Donald Trump, pifia tras pifia Donald Trump, pifia tras pifia
Desde que Donald Trump anunció su intención de buscar la nominación republicana para la presidencia de los Estados Unidos, su campaña ha sido una... Donald Trump, pifia tras pifia

Desde que Donald Trump anunció su intención de buscar la nominación republicana para la presidencia de los Estados Unidos, su campaña ha sido una secuencia ininterrumpida de polémicas. Violentos ataques marcaron su primer discurso, cuando el 16 de junio del 2015, desde la Trump Tower en Nueva York, definió al enemigo habitual de sus intervenciones públicas subsecuentes: los inmigrantes, señaladamente los mexicanos.

Aquel día, denunció que “México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…) Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores”. Las repercusiones de su discurso no se hicieron esperar, diferentes personalidades señalaron su tono xenófobo, racista; no obstante, analistas y políticos por igual, dieron por sentado que la campaña de Trump por la candidatura presidencial, únicamente añadiría tonos de color a las primarias republicanas. Hoy, el magnate neoyorquino aspira a gobernar el país más poderoso de occidente.

Pero sus ataques, entonces como ahora, no sólo se enfilaron contra la inmigración hispana. El 25 de noviembre del año pasado, durante un mitin, Trump se burló del reportero del New York Times, Serge Kovaleski –aquejado por un síndrome que afecta la movilidad en sus brazos-, a propósito de un artículo publicado por el periodista tras la investigación que realizó, para comprobar o no, la supuesta celebración que algunos miembros de la comunidad musulmana en Nueva Jersey  y Nueva York hicieron luego de los atentados del 11 de septiembre del 2001 contra las “Torres Gemelas”. La investigación de Kovaleski descartó celebración alguna, lo que no detuvo a Trump para afirmar lo contrario.Donald Trump, pifia tras pifia

Entre las muchas propuestas que levantaron una polvareda de críticas y señalamientos por su difícil ejecución –en el supuesto de que Donald Trump llegara a la presidencia -, está la de construir un muro aún más grande al actualmente existente, entre la frontera de México y Estados Unidos; muro, por cierto, que sería sufragado por el gobierno mexicano. Aunque muchas personalidades en México y el país vecino señalaron su poca viabilidad práctica y política, ese tipo de comentarios aseguraron a Trump el empuje electoral necesario para ganar, una tras otra, las primarias republicanas.

En efecto, propuestas similares, o comentarios como el del 24 de enero, cuando Trump declaró que podría pararse “en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes”, lograron que el multimillonario dejara en el camino a políticos profesionales como Jeb Bush –hermano e hijo de dos ex presidentes-, Ted Cruz –influyente senador texano, identificado con el ala más conservadora del Partido Republicano- o Marco Rubio –senador por Florida y considerado, hasta su derrota, como el “Obama republicano”-.

Si bien la estrategia mediática de Donald Trump le ha asegurado una presencia constante en los medios de comunicación estadounidenses y del mundo entero, pronunciando  declaraciones escandalosas y apelando a delicadas pulsiones sociales propias del racismo y la xenofobia- males de los que adolece una parte del electorado norteamericano-, en últimas fechas la popularidad del magnate ha disminuido sensiblemente.

La primera señal de que Trump había ido demasiado lejos, sobrevino después de que atacara a la familia de un soldado de ascendencia musulmana –Humayun Khan-, muerto en combate durante las maniobras militares que el ejército estadounidense realizó en Irak en el 2004. Los padres de Humayun, Khizr y Ghazala Khan, asistieron a la Convención Nacional Demócrata –realizada del 25 al 28 de julio en Filadelfia- a dar su apoyo a Hilary Clinton, quien finalmente resultó nominada a la candidatura presidencial del Partido Demócrata; pronunciado por el padre de Humayun, su discurso de respaldo fue un velado ataque a las posiciones xenófobas de Trump, quien en repetidas ocasiones ha insistido en negar la entrada de musulmanes a territorio norteamericano.

Trump, como respuesta a los Khan, deslizó la idea de que la madre de Humayun se había quedado callada durante la Convención, porque “no la dejaban” hablar. La contestación al multimillonario no sólo vino de los directamente ofendidos; reputados políticos, de la talla de John McCain –senador por Arizona y referente de la ortodoxia republicana-, echaron en cara su falta de tacto para referirse a la familia de un héroe de guerra. El episodio fue comentando abundantemente por los medios de comunicación estadounidense: la memoria y tratamiento de los héroes de guerra, continúa siendo un tema particularmente delicado para la sociedad norteamericana.

Donald Trump, pifia tras pifia

Por esas mismas fechas, Trump pidió a Rusia intervenir la cuenta de correo de Hilary Clinton, con el objeto de conocer una serie de comunicaciones electrónicas que, presuntamente, la ex secretaria de Estado había ocultado a las autoridades norteamericanas. El pedimento de Trump al Estado ruso fue visto como una invitación explícita, hecha a un gobierno extranjero –enemigo a mayores señas-, para intervenir directamente en el proceso electoral de Estados Unidos. Un atentado contra la soberanía nacional de ese país.

A partir de entonces, las intervenciones de Trump han aumentado en rijosidad y acritud. Apenas la semana pasada, el multimillonario acusó a Barack Obama y a Hilary Clinton de ser fundadores del Estado Islámico: “El ISIS honra al presidente Obama. Él es el fundador del ISIS. Él es el fundador del ISIS. Es el fundador, ¿de acuerdo? ¡Fundó el ISIS! (…) Y diría que la cofundadora fue la tramposa Hillary Clinton”, sostuvo el magnate en un mitin en Florida.

De acuerdo al portal de noticias CNN, su “Encuesta de encuestas” –un ejercicio demoscópico que considera los resultados de otras 6 importantes encuestas- ubicó una distancia de 10 puntos porcentuales entre Clinton y Trump, con 49% de apoyo para la candidata demócrata, y 39% para el republicano. Por esos malos resultados, el multimillonario ha acusado a la prensa norteamericana de proteger a Clinton, y de no hacer una cobertura apropiada de sus eventos.

Según estos datos, la estrategia que tan buenos réditos políticos había reportado a Trump al principio, pierde efectividad a costa de sí misma; la inercia mediática que su campaña generó, dejó de ser rentable al exigirle mantenerla vigente con más y mayores escándalos. De alguna manera, Trump manufacturó un ritmo mediático que difícilmente podría mantener durante los largos y duros tiempos de campaña presidencial. Campaña, por cierto, que aún tiene casi tres meses por delante, y que de mantenerse la presente tendencia en las encuestas, daría un triunfo rotundo y contundente a Hilary Clinton.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.