Con los sueños de la serpiente de Alberto Ruy Sánchez Con los sueños de la serpiente de Alberto Ruy Sánchez
Un hombre al final de su vida elige a su familia, a sus ancestros. Vive internado en un hospital psiquiátrico. Escribe y dibuja. Mientras,... Con los sueños de la serpiente de Alberto Ruy Sánchez

Un hombre al final de su vida elige a su familia, a sus ancestros. Vive internado en un hospital psiquiátrico. Escribe y dibuja. Mientras, al otro lado del país, un escritor recibe cartas anónimas, postales, collages con fragmentos de una vida, de un personaje que esconde su cara y su nombre, pero insiste en contar sus sueños y tormentos conforme recupera la memoria.

Este hombre, que poco a poco se va develando, también nos descubre el siglo que le tocó vivir; comienza con la revolución bolchevique de 1917 y el posterior asesinato de Trotsky en su casa de Coyoacán. Tiene cien años de vida y sus recuerdos son una luz intermitente que cuando se apaga, nos deja sus anónimos para seguir descubriéndolo. Letras que, como hormigas, fueron llenando de palabras páginas de vida. ¿Hasta dónde uno es dueño de su memoria, sobre todo cuando los recuerdos son una serpiente que muda de piel cada cierto tiempo?

Cuando la intriga parece colmar la paciencia del escritor, luego de no encontrarle ni pies ni cabeza al laberinto que suele ser la vida de los otros expresada en anónimos, collages y postales, su colega, Lawrence Weschler, quien escribe en The New Yorker, lo pone en contacto con un neurólogo que trabaja en una clínica psiquiátrica de Vermont. Un médico peculiar llamado Oliver Sacks, quien resulta ser el facultativo de ese paciente a punto de morir.

Con los sueños de la serpiente de Alberto Ruy SánchezLos sueños de la serpiente, del sello Alfaguara, del grupo editorial Penguin Random House, la nueva novela de Alberto Ruy Sánchez es un terreno de arenas movedizas que nos va devorando. Entre más la andamos, más profundo llegamos a la psique de sus personajes, a la realidad del siglo que les tocó vivir, años de guerra, holocausto y exterminio, pero también, un tiempo de creación y descubrimientos.

Fuera de las fronteras de Mogador y con una gran madurez literaria, sin dejar de lado el recurso poético que tanto lo ha caracterizado, Ruy Sánchez nos entrega en Los sueños de la serpiente la crónica de un siglo, reconstruida desde la memoria de uno de sus protagonistas. Dividida en dos grandes apartados, en el primero conoceremos cómo el escritor descubre a este personaje que vive entre la realidad y el delirio; en el segundo, él nos contará las epidemias ideológicas del siglo XX. Nos develará personajes fascinantes que poblaron las paredes de su habitación-celda en el psiquiátrico: su familia escogida, sus padres, los artistas plásticos Adolf Wolfli y Aloïse Corbaz, y su hermano mayor, Martín Ramírez, campesino y cristero, hasta que llegamos a él, Juan, Johnny o Iván, quien creció en Sonora y emigró a Estados Unidos como bracero.

Juan, que tiene la capacidad de todo escritor de adoptar la personalidad de sus personajes, en el país vecino del norte, pronto trabajará en una armadora de autos, donde tiene su primer contacto con los rojos soviéticos y emigrará a Rusia, lugar en el que un nombre marcará su destino, Trotsky. Juan, desde el palacio de su memoria, sabe que le queda poco tiempo de vida y, así como escoge a sus ancestros, también decide quién será su heredero.

Los sueños de la serpiente es una novela cercana a la autoficción, acompañada de ilustraciones y fragmentos manuscritos, donde la realidad a veces nos roza y el lector, como aquel escritor que impartía un taller de escritura creativa en Banff, Canadá, donde conoció a Juan, pronto descubrirá que también él ha sido elegido para integrar esa peculiar familia hecha de retazos de revistas y poemas, para completar el collage de la memoria.

FRAGMENTOS de Los sueños de la serpiente

“En ese momento busqué el expediente completo y vacié todos los papeles sueltos sobre una mesa. Traté de armar con ellos, a pesar de su dispersión, un relato. Creí que podría afinar un poco más mi rompecabezas relacionando incluso la escritura, el tamaño de la letra de un papel a otro, el tipo de papel o la tinta. Siempre supe que no tenía todas las piezas del rompecabezas y tampoco sabía entonces si algún día iría a tenerlas. Pero suponía que algo más podría obtener de lo que estaba en mis manos si consideraba también los silencios. Como en esas blusas deshiladas donde los huecos dibujan delicadamente lo que poco a poco apenas alcanzamos a ver. No debería aspirar a un mural claro de la historia porque había que dar lugar a todo eso que se va “hilando entre el silencio de las cosas”. Algunas veces era sólo una frase en una postal lo que me había llegado:

Despertar en esos ojos de nieve, de daga, de llama fría.

¿Era demasiado forzar la lectura pensar que se trataba de los ojos de la serpiente? Otras veces, la frase saltaba y decía cosas difícilmente comprensibles. Y la muerte llegaba como la noche cae después del día. Pero era una nueva noche dentro de la noche:

Nada detendrá a la luna, salvo que yo cierre los ojos para siempre.

Con los sueños de la serpiente de Alberto Ruy Sánchez

No faltaban arranques de rabia teñidos de paranoia. Y con ellos esta voz habladora me anunciaba probablemente sus “Mil y una noches de la banalidad del mal”:

Yo también tengo el impulso de golpear, de conocer la sangre de quienes me dañan. Los partiría en mil y un pedazos si no pensara que de cada uno de ellos surgirá sin duda otra serpiente detestable.

