¿Despertará Trump a la izquierda extremista blanca y Salinas de Gortari defenderá el TLCAN? ¿Despertará Trump a la izquierda extremista blanca y Salinas de Gortari defenderá el TLCAN?
Estados Unidos tiene su Apocalypse Now, un presente apocalíptico agoniza anclado en su incapacidad de superar las divisiones. Así como los grupos conservadores y... ¿Despertará Trump a la izquierda extremista blanca y Salinas de Gortari defenderá el TLCAN?

Estados Unidos tiene su Apocalypse Now, un presente apocalíptico agoniza anclado en su incapacidad de superar las divisiones. Así como los grupos conservadores y los grupos afroamericanos progresistas pueden radicalizarse, también hay un sector olvidado que podría resurgir al radicalismo: la izquierda extremista anglosajona, una nueva militancia que tendría su antecedente en la célula “terrorista” de ultra izquierda, Whaterman Underground.

Barack Obama, que había mediado exitosamente el proceso de normalización de relaciones diplomáticas con Cuba, ahora tiene que mediar en su propio país para llevarlo pacíficamente a una transición que no se limita a un simple relevo bipartidista entre demócratas y republicanos. Esta vez habrá que aprender de una derrota con repercusiones globales de alto impacto, que la propia Hillary Clinton comprendió al decir: “Perdónenme por haber perdido esta elección.” La frase tiene que ver con algo que es imposible apreciar desde el egoísmo, pues reconoce todo lo que se perdió para un país, una región, un mundo.

¿Despertará Trump a la izquierda extremista blanca y Salinas de Gortari defenderá el TLCAN?

La segregación es la madre fundadora de los Estados Unidos. En el siglo XIX los grupos antimasónicos conformaron un auténtico movimiento masivo en las zonas rurales, la justificación del odio organizado en violencia se desató con el secuestro y asesinato de un albañil, crimen del que responsabilizaron a los masones, para fundar una prensa que creó toda una concepción criminológica en torno a la masonería y las teorías de la conspiración. Los antimasones hicieron comités justicieros en búsqueda de la verdad por el crimen del albañil. Así se integró el Partido Antimasónico, que en 1828 designó a un comité especial en Massachusetts, para investigar la relación entre los masones y los Iluminados. Un antecedente de odio, miedo, ignorancia, que se ha capitalizado hasta con libros como “El Código Da Vinci”, que en Estados Unidos vendió más de 13 millones de ejemplares.

Así fuera la alianza entre el Partido Antimasónico y el Partido Republicano Nacional que integraron al Partido Americano Know-Nothing en 1850, el primer Ku klux klan creado por veteranos confederados en 1866, La Legión Negra que se dedicaba a asesinar afroamericanos y las Camisas Plateadas de los años 30’s, todos se apoyaban en una moral nativista en contra de los migrantes, de aparente reivindicación de sus derechos como nacidos en territorio estadunidense. Nada distinto al nativismo que promovió Trump en este 2016, en contra de los migrantes mexicanos.

De entre todos los extremismos en Estados Unidos, el más olvidado es el de la izquierda blanca, como los Watherman de los años 60’s y 70’s, quienes realizaron actos calificados de terroristas para mostrar su rechazo a la guerra de Vietnam bajo el lema: “Traigan la guerra a casa”; quien diría que la guerra al fin llegaría a casa, una vez consumada la elección que favoreció al magnate de origen supremacista, Donald Trump.

Los Watherman Underground operaban como una célula terrorista de izquierda clandestina, que a diferencia de otras agrupaciones terroristas, procuraba no dejar víctimas civiles. La mayor parte de sus atentados se registraron en los años 70’s, teniendo como objetivos la sede de la Guardia Nacional, el Centro de Estudios Internacionales de Harvard, el Capitolio, y también –aliados con las Panteras Negras de fuera y dentro de la prisión–, una célula de los Wathermanorganizó la fuga del escritor y líder de la contracultura estadounidense, Timothy Leary.

¿Despertará Trump a la izquierda extremista blanca y Salinas de Gortari defenderá el TLCAN?

