Conversaciones con Sid: Variaciones de una certeza, con Yelenia Cuervo Conversaciones con Sid: Variaciones de una certeza, con Yelenia Cuervo
Esta semana me toca ser juez y parte o bien ensayar esta especie de metaficción: aquella del editor que entrevista a su autor Conversaciones con Sid: Variaciones de una certeza, con Yelenia Cuervo

Esta semana me toca ser juez y parte o bien ensayar esta especie de metaficción: aquella del editor que entrevista a su autor, pues conversé con Yelenia Cuervo que estudió filosofía en la UNAM y es egresada de la SOGEM. También es colaboradora de la revista Horizontum en la sección de cine y autora del libro Variaciones de una certeza, un poemario editado por Abismos Editorial.

En una conversación que recién tuve con otros creadores, decíamos que el poeta es una especie de obrero de la palabra y que el novelista es el burgués, a lo que Alicia Camposalas respondió que sí, que el poeta es esencialmente un obrero, que trabaja con la palabra de manera directa, por hambre, por necesidad. Tales argumentos los encontré fascinantes.

-¿Es entonces la poesía el hambre del poeta? ¿Por qué escribir poesía?

-La poesía es la escritura de un estado irrepetible que se resguarda en la memoria del poeta, así que muchas veces lo que hacemos los poetas es dar cuenta de ese instante, a través del ritmo y la sonoridad que las palabras son capaces de crear. Por eso la poesía se asemeja más a un canto, a una danza o incluso a una pintura. Toda memoria es reinterpretación de un evento, pero éste puede ser sólo una experiencia sensorial del mundo, una percepción, una vivencia o una posibilidad; momentos transfigurados por la sensibilidad del escritor a través de la exaltación, la descripción y el uso de figuras retóricas que transportan al lector a variadas sensaciones.

“En mi caso, la poesía representa una necesidad óntica, vaciar esos estados que requieren ser dichos a través del artilugio del lenguaje, por eso siempre la he sentido más íntima que la creación de los universos ficcionales. Existen poemas que cuentan una historia y también prosa poética, pero considero que en esencia la poesía posee la fuerza de la instantaneidad, así que el acto de escribirla me resulta una especie de vociferación de las contemplaciones anímicas.

“Escribir poesía me ayuda a exorcizar las emociones, a recrearlas, volver a sentirlas, entenderlas desde la lejanía de lo que ya nunca será. Eso es lo que hay en mis poemas: aullidos, declaraciones, deseos, anhelos, ilusiones y despedidas, siempre atravesados por la temporalidad”.

-¿Por qué crees que la poesía tenga pocos lectores en general, en México? Está por debajo de las revistas de variedades, del periodismo y de las novelas de ficción.

-Creo que tiene que ver con una posibilidad de ser lector de poesía y con el propio devenir de la educación en México. Antaño leíamos poemas en nuestras clases de Español, de Literatura y en los talleres de redacción. Había un estatuto de la poesía más “sano” que concebía la idea de la poesía como la escritura más pura del lenguaje. Ignoro por qué se perdió, pero lo que sí reconozco es que existen lectores específicos para la poesía, pues implica dejarse arropar por el ritmo y la cadencia que nos presenta el poema; muchas veces he encontrado lectores que se angustian ante la incomprensión de la poesía, ante el desconocimiento de las palabras que se juegan en su interior y, en pos de desmenuzar el texto con el entendimiento, dejan de lado la experiencia estética. En cambio, nuestro origen como humanidad nos ha enseñado que siempre hemos sentido fascinación por contar y escuchar historias, así que adentrarse al mundo de la ficción puede ser más atractivo y hasta más natural, de alguna forma siempre estamos narrando historias.

“Por otro lado, las revistas de variedades representan al consumidor mediático y del entretenimiento al que van dirigidos, así que no es de extrañarse la masividad de sus lectores. En el periodismo se da otro fenómeno interesante. Pienso que a partir del surgimiento del cyberperiodismo y de la inmediatez con la que consumimos la información, surgen más lectores que día a día pueden leer una nota exprés por línea o en las redes sociales o un micro artículo de opinión y, entonces, se vuelve una práctica más cotidiana. Ya lo sabemos: en esta época es donde más leemos, aunque lo que nos angustia siempre es la calidad y la procedencia de los textos, así como el tratamiento de la información.

-¿Cuáles son las influencias más importantes en tu quehacer escritural y por qué?

-Baudelaire. Lo leí por primera vez a los 17 años (creo que Arreola lo leyó a los 12), pero yo no tuve esa fortuna. Incluso, hace 15 años cuando comencé a dar clases en una secundaria técnica, donde impartía la materia de Español, recuerdo que en el libro de texto había uno de sus poemas y me sorprendió mucho, en cambio, cuando yo asistí al colegio en la adolescencia sólo tengo en mente los versos de Sor Juana. Pero la lectura de los Pequeños poemas en prosa, de Baudelaire me marcó, el libro se me hizo brutal, transgresor y, al mismo tiempo, con una condensación y una capacidad de contemplación que hasta ese momento no había conocido. Las flores del mal surtieron un efecto aún más tumultuoso, pues me sentí identificada con varias sensaciones de vida y acogí con gran afecto su poesía maldita.

“Después vendría Nietzsche, uno de mis filósofos-poetas más querido. Así habló Zaratustra me trajo la alegría y la fuerza de vivir. Siempre me ha parecido un autor de la tierra, del aquí y el ahora con el ímpetu -de nueva cuenta- del instante. Lo leí en los primeros semestres de la universidad cuando estudiaba filosofía y, en muchos sentidos, su escritura sintética y puntual, sumada a las metáforas y a su propio “sistema” de pensamiento, continúan en mi memoria.

“A Bataille lo conocí por La historia del ojo y, como en aquel entonces yo vivía mi propia historia erótica, quedé rápidamente enganchada. De ahí salté a su filosofía, a la escritura asistemática de su pensamiento: el erotismo, la risa, el orgasmo, las lágrimas, el arte. La transgresión de lo prohibido y sus poemas. Bataille tiene la pluma y el ritmo de la vacuidad y del silencio, pero al mismo tiempo su poesía y su filosofía son un canto a la vida, a las experiencias que nos llevan a la continuidad del ser.

“Finalmente, Octavio Paz quien siempre lo he visto como un poeta más cerebral, pero con una construcción de imágenes inigualable, un ritmo sonoro que nunca se pierde: desde sus primeros escritos más breves y experimentales hasta los de mayor aliento como Piedra de sol. Hay en su poesía todo un universo de imaginería, una circularidad en su construcción. El mono gramático es un texto inquietante, pues las cartografías de las cuales da cuenta siempre poseen una alta dosis de filosofía y de cuestionamientos que se integran a su visión poética del mundo. Así que en última instancia mi escritura no puede escapar a la dualidad poesía-filosofía.

Sidharta Ochoa