Del otro lado Del otro lado
Nos gusta estar aquí. Todo es silencioso, aunque el chocar de platos es estridente durante lapsos concretos: a primera hora en la mañana, a... Del otro lado

Nos gusta estar aquí. Todo es silencioso, aunque el chocar de platos es estridente durante lapsos concretos: a primera hora en la mañana, a mitad de mediodía, cuando la tarde va cediendo para dejar que la noche nos envuelva, es entonces cuando el ruido es menor, tímido.

El muro de la cocina que nos separa es ancho, como se construían los muros hace tiempo, así que los sonidos son amortiguados, sordos. Y cuando hay silencio se escucha, al fondo de la casa, un chocar de agujas delgadas como si hablaran de algo indescifrable, como en clave Morse. ¿A quién hablan? ¿A nosotros? A veces nos duerme una canción de cuna y, ya entrada la noche, nos revela cuentos esa voz que no viene de la garganta sino de las profundidades de ese cuerpo pétreo que la contiene.

Nosotros no quisimos que ellos se fueran. Nos sentimos solos, desamparados. Los libros de la biblioteca son testigos de nuestra orfandad. Sabemos ya de memoria sus líneas y de nada nos sirven sus recuerdos. Sin embargo, las voces de ellos son parte de nuestra historia sin tiempo, están con nosotros —materia viva y sonora— sin páginas de por medio. Y conforme se alejan, nos acercamos para escuchar mejor, para salvarnos.

No es el pasillo, es la cocina y su trajinar diario el puente por cruzar. ¿Por qué la distancia de apenas unos pasos se convierte en una distancia inasible? Esos pies en movimiento se transforman en abismos, la soledad se agranda.

Nuestra zona es amplia: el comedor, la sala, la biblioteca, los tres dormitorios. Un pasillo con su maciza puerta de roble aísla esa parte del ala delantera donde hay un baño y la cocina, lugar del concierto de platos y vasos contra la pila de agua. De este lado giramos como sombras en un baile callado. Allá tienen demasiada tierra en el aire, como acá. Con una ráfaga se palpa el polvo en las superficies de los muebles y los pianos. Con un dedo se surcan caminos en los lugares donde se acumulan praderas de ceniza.

Nosotros supimos siempre que nada nos acercaría tanto a esas voces dulces como entrar a la cocina; al baño, donde el correr del agua se asemeja a una fuente dormida; a la parte luminosa, esa parte de la casa en la que nada falta, en la que la soledad es sólo una palabra de libro.

Esa noche tan larga pudimos escuchar que unas manos preparaban mate. Nos acercamos, pero no lo suficiente o no fuimos tan rápidos como para atravesar el pasillo y alcanzar a cruzar el umbral. No lo conseguimos. Una mano dio un portazo y puso la aldaba. Una sombra ocupó nuestros corazones cuando escuchamos girar la llave: estaba del otro lado. Esa mano iba acompañada de unos pasos firmes que abrían más la distancia con su sonido cada vez más lejano. Nos quieren dejar, dijimos. El puente se alzó contra nosotros.

Las voces son más apagadas ahora y mejor cerramos los ojos. Soñamos con una voz de estatua, como esas voces que vienen de los sueños, tan cerca que podemos tocarla como se toca un cuerpo o unos brazos dulces.

Cerramos los ojos para estar allí, adentro de esa voz, con la esperanza ciega y dormida de penetrar un espacio resguardado por la noche. Con la esperanza de haber traspasado la voz y el muro cuando abriéramos los ojos, quizá preparado un mate para escuchar esas voces que nos mantienen vivos, pero ahora desde el mismo lado.

Soñamos con cuerpos que se marchan. Nosotros no queríamos que se fueran. Soñamos con unas voces que nos dejan, que cierran la puerta de la casa para siempre. Y aún no abrimos los ojos. Aún no estamos del otro lado.

*Este cuente pertenecen al libro “Extracto del espejo”, ganador del Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2009 (Editorial Universitaria, 2009).

Karla Sandomingo Vizcaíno

(Guadalajara, Jalisco, 1970) es poeta y narradora. Fue subdirectora editorial de la revista cultural Tragaluz, en la que publicó las “Crónicas del desamparo”, y columnista del diario Público, del grupo Milenio donde publicó su “Paso de cebra”. Ha sido productora, guionista, conductora y columnista de diversos programas de Red Radio Universidad de Guadalajara, directora de actividades culturales del Fondo de Cultura Económica (Guadalajara) en 2010 y 2011, catedrática de la Universidad de Medios Audiovisuales CAAV. Fue becaria del Fonca (2004-2005), y obtuvo la beca “Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico del Estado de Jalisco” (2007-2008), con la que escribió el libro Extracto del espejo, ganador el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola en 2009, publicado por la Universidad de Guadalajara el mismo año.