niños ya nacidos que pululan en nuestras calles sin abrigo ni comida? Para algunos la cuestión continúa siendo un tema “religioso” o “moral”: suponen que hay un dios que se disgusta si una mujer aborta, o que hay una persona a la que se “mata” cuando se aborta.

Al respecto, cada quien es libre de creer lo que quiera. Pero si se trata de legislar, todas las creencias deberían ser dejadas de lado: lo que para un dios es “malo”, para otro no lo es: quien legisla debe ser laico en el sentido de hacer a un lado sus creencias personales y legislar con apoyo en la razón. Lo mismo ocurre con la moral individual: esta no es la misma para todos, y por ello debemos apegarnos a las razones científicamente comprobadas y no a las preferencias o creencias personales. Y la ciencia ha demostrado y explicado en muchas ocasiones porqué un aborto no puede ser un “asesinato”: hasta antes de las 12 semanas se trata de un conjunto de células sin identidad personal todavía.

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Es notable constatar cómo solamente una persona que ha atravesado por una situación determinada, puede opinar. Conozco mujeres “anti-aborto” que a la hora en que su hija ha quedado embarazada por un mero error, cambian su modo de pensar. Lo anterior no me parece criticable, sino todo lo contrario: nos permite ver que solamente las personas que pueden ser afectadas por un hecho, están capacitadas para opinar al respecto.

Lo que permite una legislación que regula el aborto no es solamente abortar: es tomar una elección. La legislación sobre el aborto no obliga a nada, simplemente permite a quienes lo consideren necesario, realizar un aborto. De modo que no hay porqué alarmarse: quienes no están de acuerdo con el aborto, no tienen problema alguno: pueden elegir no abortar. Lo que es absurdo es pretender imponer la propia visión, la propia perspectiva a toda una comunidad.

La hermenéutica filosófica ha explicado en qué sentido un mismo hecho puede ser visto desde más de una sola perspectiva. No es lo mismo juzgar un evento de modo abstracto, que hacerlo cuando se está inmerso en el problema. La hermenéutica considera que por ello es necesario escuchar a quienes tienen una perspectiva diferente: no oírlos, sino escucharlos con atención y sobre todo con apertura, para tratar de en verdad comprender al otro.

Imponer criterios solamente conduce a la falta de comprensión, la cual suele terminar en una guerra cuando el conflicto es internacional, o en un desacuerdo cuando se trata de un problema de otra escala. Imponer, prohibir y castigar nunca es la solución. El camino es abrirse a la perspectiva de los afectados y en verdad hacer un esfuerzo solidario y radical de “ponerse en los zapatos” del afectado. Cuando eso sucede acaba el juego de fuerzas, se deja de lado la actitud de poder y comienza el verdadero diálogo.

Es muy importante que la ciudadanía defienda las garantías alcanzadas en nuestra ciudad; de perderse cualquiera de ellas, se estaría dando un paso atrás en el camino a la autodeterminación y al respeto a la autonomía de aquel que piensa de un modo diferente a uno mismo.

Yo invito al lector a disfrutar de dos grandes obras fílmicas: una es “Las reglas de la casa de sidra” y la otra es “El caso de Vera Drake”. Estoy segura de que después de ver estas dos magníficas películas se tendrá una perspectiva más amplia para juzgar el caso del aborto, cuya legislación, a mi modo de ver, debe defenderse en la Ciudad de México y debe a la vez cuestionar la legislación que predomina en el resto de nuestro país.

Dra, Paulina Rivero Weber

Dra, Paulina Rivero Weber

Profesora de filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras y del posgrado en filosofía de la misma universidad. Entre su obra escrita se encuentran los libros Nietzsche: verdad e ilusión, Heidegger; la verdad originaria, Se busca heroína y Ética: un curso universitario. Junto con el Mtro. Gustavo Rivero-Weber, ha dado a conocer la música del filósofo F. Nietzsche en el disco Nietzsche: su música. Se ha especializado en ética, bioética y filosofía comparada, en particular en la relación entre el pensamiento de Nietzsche y el taoísmo chino. Pertenece a asociaciones académicas, entre las que sobresalen la Society for Asian and Comparative Philosophy, la Sociedad española de estudios Nietzsche y la Asociación Filosófica Mexicana.