¿Cómo fue posible el poema en prosa? ¿Cómo fue posible el poema en prosa?
En algún momento de la historia del pensamiento humano, la prosa y el verso estaban bien delimitados y separados por género literario ¿Cómo fue posible el poema en prosa?

En algún momento de la historia del pensamiento humano, la prosa y el verso estaban bien delimitados y separados por género literario. Cada aspecto de su naturaleza lingüística poseía cierto formato y una estructura propia. Cada uno, por su parte, obedecía a una serie de estándares al ser construcciones del lenguaje ajenas. La prosa se asociaba al discurso descriptivo, narrativo y conceptual; en otros términos, la prosa da tratamiento a una historia. En cambio, el verso, en su momento y previo a la lírica moderna, fue medida silábica, caja de resonancia con determinados acentos y pies métricos aunque también imagen, ritmo, y metáfora. Es decir, las diferencias entre la prosa y el verso eran totales, considerando la sensibilidad de la época histórica, el artificio de la lengua, la estructura y la forma (eidos: idea-forma) para desarrollar el fenómeno literario.

Hasta cierto momento, la estructura del verso y la prosa eran muy definidas y particulares. La prosa, anterior al desarrollo de las vanguardias y el dilema por los géneros literarios, se oponía al verso —no al poema— tanto en su pensamiento como en su discurso. No obstante, si la prosa puede ser poética y si el poema llega a incluir rasgos de la prosa, entonces, ¿cómo fue posible el poema en prosa?

La respuesta es formal (eidos: idea, manera de ser, forma, representación, imagen) y a la postre estructural. De otro modo, primero fue necesario un replanteamiento de ideas. El proceso de construcción del poema en prosa, durante el siglo XIX, se consideró un híbrido, una anomalía, conjunción de prosa e imagen poética, que rompió la medida silábica teniendo como causa la libertad de pensamiento. El primero y principal rasgo del poema en prosa es la ruptura métrica.

¿Cómo fue posible el poema en prosa?

La tesis es: la subjetividad es la causa del poema en prosa. El sujeto inaugura un nuevo momento histórico: la Modernidad. El sujeto es la figura que ordena el mundo y la vida del ser humano. Ya no es un orden griego ya dado (cosmos), ni es un orden medieval creado por Dios, sino el cosmos construido por el sujeto (subjectum: fundamento). El fundamento y principio del mundo es el individuo. Esta categoría creada por René Descartes y, posteriormente, desarrollada por David Hume y Immanuel Kant, abre y comienza un modo distinto de entender y explicar el proceso del conocimiento como una totalidad que busca dar respuestas a las mismas preguntas de la Filosofía.

La relación sujeto-objeto, cuyo resultado es el conocimiento, después deriva en el artista en una nueva sensibilidad y asociación de ideas, emociones, que proyectarán la visión íntima y confesional; es decir, la idea de libertad es el desarrollo epistemológico determinante para que el ser humano conceptualice la idea de conciencia, primero en términos filosóficos, después en condiciones artísticas Al percatarse de este hecho del pensamiento, el sujeto se vuelve autoconsciente. En suma, antes de cualquier resultado estético fue preciso un movimiento en el pensamiento, un desarrollo en la teoría del conocimiento, pues toda emoción sustentada en la obra artística tiene su base en la idea (forma).

La exaltación de los sentimientos y la búsqueda de la unidad entre el microcosmos y el macrocosmos, es decir, entre el ser humano y la Naturaleza, formarán parte de los rasgos estéticos, pertenecientes al romanticismo como el antecedente vanguardista de la poesía moderna. Los escritores románticos hicieron del sujeto y de la libertad los vehículos para la confesión emotiva y el ser individual, que tiene derecho a construir una visión personal del mundo. El ejemplo de este fenómeno se expresa, en términos literarios, en la obra Las confesiones (1770), de Jean-Jacques Rousseau.

Los rasgos señalados en torno al sujeto permitirán que el poema en prosa sea resultado del fragmento, novela y cuento románticos, de carácter simbólico y alegórico, además de las variadas modalidades prosísticas afines, tales como la brevedad, la subjetividad, el confesionalismo, la autoconsciencia y la exaltación del yo. Igualmente, las técnicas pictóricas, en esencia las que corresponden al impresionismo y el puntillismo, sí influyeron en la edificación mental del poema en prosa, dotándolo con las primeras características que le darían su naturaleza: descripción y anécdota. Se suman también las viñetas o breves reseñas que los artistas escribían para acompañar estas pinturas en las exposiciones de aquel tiempo.

