Donald Trump, el fracaso Donald Trump, el fracaso
Las predicciones, por fin, empiezan a cumplirse, aunque con algunos meses de retraso. La campaña del inesperado candidato republicano a la presidencia del país... Donald Trump, el fracaso

Las predicciones, por fin, empiezan a cumplirse, aunque con algunos meses de retraso. La campaña del inesperado candidato republicano a la presidencia del país más poderoso de occidente, comienza a hacer agua, y, al parecer, ya nada puede evitarlo. Además de acumular polémicas y críticas a cuestas, Donald Trump debe lidiar con una campaña en crisis, y con un modelo de mensaje político que, a la luz de las últimas encuestas –la de CNN lo ubica 10 puntos por debajo de Hilary Clinton-, ha dejado de ser eficaz, para comenzar a cobrarle factura.

Apenas el pasado miércoles, durante la madrugada, se informó de un nuevo cambio en el equipo cercano a Trump: Paul Manafort dejaría de presidir la campaña del multimillonario, luego de que una investigación del The New York Times, publicada el lunes 15 de agosto, le exhibiera por recibir ilegalmente 12.7 millones de dólares, como fruto de su asesoramiento al ex presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich. La revelación del rotativo neoyorquino, confirma la vena rusófila de Trump, quien en diferentes oportunidades ha dejado en claro su admiración por Vladimir Putin, jefe de Estado ruso, y cercano a Yanukovich, antiguo asesorado de su destronado estratega en jefe.

Con la separación de Manafort, son ya dos las sensibles deserciones que el equipo de campaña de Trump acumula en su haber. En junio, Corey Lewandowsky fue separado de su cargo como jefe de campaña; a Lewandowsky se le reconoció el haber asegurado para su jefe, el número de delegados necesario para hacerse con la candidatura presidencial republicana; pero también, de que la campaña de Trump registrara las primeras señales de ir a la baja en las preferencias electorales por alcanzar la Casa Blanca.

Donald Trump, el fracaso

Al rescate de la campaña de Trump, acude Stephenn Bannon, un viejo conocido del ultraconservadurismo estadounidense, quien a través de la plataforma mediática Breitbar –una web vinculada con grupos anti sistema en Norteamérica-, la cual dirigió, propala teorías conspirativas de tono alarmista y francamente falaces. Lo mismo defiende la “supremacía blanca”, como difunde que el presidente Barack Obama no nació en los Estados Unidos.

Frente a los antecedentes de Bannon, y el bien conocido talante xenófobo e histriónico de Trump, se pensará que su campaña tiene en la mira insistir, aún más, en el discurso impulsivo y violento que lo ha caracterizado, y que apela a las pulsiones nacionalistas e intolerantes de un sector del electorado estadounidense; sin embargo, por primera vez  desde junio del 2015 –cuando Trump hizo explícitas sus intenciones por llegar a la Presidencia de los Estados Unidos-, el magnate neoyorquino reconsideró el contenido atrevido de algunas de sus declaraciones. “A veces, al calor de la discusión y al hablar sobre una amplitud de temas, uno no escoge las palabras correctas o dice lo que no se debe. A mí me ha pasado (…), y aunque no lo crean, lo lamento, en particular donde haya causado dolor personal”, declaró durante un evento en Charlotte, Carolina del Norte. Dicho mensaje, por cierto, fue pronunciado con ayuda de un dispositivo que facilitó su lectura, a diferencia de los pasados discursos improvisados con los que, comúnmente, viste su campaña.

Aunque parecería que asistimos a la inauguración de una nueva estrategia comunicacional, en la que los mensajes procurarán ser menos contrastantes y polémicos, no podemos soslayar que, en más de una ocasión, la personalidad impulsiva de Trump lo ha llevado a la habitual comisión de dislates discursivos, acompañados de fuertes dosis de demagogia y nacionalismo ultramontano.

Sin embargo, de confirmarse un nuevo rumbo en la dirección de la campaña presidencial, que logre moderar las intervenciones públicas de su candidato, tendrán que  esforzarse por ubicar a Trump fuera de la radicalidad intransigente que lo distinguió de sus demás oponentes al seno del Partido Republicano, y que, en buena medida, lo colocó por encima de todos ellos.

El presumible deslizamiento retórico del multimillonario, hacia posiciones políticas más ponderadas, “presidenciales”, reviste el riesgo de perder, en dicho movimiento, al sector del electorado para el que los ataques a las minorías étnicas, o la explosividad de sus opiniones, hacen de Trump un candidato atractivo, cercano a sus preocupaciones y prejuicios.

Pareciera ser que la mayor fortaleza de Trump, su estrategia comunicacional, juega ahora en su contra. La apuesta, desde el principio, era suicida: un plan de medios, demandante del estrépito de las polémicas, tarde o temprano sería incapaz de sobreponerse a su propia inercia. Finalmente, para el exitoso empresario, la intransigencia no resultó un buen negocio.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.