Cóctel Mongol: Carrusel de mano larga y verbal contingencia, reporte de Filiberto García Cóctel Mongol: Carrusel de mano larga y verbal contingencia, reporte de Filiberto García
Desde la estrujada y acuífera pléyade chilanga, informo a mi coronel. Cóctel Mongol: Carrusel de mano larga y verbal contingencia, reporte de Filiberto García

Desde la estrujada y acuífera pléyade chilanga, informo a mi coronel.

Mano larga

Un autobús recorre México, y no es el del comunismo. En palabras de sus valedores, es el “Autobús de la Libertad”. Se trata de una iniciativa nacida en España, de la organización HazteOír, que entre sus propósitos centrales está “defender y promover de una forma útil y efectiva la vida, la familia y la libertad” – http://www.citizengo.org/hazteoir/node/1-. En términos concretos, sin embargo, dedican su tiempo y esfuerzo en condenar la, así la llaman, “ideología de género”. Whatever that means, my coronel.

Resulta así que los señores de HazteOír mandaron a México un autobús, en tinta naranja, que en grandes letras blancas sentencia: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”. Antes que a México, el “Autobus de la Libertad” había transitado por vialidades españolas con la consabida polémica que el caso ameritaba.

En México, mi coronel, el automotor ha llevado su  afrentoso mensaje por las curtidas calles del país, sin más respuesta que una muy elocuente indiferencia. Sin embargo, al bucólico trayecto lo interrumpió un desplante que colocó en una límpida nitidez la esencia misma del proyecto.

Horizontum - javier-duarte-HazteOir-autobus

Cuando el autobús naranja se aposentaba en Tepetitlán, Jalisco, un grupo de notables comentaba ante la prensa los propósitos de la “gira”. Entre ellos un señor Juan Dabdoub, presidente de un Consejo Mexicano de la Familia. En eso andaban cuando, según los videos que rondan la red – https://www.youtube.com/watch?v=ixMHI59uG-s- una mujer, desde la izquierda de Dabdoub, le cuestionó sus creencias.

Raudo y decidido, Dabdoub colocó sin más la palma de su mano en la boca de quien lo cuestionaba. Como explicación, el interpelado adujo: “desafortunadamente tengo la mano muy larga y le alcancé a decir ‘espérate’, y ahí hubo contacto, pero no era la intención definitivamente callarla”.

Mi coronel, ¿qué se dice en estos casos?; yo digo que, a veces, los gestos hablan por sí solos. La muda elocuencia de los hechos.

 Verbal contingencia

Los arcanos del azar son misteriosos, a veces sospechosos, mi coronel. Nadie hubiera imaginado, en sus cabales, que entre los autores de aforismos que han sobrevivido las melindres del tiempo, contaríamos a Javier Duarte, el político más más malo de la comarca mexicana.

Como La Rochefoucauld – “La hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”-, o Baltasar Gracián – “Visto un león están vistos todos, pero visto un hombre sólo está visto uno, y además mal conocido”-, Duarte cedió a la posteridad un puñado de palabras que por incomprensibles no son menos valiosas.

Recién salía de  su tercera audiencia en Guatemala, en la que fue  informado de los delitos por los cuales la PGR lo acusaba, el exgobernador veracruzano se plantó ante los reporteros presentes –chacaleo que le llaman- e indicó, con la característica voz chillona que lo acompaña, que tenía algo que decir.

Luego soltó: “Paciencia, prudencia, verbal contingencia, dominio de ciencia, presencia o ausencia, según conveniencia”. Y la perplejidad se aposentó en quien tuvo oídos para escuchar.

Horizontum - javier-duarte-HazteOir-autobus

Cualquier persona, llamémosle, “normal”, se vería compungida, al menos preocupada, luego de recibir la noticia de que es acusada por los delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada. Pero Duarte no.

Por el contrario, Duarte tiene cabeza suficiente para soltar una oriflama verbal de grueso calibre, aunque, justo es decirlo, se parezca tanto a un dicho sevillano de manufactura similar: “En Sevilla –dice el refrán- hay que tener paciencia y prudencia, verbal continencia; no exhibir excesiva ciencia, y presencia y ausencia, según conveniencia”.

Los malquerientes dirán que Duarte lo ha dicho mal, mi coronel; otros, en cambio, insistirán que ha enloquecido.

Este periodista, más bien, cree que Duarte lo ha hecho mejor que muchos. Si la política mexicana, más que inteligencia, exige de sus actores una piel tan gruesa como su expediente judicial, y una sangre tan fría como las nieves sobre las que esquían cuando vacacionan en Utah, debemos reconocer en Duarte el mejor resumen de su generación política.

Y además, salió poeta.

Mi coronel, derecho dígame: ¿dónde se baja uno de este carrusel que, según me dicen, se llama México?

 

Seguiré informando, mi coronel, desde el imposible y muy mojado enigma chilango.

Filiberto García

Filiberto García, nació en la Ciudad de los Palacios, otrora México-Tenochtitlán. Formó parte, brevemente, de los servicios de inteligencia mexicanos.. Su paso en los entretelones del espionaje lo consignó un novelista de los buenos. Luego, Filiberto, herido por la abulia y temprano aburrimiento -su trabajo de espía no duró más que una novela- se dedicó a estudiar periodismo. Se le quedó lo de “mi coronel”, y a él le escribe, periódicamente, uno que otro análisis. A veces escribe en serio. Pero siempre lo hace en “Horizontum”. Pura sátira.