A esto último se suma el nacimiento de las ciudades modernas. Lo moderno comienza a extenderse en todos los niveles y era tema de discusión entre los escritores. Agregaría un género nuevo propio de la Modernidad, a saber, la crítica literaria. Esta actividad formará parte en el desarrollo del poema en prosa, dadas sus características: el análisis y la reflexión del sujeto (subjectum: fundamento) que interpreta el nuevo orden (cosmos). La parte integral de la crítica como actividad intelectual corresponde al trabajo de la traducción. Los recuadros descriptivos que acompañaban a las pinturas impresionistas, tal como ya se mencionó, son la antesala de la crítica literaria. El sujeto después de ser libre, se hace crítico. Esto, en esencia, es una idea propia de la estética del Romanticismo.

¿Cómo fue posible el poema en prosa?

Los rasgos descritos obedecen, primero, a un proceso epistémico e intelectual, y a la postre a la práctica real del poeta, el proceso de escritura.  Antes de la verdadera ruptura del poema en prosa respecto a las concepciones canónicas del verso y la prosa, hubo necesidad de otros cambios.

El poema en prosa tiene a su máximo representante, Charles Baudelaire. Es el precursor inevitable, sin embargo, él mismo reconoce en la obra Gaspar de la Nuit (1842), de Aloysius Bertrand, como un modelo que le inspiró escribir El Spleen de París, la cual suma 50 poemas en prosa, publicados póstumamente en 1869. La tradición del poema en prosa deriva, entonces, de Francia. Dicha tradición francesa la continuaron Arthur Rimbaud con Iluminations y Une saison en enfer; Sthephame Mallarmé con Igitur ou la folie d’elbehnon, la pipe, Le nénufar blanc, entre otros, pero es mediante Un coup de dés, que se conquista la absoluta liberación del verso para convertirlo en una suerte de partitura y balbuceo del pensamiento, sin ataduras verbales ni redes silábicas de la métrica; incluso Isidoro Ducasse con Les chants de Maldoror. En el caso del poema en prosa en lengua española, sin duda alguna las referencias son Gustavo Adolfo Bécquer y Rubén Darío.

Es probable que el inicio verdadero del poema en prosa en Latinoamérica se registra con la obra Las montañas del oro (1897), del poeta argentino Leopoldo Lugones. Este poemario presenta una combinación del verso libre, el verso medido y el poema en prosa cuya característica, éste último, radica en que su ritmo descansa en los pies métricos del soneto alejandrino. Es decir, en lengua española no ocurre de inmediato el choque silábico sino que la estructura clásica del soneto se mantiene y solo se elimina la censura extendiéndose en forma de prosa. La lista para hablar de la tradición del poema en prosa se extiende a los largo del siglo XX, pero destacan Vicente Huidobro, César Vallejo, Octavio Paz y Julio Torri, entre muchos más.

Por último, siempre será imprescindible hablar de Azul, de Darío, serie de poemas y cuentos escritos entre 1886 y 1888, editados en este último año. Destaco la gran relación encontrada entre Azul y Les oiseaux bleus (1888), de Catulle Mendés, en especial por la temática parnasiana, los elementos preciosistas, adornos que fabulan, mediante las historias, los acontecimientos y hechos humanos. Después presentaré un estudio entre estas dos obras y mentes brillantes.


Fernando Salazar Torres

Fernando Salazar Torres: (Ciudad de México, 1983). Poeta, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa (UAM-I), también obtuvo el grado de Maestría en Humanidades (UAM-I). Ha publicado el poemario Sueños de cadáver (el golem editores, 2010) y Visiones de otro reino (el golem editores, 2015). Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Coordina las mesas críticas sobre literatura mexicana, “Crítica y Pensamiento sobre poesía y narrativa en México”. Dirige un Taller Literario. Colabora en la revista literaria “Letralia. Tierra de Letras” con la sección “Voces actuales de México”.