“Déjame que te hable de los vientos…” “Déjame que te hable de los vientos…”
Poemas de la escritora española Marta Muñiz Rueda, autora de la novela “Tiempo de Cerezas”, de Ediciones Camelot, que llegará a México en... “Déjame que te hable de los vientos…”

Horizontum les adelanta esta selección de la autora, quien pronto podrá leerse en México con su novela “Tiempo de Cerezas”,  en gran parte ambientada en nuestra capital, en  próxima venta en las librerías Ghandi y El Péndulo. Los poemas escogidos pertenecen  a dos cuadernos de poesía: “El Otoño es nuestro” y “CasaNuova”.  El primero ya publicado y el segundo inédito.

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda nació en Gijón, Asturias, el 24 de diciembre de 1970. Es licenciada en Filología Hispánica-Literatura, por la Universidad de Oviedo y profesora titulada en Música (piano) por los Conservatorios de Gijón y León. Posee varios premios en concursos de poesía y relatos cortos. Publicó en marzo de 2015 su libro de poemas “El otoño es nuestro”, con prólogo del escritor Juan María García Campal en la colección “Tres voces, tres mundos II”, Ed. Csed.

En enero de 2016 se publica bajo el sello Piediciones, su primer libro de relatos: “13 Cuentos Dementes para Mentes Insomnes” y en enero de 2017 publica su primera novela, una extensa bilogía titulada “Tiempo de cerezas” con Ediciones Camelot. También poemas suyos han sido publicados por revistas culturales. Es autora de los poemarios “De pétalo y de rosa”, “Raíces” “Tú, yo, la lluvia” (inéditos).

Actualmente escribe su segunda novela: “No habrá más penas ni olvido” o (Los días impares) y el libro de poemas “CasaNuova”.  Trabaja en proyectos musicales de ámbito privado y compone música para recitales literarios. Compuso y ejecutó al piano la “Suite Cervantina”, como homenaje al escritor  Miguel de Cervantes.

Marta es participante asidua de eventos poéticos y literarios como “El Pasquín Poético”, “Ágora de la Poesía”, “L’Ékole Poetique”, “Cuento Cuentos Contigo”, “VII Recital en el Hayedo de Busmayor”, “VI Encuentro Poético en Noceda del Bierzo”, además de invitada ponente en el ciclo de narrativa “En otoño, narradores” en la Biblioteca Río Órbigo (diciembre de 2015) y en Tardes Literarias de Bembibre (marzo 2016), así como ponente del último ciclo de conferencias del Club de Prensa del Diario La Nueva España en Gijón, el pasado 30 de junio de 2016. Está casada y es madre de dos hijos.

 

Horizontum les adelanta esta selección de la autora, quien pronto podrá leerse en México con su novela “Tiempo de Cerezas”, en venta en las librerías Ghandi y El Péndulo.

 

                                                      AZUL

 

                                                                                                        “Nel blu dipinto di blu…”

                                                                                                                                        Domenico Modugno.

 

Puestos a ser colores,
¿cuál querría yo ser?
y tú ¿lo tienes claro?

He surcado cien mares,
―como Ulises―.
He andado cien caminos
―como Roma―,
hasta llegar a ti:
presencia nítida,
milagro vertical de ardiente Ítaca,
firmamento sin firma,
haz de luz que sin A se hace palíndromo.

Yo quiero ser azul,
claro o turquesa;
azul como pupila en un verso de Bécquer                (ah, y cuando ríes),
azul como ese cielo transido de verano…
Los ríos son azules por su culpa
y un joven toca alegre un ukelele
celebrando en la hierba estelas de inocencia.

Yo quiero ser azul como el océano                          (ah, y cuando lloras)
y eternamente hermana de las aguas
que reflejan iguales y distintas,
en su fluir constante y transparente
la sed de infinitud que me renueva
y a la vez me devuelve a la isla infancia.

Yo quiero ser azul
en una pluma rebelde de tucán;

azul y cristalina
como es una postal de Bora Bora;
el azul que escribió Rubén Darío
y que es joven y febril y modernista
como un pavo real en Babilonia.

