Cuerpo, dolor y hedonismo en la performance Cuerpo, dolor y hedonismo en la performance
Siento que si hay algo que la performance sigue proponiendo, es el resquebrajamiento de los límites impuestos por las categorías Cuerpo, dolor y hedonismo en la performance

 

Siento que si hay algo que la performance sigue proponiendo, es el resquebrajamiento de los límites impuestos por las categorías de distinto orden, ya no sólo las del espacio estético. A propósito, decía Grotowsky que “el propio performer, así como el danzante, el sacerdote o el guerrero, está fuera de los géneros estéticos”. Donde es algo tan viejo, agregaba,  que todas las distinciones entre géneros estéticos ya no son válidas.

Yo agregaría que esta “vejez”, por decirlo de alguna forma, podemos anexarla en un espacio antropológico del cuerpo y las emociones, donde precisamente no hay cabida para distinciones de ningún orden y desde ahí   pienso el lugar de la performance, como la que conjunta una suerte de alquimia entre el objeto (del deseo, las obsesiones o de otros órdenes) elegido por el performer, como prolongación de la materia corporal y la presentación simbólica del cuerpo, desplazado hacia el objeto.

Cuerpo, dolor y hedonismo en la performance

Una conjunción aplicada a materializar el concepto, que podría hacer girar dolor y placer o visceversa, mediante ese ritual donde leyes y estructuras, estarían en un permanente cambio. Y aquí el ritual también es sin duda, de orden antropológico, como de acto en busca de iniciar la magia, o la perturbación de ciertos órdenes, que deseamos modificar. Y por ende, la manipulación del objeto que comprende tantas posibilidades, ese objeto significado, que ritualice a sí mismo el mensaje inicial.

Jean Baudrillard, afirmaba que el arte contemporáneo,  ha perdido el deseo de la ilusión, pero donde paradójicamente la ilusión estética, es aún más poderosa. Si a esta contemporaneidad, le sumamos el lugar de la violencia, la sospecha generalizada de que hay un campo que se hace cada vez más ancho entre lo que se dice y lo que se hace, ante una impostura que se hace cada vez más presente, más globalizada, un poder que ha perdido legitimidad, pero que sigue persiguiendo sueños, también hay una suerte de anacronismo y ese “otro que no existe”, psicoanalíticamente, o el deseo, cada vez más complejo de estructurar, junto a una devaluación de valores que occidente abrazara durante más de 2000 mil años, ese otro que no existe, es generador también de subjetividades, y desengaños, donde el Otro, no es aquel lugar donde la verdad (también devaluada como signo), puede asumirse y se hace desconfianza.

La incredulidad de la palabra donde también creo que la acción gestual y no verbal, de muchas performances, puede abrir un nuevo espacio para leer otra forma de  palabra,  otro vínculo para aproximar a otro posible, por donde el cuerpo denuncia, enuncia, presenta, lo que las palabras dicen a medias, en nuestros tiempos. Aunque finalmente  en todo discurso hablado menudea y sobresale  a su vez, la verdad.

Cuerpo, dolor y hedonismo en la performance

Retomando estos desórdenes en lo que concluía la incredulidad de la palabra en sí, la disolución de la diferencia, la  no  identidad, el melodrama de la diferencia, según rezaba Baudrillard, hasta tener que asumir  la paranoia social, en la que nos encontramos. Condición que puede incluír  desde ciertas páginas periodísticas, medios televisivos,  comunicaciones urbanas, discursos políticos, relaciones interpersonales, afectivas, amorosas,  jugándonos finalmente expiatorios o voyeuristas virtuales, alejados  cada vez más de ese objeto que desde el dolor como necesidad existencial que sólo encuentra satisfacción por la acción o posesión  que produce el objeto adecuado, se aleja cada vez más de él.

Decía  Baudrillard, que “hay que vivir en inteligencia con el sistema y en revuelta contra sus consecuencias. Hay que vivir con la idea, de que hemos sobrevivido a lo peor”.

Aquí el deseo, es ansiedad, trastoque de lugares, y el arte efímero concuerda con el lugar de la cultura,  donde dolor y hedonismo podrían ser intercalados a través de un cuerpo como signo y carácter de lo inconsciente, donde no habría identidad esencial, sino identificación mediante los actos mismos y la mirada que los traduce, aún considerando los límites subjetivos entre emisor e individualidad. Y en donde el exceso de información visual, de comunicación tan excedida como obsoleta, -por aquello de que si no llega a tiempo, ya no la información en sí, sino nosotros a ella-, donde acentúan otra causa de ansiedad, como de carrera al infinito, y de una propiedad efímera tanto en una proyección de tiempo y espacio , del aquí y el ahora, que construye a  la performance filosóficamente, y donde acción y cultura como  espacio social contemporáneo, pareciera que se dan la mano, para reivindicar a la performance pensándola yo diría,   como el arte o la manifestación del momento o al menos, lo más próximo a lo cotidiano.

Si enlazáramos  arte con espacio social, ahora sí, que cualquier parecido con la realidad, no es mera coincidencia.

Cuerpo, dolor y hedonismo en la performance

Yves Michaud, que metaforiza el lugar del arte, desde el estado de lo gaseoso y de lo inmaterial basándose en una interrelación contínua de experiencias, donde el hedonismo es parte de una  experiencia estética. De un hedonismo no intelectualizado, sino la de una experiencia programada publicitariamente, ofrecida bajo valores de seguridad y sostenida por lo tecnológico. Él proyecta un  “diagnóstico de hedonismo”, que se hace aun más filtrable en una experimentación estética de lo transgresivo (de una transgresión  que afirma, entró de manera tan sutil que ya no transgrede nada), donde el único compromiso que ve es el de sentirse  bien en una relación con esta misma transgresión.

Nuestro cuerpo, que se asume en tantas búsquedas como pérdidas, de tantas identidades no siempre abrazadas, ante un espectro tan amplio como agotadísimo, vinculado  a la  corporeidad y sus diversidades, cuestiona, con nuevos instrumentos,  los modos de representación, y las formas del arte, reconociéndose sus movimientos y recreaciones, los cruces con objetos “utilitarios” y la naturaleza compartida por todos ellos de juegos de poder, deseo, dolor y mucho por elegir en lo aparente.

Alfredo Bellfiore

Alfredo Bellfiore es un artista visual, performer, actor y docente uruguayo. Radica en la Ciudad de México.