De Winston Churchill a Donald Trump De Winston Churchill a Donald Trump
La política es, por principio de cuentas, un recurso civilizatorio. Un espacio desde el que se procura, atendiendo a las características propias del régimen... De Winston Churchill a Donald Trump

La política de la decadencia

La política es, por principio de cuentas, un recurso civilizatorio. Un espacio desde el que se procura, atendiendo a las características propias del régimen democrático[1],  tramitar y digerir las contradicciones y desavenencias de una sociedad viva, con todo lo vigorosa y latente que se quiera, pero con la cauda de vicios e inequidades que le lastran. Escenario de virtudes y ruindades, la política es hechura del claroscuro de la naturaleza humana en pleno, y escaparate abigarrado para la historia.

De Winston Churchill a Donald TrumpEl libro De Winston Churchill a Donald Trump. Auge y decadencia de las elecciones, del politólogo Pedro Arturo Aguirre –elaborado por la editorial española Innisfree-, lo hace patente; un recorrido por 33 procesos electorales en todo el mundo, que van de 1945 al 2016, dan cuenta de los contextos y coyunturas que marcaron cada elección, y que configuraron la realidad política, económica y social del mundo entero.

No es para menos. El arco del tiempo considerado por Aguirre es decisivo para comprender las múltiples expresiones del Estado –del de bienestar para la socialdemocracia, al mínimo del neoliberalismo-, y las variadas formas y mecanismos con los que la democracia fue acogida, lenta y trabajosamente, en casi la totalidad de países en el mundo. El libro funciona como una galería monográfica de los procesos de adaptación que el régimen democrático siguió nación por nación, en la que resaltan las íntimas aspiraciones, y limitantes, que el carácter de cada pueblo imprimió en la forma de vivir su muy particular visión de la democracia.

A lo largo de las estampas descritas por Aguirre, destaca la imperturbable vigencia de determinados preceptos políticos, que trascienden toda particularidad cultural o temporal. Desde la nocividad de la soberbia, hasta la cualidad venturosa de la perseverancia, en cada uno de los casos trazados se definen con claridad los rasgos propios del animal político, puro nervio y tenacidad desplegada por un objetivo evidente y declarado: conseguir, mantener y ampliar el poder a costa de todo lo legalmente permitido y, en infaustas ocasiones, a pesar mismo de la ley.

Así pues, asistimos, con la crónica de Aguirre,  a la sorpresiva derrota histórica que Clement Atlee –“un hombre modesto, que tiene muchas razones para ser modesto”-, candidato laborista al cargo de Primer Ministro, propinó al “león” inglés, Winston Churchill, quien con todo y el acreditado lustre histórico y político que le daba la entereza y bravura mostrada contra al nazi-fascismo, no pudo refrendar en las urnas el favor del pueblo británico para seguir al frente de su gobierno.

En De Winston Churchill a Donald Trump, somos testigos de las benignas consecuencias de la perseverancia y astucia, en episodios entrañables para la historia política mundial. Tal es el caso de la primera candidatura de François Mitterrand cuando  disputó al general Charles De Gaulle, la jefatura del Estado francés en 1965 – ocasión en la que perdió-, y cómo 23 años después, un joven Jacques Chirac desafió a Mitterrand –a la sazón Presidente de la República francesa- quien, finalmente, apelando al manido pero aún eficaz recurso  de la mentira, logró mantener firmes en sus manos las riendas del Estado.

Conocer la historia electoral, y la dimensión de sus protagonistas, hace imposible no advertir la profunda degradación de los procesos democráticos actuales. Protagonizados por una singular cohorte de nulidades y medianías, transidos por la corrupción o el más rotundo y llano cretinismo, las campañas electorales dejan ver la dura crisis de credibilidad que caracteriza a la democracia en nuestros días.

De Margaret Thatcher a José María Aznar, de Mitterrand a Fernando Collor de Melo, de Kennedy a Silvio Berlusconi, de Churchill a Donald Trump; de poco en poco, el libro de Aguirre registra acuciosa y dolorosamente, el acentuado declive de las élites políticas en todo el mundo, y da cuenta de la mala fama que su redomada estupidez le ha endilgado, injustamente, a la democracia, único régimen capaz, hasta el momento, de garantizar medianamente la continuidad de la vida en común.

Por desgracia, las bondades mismas de la democracia han prohijado los peligros que ahora la acechan: los nacionalismos, quintaescencia de la intolerancia y la violencia política, encuentran un terreno fértil entre el descontento, casi sistémico, de la ciudadanía para con la democracia. No en balde, Aguirre dedica cerca de la mitad de su libro para denunciar la emergencia y popularidad de ese discurso, consecuencia lógica de un recurso demagógico y ramplón,  y por eso mismo tan popular y peligroso, como el de la antipolítica.

De Winston Churchill a Donald Trump

¿Qué hacer?, ¿qué previsiones tomar frente a lo que se percibe como una condición irreversible y declinante para la democracia?, ¿estamos condenados a que la ignorancia campee en los procesos democráticos?, ¿de algo serviría actuar contra la inercia del descrédito que tiene atenazada a la democracia en los años actuales? De alguna manera, Aguirre, quien acusa de un justificado pesimismo, responde a estas interrogantes a propósito de un último comentario sobre las campañas electorales –elemento constitutivo, que no único, de la democracia-, que “la naturaleza humana no cambiará. No es posible, por lo tanto, rescatar el carácter racional que debería tener la política”.

Sin embargo, en medio de la noche nacionalista y antipolítica del momento, bien valdría la pena reconsiderar al optimismo, aunque sea injustificado, como un elevado y caro atributo de la democracia. Finalmente, la racionalidad es, también, una condición indisociable de la naturaleza humana. O al menos en eso estamos.

[1] Los regímenes  autoritarios son intrínsecamente antipolíticos: asfixian y niegan la naturaleza misma de la política y su vocación para constituirse en centro de encuentro de la comunidad humana.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.