Azul de crisantemo y de gardenia,
el azul en los ojos de Ricardo Darín,
azul que permanece inalterable

en unísono de amor y misma lluvia.

Azul como la costa de Marsella,
el azul que Picasso nos dibujó en ” La vida ”
y azul como los días de Machado,

esos días que recordó en Colliure;
como estación de radio y poesía
donde todos los trenes
llegan a un mismo punto sin retorno
desde distintas vías en los días impares.

Azul como el bikini divino y poderoso
que cruel contoneaba la chica de Ipanema.

(Aún siento lástima por João Gilberto.
Sigue triste en la orilla cantando su regreso
pero ella nunca llega, su destino es el mar.)
Hay amores azules

que solo son perfectos en su fugacidad.
¡Que alguien se lo diga!

Yo quiero ser azul,
azul como tu risa,

azul Rhapsody in blue,
azul como las cúpulas
que invaden Santorini

sin lágrimas ni ofrendas.

Tal vez, si soy azul,

intenso azul Blue moon,
encuentren ya por fin
antídoto mis venas
a esta dulce cordura lapislázuli.

 

 

o0o

LOS AMANTES

Los amantes ignoran
cuándo se muere el tiempo.
Sus manos sólo saben
de esa quietud dormida
que permanece estática
a pesar de las horas,
grapada entre sus párpados,

ilesa ante la luz del sol naciente.

Su piel tiene caricias perfumadas,
su cuerpo busca curvas imperfectas,
resume en sus contornos la delicia
del pétalo y la flor de los magnolios.

Los amantes desgranan
el deseo
como desviste el páramo la lluvia;
y su carne,
brilla
voluptuosa,
como un melocotón anaranjado.

Los ojos se sonríen
y se miran las bocas
tras deshojar el acto decisivo;
y una quietud sagrada
delimita
su espacio entre dos mundos transparentes,
esféricos reflejos de sus vidas.

Los amantes no miran los relojes,
se sueñan como un vals a medianoche.
Sus besos se detienen,
un instante,
a las aladas puertas de la despedida.

Entonces ya no hay flores en su pelo
y los amantes
son tan vulnerables
como el amanecer en nuestra alcoba,
como la soledad del viento

                                               herido

en las veletas grises,
como esa gratitud concupiscente
que late en un revoloteo
travieso y delicado
de mariposas tristes.

En ese cruel encuentro

reconocen
que duelen sus heridas.

Quisieron retener
la tibia perfección
de esa desnudez casi sagrada

en la que se perfila la belleza
como una reflexión de la utopía.

Pero cesa la lluvia.

Y se escapan los pájaros.

Y fuera de esa cama
en la que ardían,
les aguarda
su única verdad y su equipaje.

 

o0o

                                              VICEVERSA

Te enredas en mi pelo y viceversa.
Me anudo a tu garganta
y viceversa.
Te cuelas en mi miel de mandarinas,
silente y misterioso
y viceversa.

Eres el tintineo de mis llaves,
calor de tronco y mimbre de mi otoño,
memoria del olvido y viceversa.

Me inundan tus brillantes adjetivos,
anido en la verdad de tus pronombres.
Me creo a pies juntillas
los cuentos que me cuentas.
Me dejo engatusar
y viceversa.

Me gusta prepararte el desayuno
mientras desorganizas la colada.
Me buscan tus silencios estruendosos
al filo de un café de sobremesa.
Me encanta susurrarte en dos terrones
mis ganas de sentirte y viceversa.

Eres mi plenilunio y sus mareas,
mi pérgola de agosto y mis lunares,
arrabal de mi tango
y viceversa.

Me tienes abducida
y viceversa,
aunque eso no suponga una frontera
entre nuestras repúblicas de azúcar.

En todo tiempo, estancia y comisura,
eres toda mi vida
y viceversa.

