Diplomacia pública mexicana… ¿un elefante blanco? Diplomacia pública mexicana… ¿un elefante blanco?
En este momento, me encuentro escribiendo estas líneas desde Los Cabos, Baja California Sur. Es realmente admirable la cantidad y belleza de los paisajes... Diplomacia pública mexicana… ¿un elefante blanco?

En este momento, me encuentro escribiendo estas líneas desde Los Cabos, Baja California Sur. Es realmente admirable la cantidad y belleza de los paisajes naturales que podemos encontrar tanto en San José Del Cabo, como en Cabo San Lucas. Durante uno de mis recorridos a una de las playas de la región, me brincó a la vista un edificio en particular, que es el Centro de Convenciones que albergó la Cumbre del G20, que se desarrolló en esta ciudad del 18 al 22 de junio del 2012, el cual, se encuentra en completo abandono y deteriorado debido a las inclemencias del clima y un vacío legal respecto a su administración entre los gobiernos Federal, Estatal y Municipal, y a raíz del mismo, es que me surgió la pregunta que da título a la columna de esta quincena.

El Centro de Convenciones de Los Cabos tuvo una inversión de mil 200 millones de pesos y en su momento, fue considerado como uno de los mejores del mundo, pero desde la Cumbre del G20, este prácticamente cayó en desuso y abandono, y en su fachada podemos ver los daños que ha ocasionado el clima y el huracán Odile en 2014. Aunque el recinto recibió 17 millones de pesos para su reparación por el Fondo Nacional de Desastres, estos aún no se han vistos reflejados de forma tácita.

Como ya he escrito en publicaciones pasadas, el poder suave de México, y su Diplomacia Pública no pasa por sus mejores momentos, ya que han estado demasiado enfocadas en propósitos muy específicos, dejando de lado las bondades que implica contar con una diplomacia completamente multilateral y diversificada.

México obtuvo la sede para la Cumbre del G20 como un rédito a la intensa actividad diplomática y exitoso desempeño macroeconómico que desarrolló el entonces presidente Felipe Calderón. Esta actividad diplomática desarrollada en el gobierno calderonista no fue sólo enfocada para desarrollar y promover la diplomacia cultural mexicana, también lo fue para mitigar los daños a la imagen de México ocasionados a nivel internacional de su ofensiva en contra del narcotráfico que tanto distinguió a su mandato.

Diplomacia pública mexicana… ¿un elefante blanco?

Al momento de desarrollarse esta Cumbre, Felipe Calderón contaba con una relación muy estrecha con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, con la canciller de Alemania, Angela Merkel, con las presidentas de Argentina y Brasil, Cristina Fernandez y Dilma Rousseff, respectivamente, con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, con el entonces presidente de Corea del Sur, Lee Myung-Bak, con el presidente de China, Hu Jintao y una relación relanzada con el presidente de Francia, François Holland (a raíz del desencuentro diplomático entre México y Francia por el caso de Florence Cassez), entre otros.  De igual forma, México había incrementado su aportación monetaria a la Organización de Naciones Unidas, y venía de ocupar la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU, en el último período que ha estado como Miembro No Permanente (por segunda ocasión en 10 años), del 2009-2010.

Desde su salida en el 2012 y el comienzo del nuevo gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, muchas cosas que habían funcionado en la diplomacia mexicana en el sexenio anterior, se dejaron de lado, derivado de esa extraña tradición mexicana, de romper con todo aquello que haya realizado un partido político de oposición en el gobierno,  haya funcionado o no.

El gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto comenzó con una diplomacia valiente y enérgica, pero carente de objetivos bien planeados. Su prueba de oro fue la respuesta ante el Efecto Trump, pero como ya hemos analizado en publicaciones anteriores, políticamente fue astuta, pero fue pésimamente ejecutada y el estado del Centro de Convenciones de Los Cabos hoy en día es una estampa perfecta de lo que funcionó, y no ha funcionado al formular los pilares de la política exterior mexicana durante este sexenio.

Diplomacia pública mexicana… ¿un elefante blanco?

México es un país en extremo bendecido por paisajes naturales y por una diversidad biológica sobresaliente, por manifestaciones culturales realmente increíbles, una gente sumamente hospitalaria y producto de una historia única en el mundo y tenemos la oportunidad de poder presumirla en todas las latitudes. Lamentablemente, la diplomacia cultural mexicana es deficiente, ya que en los últimos años sólo se ha mostrado en iconos muy específicos como lo es Frida Kahlo por ejemplo, pero ha dejado lado las bondades que tanto reconocen alrededor del mundo.

Es fundamental que se desarrolle una Diplomacia Pública que esté a la altura de lo que es nuestro México, ya que de mantener la estrategia actual mi estimado lector, la Diplomacia Pública Mexicana que le ha dado varias recompensas y prestigio a nuestro país, puede convertirse en un auténtico elefante blanco, como lo es hoy en día el Centro de Convenciones de Los Cabos.


Diego Sanchez Campia

Diego Sanchez Campia

Soy Internacionalista por la FCPyS de la UNAM, especializado en Diplomacia Digital, con especial énfasis en Diplomacia en Redes Sociales.Actualmente tengo el proyecto Red México / México Sin Frontera (www.mexicosinfrontera.com) , que está enfocado en información en protección, asistencia consular y protección preventiva para mexicanos en el exterior por medio de redes sociales.He participado con publicaciones para Líderes Internacionales y Paradigmas (dependiente de Urbi et Orbi del ITAM).