Crónica de un desastre anunciado: Trump visita al presidente Crónica de un desastre anunciado: Trump visita al presidente
“There’s an old Mexican proverb that says ‘Tell me with whom you walk, and I will tell you who you are.’ We know who... Crónica de un desastre anunciado: Trump visita al presidente

“There’s an old Mexican proverb that says ‘Tell me with whom you walk, and I will tell you who you are.’ We know who Trump is.”

Hilary Clinton desde su cuenta en Twitter: @HilaryClinton.

(Mensaje del 25 de agosto del 2016)

Nadie lo esperaba, pero ocurrió. La noche del martes 30 de agosto, dos tuits de la cuenta oficial de la Presidencia de la República -@Presidenciamx- lo confirmaron: “En días pasados, el Pdte. @EPN invitó a ambos candidatos presidenciales de EUA a un diálogo sobre la relación bilateral entre México y EUA”; y “El Señor@realDonaldTrump ha aceptado esta invitación y se reunirá mañana en privado con el Presidente @EPN”. Para entonces, Donald Trump ya lo había hecho público en Twitter; poco después, Enrique Peña Nieto lo hizo también.

Así se anunció una de las reuniones más inverosímiles en la historia de la política internacional de México y el mundo. El “villano favorito”, el mismo que configuró la construcción de su mensaje político a partir del ataque habitual a los ciudadanos mexicanos asentados en los Estados Unidos, y que amenaza con la construcción de un muro infranqueable, se reuniría con el presidente del país directamente afrentado. Si no lo hubiéramos visto, pensaríamos que se trató de la genial creación de un fabulador consumado.

A trasmano se supo, también, que el presidente envió una carta a los candidatos presidenciales republicano y demócrata; el objeto de la invitación era, dijo ambiguamente en Twitter, para “conversar sobre la relación bilateral”, con tan limitada previsión política que el primero en contestar fue el menos indicado para hacerlo. De un momento a otro, la iniciativa presidencial fue estratégicamente vulnerada: con la precipitada aceptación de Trump, el gobierno mexicano no pudo hacer más que aceptar la visita. Se trató, en buen castellano, de un muy mexicano madruguete.

Crónica de un desastre anunciado: Trump visita al presidente

Las redes sociales ardieron. A poco más de una hora de publicado el primer mensaje sobre la visita, el tema #TrumpEnMexico era ya tendencia mundial. El corrosivo tono del mundo digital se despachó con soltura. Ávida de circunstancias inverosímiles, consumidora pertinaz del absurdo, el público digital no pudo encontrar mejor ocasión para desplegar sus más ácidas capacidades sintéticas: 140 caracteres bastaron para concluir en la inoportuna reunión de un presidente con un impopular candidato.

Un anuncio de esa envergadura, era de esperarse, mantuvo en vilo a la prensa nacional. Seis medios impresos consignaron en su primera plana la visita de Trump a México. Buena parte de las columnas políticas más influyentes se preguntaron las razones que había detrás de una medida así de polémica. No era para menos. Lo inesperado de la visita parecía producto de la improvisación, un desliz de la inmediatez.

Trump aterrizó en México hacia la 13:10; cerca de las 13:30 abordó un helicóptero que lo llevaría a “Los Pinos”, el despacho presidencial transmutado, por unos largos minutos, en una escala más de la campaña republicana. Se sabe que Peña y el multimillonario sostuvieron un encuentro de aproximadamente una hora en el despacho presidencial; no hay mucho material al respecto, lo mismo pudieron hablar del clima, o del tráfico en la capital, en este caso el aéreo; de lo que hay algún indicio, porque el propio presidente lo dijo más tarde, es que dejó en claro a Trump que México “no pagará por el muro”. Eso dice el presidente que le dijo. Lamentablemente, nadie consignó la respuesta de Trump.

Ambos se pararon frente a una concurrencia peligrosa: periodistas nacionales y extranjeros ante la nota de la semana. A Trump le vimos entrar, así lo registraron las cámaras, detrás de Peña Nieto. En el podio, cruzó las manos sobre los genitales; mientras escuchó al presidente, su boca hizo los estrepitosos virajes a que nos tiene acostumbrados: un gesto como de berrinche y fastidio. Lo vimos de cuerpo entero, un acontecimiento, tan acostumbrados como estamos a verle el torso, el vientre expandido, el saco abierto y la corbata perfecta. Cargado de espaldas, lució encorvado.

Gracias y disculpen, esto no lo imagine.

El discurso del presidente se detuvo en remarcar, con números y cifras, lo comprometida que está una economía con la otra; sin embargo, opaco, dejó que la cautela diluyera cualquier asomo de vindicta; fue demasiado suave e incoherentemente cortés, como si al costado nadie hubiera llamado “violadores” a sus connacionales. A diferencia del común de las declaraciones políticas, que dicen más por lo que callan, la de Peña Nieto diría más de lo que creeríamos posible,  más de lo que nos gustaría conocer.

Trump, si acaso moderado, volvió a lo suyo. Habló de combatir el narcotráfico y de revisar el Tratado de Libre Comercio. No pidió disculpa alguna; en cambio,  usó las estancias del presidente de México para insistir, otra vez, en la construcción de un muro inverosímil, objetivamente irrealizable, pero políticamente eficaz. Fue un mitin más en su carrera por la Casa Blanca, con la salvedad de que en este caso, la ocasión y el lugar  se lo brindó un presidente mexicano, en su propia casa.

Hasta aquí, las variables son previsibles y el control de daños manejable. Pero hablaron los reporteros. Y, peor aún, preguntaron.

No bien el presidente se disponía a marcharse, la primera fila de corresponsales extranjeros saltó de su asiento. Asediaron a Trump con una pregunta que en todas las cabezas ahí presentes, ya había sido formulada pero no expresada: ¿Quién pagará el muro? “Eso no lo discutimos –dijo Trump-. Eso no se dijo, eso será en otra ocasión”. Peña, al momento de este intercambio, parecía parapetado tras el podio, los labios apretados y la mirada baja, se recargó sobre el brazo derecho, con el secreto deseo de pasar inadvertido. Pronto lo alcanzaron los obuses de las corresponsalías.

Ante el ascenso de Trump por la candidatura presidencial del Partido Republicano, y luego de conseguirla, Peña Nieto lanzó veladas críticas a las posturas del magnate, equiparándolo con Hitler y Mussolini. Sobre eso fue el presidente cuestionado, y esto contestó:

Ha habido malas interpretaciones o afirmaciones que lamentablemente han lastimado o afectado a los mexicanos por la percepción de su candidatura, de la cual soy respetuoso, que el pueblo de México se había sentido agraviado por comentarios que se habían formulado (…) Pero que yo estaba seguro que su interés genuino era construir oportunidades de mayor bienestar”.

Trump, más amigo de la congruencia, dijo hacia la tarde de ayer, durante un mitin en Phoenix, Arizona, a unas horas de haberse reunido con el presidente, lo siguiente:

México pagará el muro. Al 100%. Todavía no lo saben, pero pagarán por el muro”.

Por ahora, el presidente no ha interpretado la declaración de Trump; quizá, cuando lo haga, nos explique que se trató de una acción más del “interés genuino” del magnate por “construir oportunidades de mayor bienestar”. Es probable que lo haga desde “Los Pinos”, improvisada oficina mexicana de la campaña de Trump por la presidencia de Estados Unidos.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.