 

 o0o

 

EL PACIENTE INGLÉS

A Justo Sotelo

Déjame que te hable de los vientos.
Gobiernan la apariencia de las cosas.
Existen muchos tipos,
manipulan a dioses y demonios.
Hay vientos que enloquecen la cordura,
los hay que levantan cortinas carmesí, sangre de polvo,
arenas que derriban las fronteras
que impusieron fantasmas invisibles.
Donde hubo un día agua
hoy serpentean dunas
pero nuestros ancestros dibujaron
(como tú lo haces hoy en tu libreta)
la libertad cristalina de un grupo de bañistas.

Te amé con la furia del simún
en medio de un desierto ciego y sordo.
Te seguí amando en las ciudades nuevas
Y te amaría en cada hotel o yacimiento que inmune y cómplice nos cobijase.

Caminé bajo el sol a la intemperie.
Caminé como un mar enajenado.
Maté por ti a hombres inocentes,
le vendí mi alma al enemigo
y no pude salvarte de la muerte.

Te llevé fría y frágil en mis brazos,
sin aliento ni llama que pudiera amortajar la ira y el deseo.
Ese amor que te sesgó la vida como un rayo que asiente y amenaza
desdibujó el camino de los mapas
y subsistió en un libro de Herodoto.

Sin ti ya no hay mañanas.
Sin ti la arena, el sol,
son espejismos
pero prometo viajar siempre contigo.
Seamos polvo, cenizas, huesos rotos,
corazones de vuelo interminable
hasta llegar al Palacio de los Vientos.
Si existe algo capaz de vencer a la muerte
es todo aquello que tu cuerpo y el mío
crearon para decirle al mundo
que dos amantes solos
pueden justificar  el universo.

 

o0o

EL ALMA DE LAS COSAS

Si algún día,
-espero que lejano-
me buscases
desde un querido eco
y yo ya no estuviera en mi escondrijo
custodiando los bienes compartidos,
tú, niña de agua,
cierra los ojos y regresa a casa,
ve palpando el alma de las cosas.

Recuerda las mañanas de domingo
dibujando sirenas y manzanas,
bailando a media luz con las cortinas;
y cómo te leía en el sofá
poemas de Machado y de Neruda.

Busca después, en los rincones peregrinos
en los que tatuamos la alegría
por si siguen allí las huellas de mis dedos
acariciando la dulzura tuya.
Destapa cada plato y cada sábana
con la que nos quisimos
sin tiempo ni medida ni conciencia.

No has de invocar el llanto.
¡No lo hagas!
Las ruinas sombras son, no realidades.

Tú siénteme en las teclas del piano,
en el vestido azul de tu muñeca de trapo,
en nuestro relicario de fragancias
que transforman cristal en madreselva
y baño en alambique clandestino.

Recuerda nuestros cuentos de la tarde,
historias de piratas y libélulas,
los disfraces y las calcomanías
y todo lo que sabe a chocolate.

Esta casa, que no es tuya ni mía,
que es suya y nos pervive impenitente
y soporta inquilinos pasajeros,
tan sólo es un testigo aleatorio
que un día filmó el alma de las cosas.
Se nos quedó el amor en una vela,
congelada la ternura en las almohadas.

Por eso, si tú vuelves,
―no siendo este regreso necesario―
rescata solamente lo inefable,
el hilo corrector de la memoria.

Toma en tus manos un objeto imprescindible
y sigue tu camino.
Debes quemar el resto si quieres tener alas,
volar también implica desprenderse.
Yo prometo esperarte
en el cielo inventado que antes de nacer
robaste para mí.

Lo demás debe seguir su curso,
ojos de niebla y luna:
el alma de las cosas es eterna,
su forma poco importa.

 

Horizontum les adelanta esta selección de la autora, quien pronto podrá leerse en México con su novela “Tiempo de Cerezas”,  en gran parte ambientada en nuestra capital, en  próxima venta en las librerías Ghandi y El Péndulo. Los poemas escogidos pertenecen  a dos cuadernos de poesía: “El Otoño es nuestro” y “CasaNuova”.  El primero ya publicado y el segundo inédito.

La Redacción

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