Donald Trump se ahoga…con su propia lengua Donald Trump se ahoga…con su propia lengua
Donald Trump es un ente furiosamente mediático. Y su paso por el mundo –al menos desde que es una figura pública- ha sido una... Donald Trump se ahoga…con su propia lengua

Donald Trump es un ente furiosamente mediático. Y su paso por el mundo –al menos desde que es una figura pública- ha sido una escalada continua de exabruptos, culebrones y mal gusto. Las declaraciones excéntricas o, sencillamente, fuera de tono, son uno de sus sellos más característicos. Está en su naturaleza.

Adicto a la inmediatez del primer impacto mediático, Trump sucumbe ante el frenesí adictivo de la popularidad facilona. Sabe domar a la bestia. Es consciente de que la inverosimilitud de su palabra, salpicada de grandilocuencia por los adjetivos habituales –“grandioso”, “fabuloso”-, es la más eficaz garantía de que será oída y replicada. Para los parámetros del presidente estadounidense, lo único, finalmente, más importante que la verdad misma es su propia voz. Y escucharla redimensionada cientos, miles y millones de veces. El laberinto del narcisista perfecto.

Así pues, no resulta extraño que el presidente Trump haya involucrado su lengua o, mejor dicho, sus dedos, en un escándalo más. Otro más en su joven administración.

Horizontum. Donald Trump se ahoga…con su propia lengua

Desde su cuenta en Twitter, el púlpito predilecto, Trump acusó al ex presidente Barack Obama de haber intervenido su teléfono de la Torre Trump durante las campañas electorales. Éste fue el tuit que escribió el pasado 4 de marzo: “¡Terrible! Acabo de enterarme de que Obama hizo que intervinieran mi teléfono en la Torre Trump justo antes de la victoria. No encontraron nada. Esto es McCarthismo!”.

Y uno más, peor, si se puede, al que le antecedió: “Qué bajo cayó el presidente Obama para interceptar mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral. Esto es Nixon/Watergate. Chico malo (o enfermo)“.

Las reacciones del equipo que acompañó a Obama durante su gobierno no se hicieron esperar. Diferentes miembros de su administración manifestaron que tales acusaciones no constituían más que “sinsentidos” y falsedades. Kevin Lewis, vocero del expresidente, lo puso en los siguientes términos a través de un comunicado de prensa: “Ni el presidente Obama ni ningún funcionario de la Casa Blanca ordenaron espiar a ningún ciudadano estadounidense”.

Sin embargo, el nuevo lance de Trump tiene, también, otra más de las señas identitarias que le distingue: parece ir demasiado lejos. En efecto, Trump ha pedido al Congreso que comience una investigación en torno a sus señalamientos. Este órgano respondió, como era de esperarse, que muestre pruebas de sus muy graves acusaciones.

Horizontum. Donald Trump se ahoga…con su propia lengua

Pero, en tiempos de las posverdades, cualquier evidencia para sustentar un dicho es, por lo demás, un exceso, y el equipo de gobierno de Trump lo tiene por evidente. La inefable Kellyane Conway, asesora del magnate en la Casa Blanca, dijo al comienzo de la semana  lo siguiente: “no estoy en el trabajo de tener evidencias. Eso es para lo que son las investigaciones (…) No soy Inspector Gadget. No creo que la gente esté usando un microondas para espiar a la campaña Trump”, esto último tras sugerir que el espionaje pudo haberse dado, precisamente, por ese medio.

El indigesto novelón que inauguró Trump tras la publicación de sus tuits, molestó a la cúpula del Partido Republicano, particularmente la que despacha desde el Senado norteamericano. El veterano de guerra y senador por Arizona, John McCain –oponente del magnate desde la campaña-, declaró ante la CNN que “el presidente tiene dos opciones: retractarse o facilitar la información que el pueblo americano se merece”.

Como fuera, el nuevo escándalo protagonizado por el gobierno estadounidense lleva las tres señales mediáticas características -como un “control de calidad”- de su titular:  1) se fundamenta en los excesos verbales de Donald Trump, 2) las evidencias de sus afirmaciones son, más bien, cualidades accesorias, y 3)  revelan, de fondo, cierta propensión a la miseria política.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.