Desalojo en la Antártida Desalojo en la Antártida
El checo Jaroslav Pavlicek ha sido la única persona que ha creado una base privada en la Antártida y ahora está a punto de... Desalojo en la Antártida

El checo Jaroslav Pavlicek ha sido la única persona que ha creado una base privada en la Antártida y ahora está a punto de ser demolida por seguridad. Este enclave, denominado por su propietario como Eco-Nelson, resulta un peligroso precedente, de cara al turismo en un continente consagrado a las actividades científicas y donde hay una especial protección ambiental.

Según un portavoz del Ministerio de Exteriores de la República Checa, Pavlicek no viaja ya al continente helado del hemisferio sur, pero reconoció algunas dificultades legales para cumplir las recomendaciones de tirar abajo la base, pues Eco-Nelson se construyó antes de que se firmase el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente de 1991, la ley que garantiza una amplia protección ambiental para el continente de hielos perpetuos.

El dueño de Eco-Nelson no tiene ninguna vinculación con el programa antártico de su país natal, asegura el vocero oficial, y señala que en este momento la República Checa está tomando medidas para solucionar el problema, incluyendo la demolición de la base y las “cuestiones de propiedad”.

Los planes actuales son limpiar la zona, dotarla de equipos de emergencia y provisiones, echar abajo los edificios peligrosos y, en un futuro, dedicar las instalaciones a la investigación científica, según un documento presentado por los representantes checos en la última reunión del Tratado Antártico, celebrado en Pekín a principios de junio.

Horizontum. Desalojo en la Antártida

Esta base fue diseñada en 1989 por su propietario para realizar experimentos de supervivencia extrema en la región de hielos perpetuos. La estancia mínima era de mes y medio y la máxima de un año. Los costes, de hasta cinco mil euros, debían correr a cargo de los voluntarios. El alojamiento y la comida eran gratis.

Jaroslav Pavlice llegó a la inhóspita isla Nelson, a unos 700 kilómetros del cabo de Hornos, y comenzó a construirse un refugio cerca de una playa, donde no se forma hielo y las temperaturas oscilan entre los tres grados y los 11 bajo cero. Su objetivo era causar el menor impacto posible. Quedaba prohibido usar detergente, jabón, champú o dentífrico.

Los platos se chupaban hasta dejarlos limpios. Cada voluntario podía traer sólo ocho kilos de objetos personales y tras su estancia debía llevarse todos sus residuos. La base está equipada con jergones, estufa, algunos libros; lo esencial para vivir. Su lema: “Mantente ocupado, ayuda a los demás”.

En enero de 2015 una inspección oficial dio la voz de alarma. Los representantes de Reino Unido y República Checa se sorprendieron de encontrar a alguien viviendo en aquel refugio cubierto de nieve casi hasta el techo. Algunas estancias estaban llenas de hielo y había un riesgo elevado de derrumbe. Apenas había equipamiento de emergencias y las pocas medicinas del botiquín habían caducado hacía más de 10 años.

Desde esa fecha se recomendó demoler la base y limpiar toda el área en su informe para los 52 países firmantes del Tratado Antártico, que regula las actividades en el continente. Un año después, otra inspección a cargo de Chile y Argentina volvió a visitar la base. Encontraron boyas de pesca, bidones viejos y un motor de lancha tirado en la playa, y volvieron a recomendar el desmantelamiento. Pavlicek ya no estaba allí.

 

La Redacción

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