Los Watherman tenían sus principales bastiones operativos en California y en Chicago, dos puntos estratégicos en la lucha racial, tanto de la comunidad afroamericana, como ahora de la comunidad latina. Sus militantes integraron un movimiento que a través de la violencia buscó derrocar un sistema político también violento, por eso no contaron con el respaldo pleno de un movimiento hippie pacifista y más bien apático en términos de participación electoral. En ese entonces, la oposición progresista blanca se dividió en una comunidad hippie demasiado intoxicada como para salir a votar, y una izquierda demasiado clandestina y reducida como para participar abiertamente en un proceso democrático.

Los grupos neoconservadores que se protegían desde el clandestinaje de un Estado que los obligaba a respetar los Derechos Humanos, ahora pueden expresar sus odios y fobias con la garantía estatal de una cierta permisibilidad violenta, sustentada en la categoría democrática de la “tolerancia”. Antes, el extremismo tenía un carácter secreto, oculto, sectario, ominoso y criminal; pero en el siglo XXI, con Trump, los extremistas no están más en el anonimato y han hecho visible a un país secreto.

Para que Estados Unidos sea caldo de cultivo de un extremismo donde se alíen los extremos opuestos, se necesita una motivación mayor de la que representaron Richard Nixon o Ronald Regan. Nixon apareció en la escena política tras un atentado terrorista en la categoría de “magnicidio” con el asesinato del presidente Kennedy, y ahora hay un exaltador que amenaza con cumplir sus promesas de campaña racial y fóbica contra todo lo distinto, enardeciendo a unos si cumple con las expectativas, pero también a riesgo de exacerbar los ánimos de aquellos decepcionados en la satisfacción de sus odios. Entonces, un escenario como éste  generaría las condiciones de guerra civil y magnicidio, donde Trump podría ser víctima de uno de los extremismos.

“Giuliani dice que Trump no entiende ni quiere escuchar a nadie”: ex agente del FBI

Un ex agente del FBI que colaboró con Rudolph Giuliani desde el año 2003 cuando éste hizo campaña buscando la candidatura presidencial por el partido republicano, respondió a mi pregunta sobre cómo iban a conciliar Giuliani y Trump sus personalidades tan fuertes y distintas, en caso de que el otrora alcalde de Nueva York fuese nombrado Secretario de Estado. El ex agente del FBI dijo que eso será todo un reto, pues el propio Giuliani se había referido a Trump como un hombre “muy difícil, que no hace caso, es muy cabezudo, no le entiende a nadie y no quiere escuchar a nadie”.

El ex agente del FBI, cuenta que Giuliani le dijo estar asesorando a Trump para que no se deshaga del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pues “eso funciona muy bien para ambos países y también para Canadá”.

¿Despertará Trump a la izquierda extremista blanca y Salinas de Gortari defenderá el TLCAN?

Giuliani puede ser tan incómodo como necesario para Trump y podría fungir como verdadero poder detrás del hombre, y en cierta forma sería una esperanza de contrapeso.

Así como el extremismo blanco no desapareció “por arte de democracia” en los Estados Unidos, y no se limita al popular Ku klux klan, también hay ánimos colectivos que podrían organizarse en violencia criminal de uno y otro bando; ya se observan manifestaciones de repudio de los jóvenes millenials que le fallaron al voto demócrata, así como grafitis con el nombre de Trump y suásticas neonazis.

Tras el insomnio de las últimas noticias llego al mismo sueño, en él estoy entrevistando al ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, y le pregunto acerca de la revaloración del TLCAN después que Trump amenazó desaparecerlo, pero cuando Salinas de Gortari está por contestar en defensa de ese y otros tratados que se firmaron durante su gobierno, me despierto sin conocer la respuesta.

Yuriria Rodríguez Castro

Yuriria Rodríguez Castro

Yuriria Rodríguez Castro, es periodista especializada en criminalidad. Egresó de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UNAM, es Maestra en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, y en ambas instituciones obtuvo Mención Honorífica. Actualmente cursa el Doctorado en Ciencias Penales y Política Criminal en el INACIPE.