Corrupción de gobernadores sepulta aspiraciones presidenciales del “nuevo PRI” Corrupción de gobernadores sepulta aspiraciones presidenciales del “nuevo PRI”
Al menos 17 gobernadores mexicanos que han ejercido el cargo en los últimos 10 años están prófugos, encarcelados o investigados. Corrupción de gobernadores sepulta aspiraciones presidenciales del “nuevo PRI”

Al menos 17 gobernadores mexicanos que han ejercido el cargo en los últimos 10 años están prófugos, encarcelados o investigados.

La captura en Italia del exgobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington, buscado por la Interpol desde hace cinco años, es el último episodio de una larga serie de funcionarios acusados de saquear el erario público, trabajar para el narco, comprar ranchos en Texas o quedarse con terrenos en playas importantes.

La corrupción se ha colocado como el segundo problema que más preocupa a los mexicanos, después de la inseguridad, según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (Inegi). Los últimos casos deterioran aún más al poder central, especialmente al presidente, Enrique Peña Nieto, quien no ha tenido la capacidad de frenar la andanada de escándalos.

Además, dentro de un año el PRI, partido al que está afiliado el mandatario, contenderá en las elecciones presidenciales contra Andrés Manuel López Obrador. Hasta ahora el dirigente de MORENA mantiene la ventaja frente al PRI.

Horizontum. Corrupción de gobernadores sepulta aspiraciones presidenciales del “nuevo PRI”
Tratando de mostrar una acción ejemplarizante contra la corrupción, en diciembre de 2016 el PRI expulsó de sus filas al exgobernador Tomás Yarrington. Esto no tuvo ninguna repercusión a favor del partido gobernante. Yarrington llevaba casi cinco años prófugo de la justicia. ¿Por qué esperar tanto para expulsarlo del PRI? El hecho más bien provocó risas y burlas.

Antes de la llegada de Vicente Fox al poder se podría decir que los gobernadores priistas estaban “controlados” por los “tlatoanis” que ejercían el poder central, garantizaban el triunfo del partido en las elecciones estatales, y no provocaban escándalos. Los posibles delitos de los gobernadores priistas no salían a la luz pública.

Con la irrupción del Partido Acción Nacional (PAN) y las progresivas victorias de la oposición, el mapa se volvió más complicado de manejar.

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“En el sistema clásico priísta, cuando a un gobernador se le pasaba la mano o su corrupción afectaba al presidente, éste lo quitaba ipso facto y el Congreso actuaba a la velocidad de la luz. Se perdió ese control autoritario y, aunque Peña Nieto trató de recuperarlo, ya no pudo, los gobernadores se hicieron de un poder que jamás habían tenido” explica Lorenzo Meyer, profesor del Colegio de México.

Uno de los ejemplos más recientes es el de Javier Duarte, gobernador de Veracruz, prófugo desde hace cinco meses. Duarte está calificado como uno de los gobernadores más corruptos de la historia reciente de México.

Al principio de su mandato Peña Nieto puso a Javier Duarte, y al ahora también prófugo César Duarte, como ejemplo de renovación generacional y de la llegada de “un nuevo PRI”. Pero todo parece indicar que el “nuevo PRI” sólo se diferencia  del “viejo” en ser más ambicioso y en realizar robos mucho más grandes al erario público.  Duarte desfalco la educación y el sistema de salud. Ante tamaño escándalo la Procuraduría General de la República (PGR) ordenó su detención. No pudieron, Javier Duarte, se fugó.

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Veracruz, gobernado ahora por el PAN, se encuentra en quiebra  y depende de las dádivas del Gobierno central, suficiente para evitar la revuelta social. Oaxaca, Guerrero o Tamaulipas atraviesan una quiebra económica similar.

Paralelamente, los gobernadores operan sin contrapeso. Jueces, Congreso local, oposición, organizaciones civiles o periodistas deben elegir entre ser héroes, mártires, o cómplices para imponerse al poder regional, a miles de kilómetros de la capital.

Los líderes de la oposición se cambian de partido como si se tomaran un vaso de agua. Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México,  amenazó con pasarse al PRD si no era el candidato elegido para encabezar la lista del PRI a la presidencia del país.

Los desmanes de los gobernadores no paran ahí. Cesar Duarte, gobernador de Chihuahua ha sido acusado de desvío de recursos; Roberto Borge, gobernador de Quintana Roo, señalado por quedarse con terrenos en playas importantes .Andrés Granier, exgobernador de Tabasco, fue encarcelado por lavado de dinero.

Ante la avalancha de casos de corrupción, Peña Nieto ha reaccionado de forma tibia, mientras la putrefacción de sus gobernadores sepulta al “nuevo PRI” y le bloquea el camino a la presidencia en 2018.

La Redacción

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