Oliver había comenzado a ocuparse de este paciente creyendo al principio que el daño neurológico era irreversible. Pero, más allá de lo que el médico inglés había logrado lastimar en su cerebro, alejándose de un cruel determinismo hubo de pronto un cambio sustancial en sus facultades. Las fue recuperando, una detrás de la otra, de manera muy lenta y sorpresiva, a través de un método que Oliver tomó de un misionero italiano del siglo XVI en China, Matteo Ricci. El principio era adjudicar a cada recuerdo un espacio. Activar las neuronas de la memoria activando antes las que crean la sensación de lugar. Los más antiguos métodos de nemotecnia, de memorización así trabajan.

Oliver lo hizo construir un espacio imaginario para poner en cada rincón, en cada muro, en cada ventana de ese ámbito una información convertida así en un recuerdo radicado ya en un espacio nuevo. Y al final ha funcionado.

Recubrió toda su pequeña celda, perdón, su cuarto en la clínica con su escritura, con su memoria o sus invenciones, sus dibujos y sus recortes de periódicos y revistas, sus collages y caligrafías. Justo como los palacios de la memoria que Ricci enseñaba a sus amigos y alumnos chinos.”

Se ha dicho sobre la obra de Alberto Ruy Sánchez:

“Su escritura es nerviosa y ágil, su inteligencia aguda sin ser cruel, su ánimo compasivo sin condescendencia ni complicidad. […] En su prosa nítida y rápida, Alberto Ruy Sánchez relata historias complejas en las que la psicología individual se mezcla a la política colectiva, la literatura a la pasión por la justicia, la introspección del solitario a la sed de fraternidad, la duda a la creencia. Duelo entre la fe, que es amor a nuestros ídolos y a nuestros correligionarios, y el difícil amor a la verdad. […] Ruy Sánchez no se limita a relatar: examina y desentraña.” -OCTAVIO PAZ, Prólogo a Tristeza de la verdad. André Gide regresa de Rusia

“Aprecio en los libros de Ruy Sánchez la búsqueda de la forma necesaria para cada historia que cuenta. Es algo excepcional en tiempos donde se cultiva lo contrario y eso hace de él un escritor extramuros. Nos une el amor por Marruecos y por lo mudéjar pero más aún esa búsqueda literaria radical desde las disidencias y lo poético que hay en todo lo literario. Escribir como un reto continuo sabiendo que la forma dice. De sus relatos y ensayos hablamos con Susan Sontag, quien lo leyó y comentó atentamente, con Luce López Baralt y Severo Sarduy, que escribieron sobre él, con Octavio Paz, ampliamente, y todos coincidimos en esa apasionada singularidad que aquí quiero señalar.” -JUAN GOYTISOLO, Conversación en Rabat. Goytisolo-Ruy Sánchez Institut des Études Hispano Lusophones

“Alberto Ruy Sánchez devuelve el ensayo a la narración y el relato a la biografía. Incluso cuando dedica su tiempo a leer a los rusos victimados o disidentes, lo hace con la misma atención al lector que lo acompaña; después de todo, los autoritarismos y fundamentalismos son monologantes y nos niegan el turno de la palabra. Al final, sea el milagro de la literatura o el horror de la política, leer a Ruy Sánchez es saberse acompañado por una atención amable. […] En la obra de Ruy Sánchez, se postula la convicción en una comunidad de la letra. Gracias a la sensibilidad de su prosa, Ruy Sánchez, además nos recuerda que esa convicción puede ser una forma de la amistad.” -JULIO ORTEGA, sobre Con la literatura en el cuerpo.

Con los sueños de la serpiente de Alberto Ruy Sánchez

“Alberto Ruy Sánchez es una excepción, una suerte de oasis en el marco de la narrativa mexicana contemporánea. No por los temas. <…> Nos hace partícipes de la experiencia de la otredad y la diversidad. Siente y nos hace sentir todo el sabor de lo diverso.” -EFRÉN ORTIZ DOMÍNGUEZ, Texto crítico

Alberto Ruy-Sánchez Lacy (Ciudad de México,1951.) Hijo de padres originarios de Sonora. Vivió en París ocho años, donde estudió entre otros profesores con Roland Barthes, Gilles Deleuze, Jacques Rancière, terminó un doctorado y se hizo editor y escritor. Desde 1988 codirige junto con su esposa, la historiadora Margarita De Orellana, la revista Artes de México, que en dos décadas obtuvo más de 150 premios nacionales e internacionales al arte editorial.

En 1987 recibió el más importante premio literario mexicano, el Xavier Villaurrutia, por Los nombres del aire (su primera novela) convirtiéndose de inmediato en un libro de culto que desde entonces no ha dejado de ser reimpreso cada año. En él inicia una exploración poética y narrativa del deseo que continúan las novelas En los labios del agua (1996), que recibió en su edición francesa el prestigioso Prix des Trois Continents; Los jardines secretos de Mogador (2001), Premio Cálamo/La otra mirada (Zaragoza, 2002); La mano del fuego: un Kama Sutra involuntario (2007); y Nueve veces el asombro (México, 2005.)

Su obra ha sido traducida a varios idiomas y distinguida además por la Fundación Guggenheim en Nueva York, el Sistema Nacional de Creadores en México,  la Universidad de Louisville en Kentucky, la Fundación Tinker a través de la Universidad de Stanford en California, y el Gobierno de Francia que lo condecoró como Oficial de la Orden de las Artes y de las Letras.

La Redacción

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