Ciudades mágicas: Más allá de la trama del cine de Woody Allen Ciudades mágicas: Más allá de la trama del cine de Woody Allen
A pesar de que el cine de Woody Allen ha sido apreciado mayormente por la capacidad de manejar la comedia y por el hecho... Ciudades mágicas: Más allá de la trama del cine de Woody Allen

A pesar de que el cine de Woody Allen ha sido apreciado mayormente por la capacidad de manejar la comedia y por el hecho de desdoblar su temperamento en personajes con neurosis y fobias, así como la construcción de historias que muestran las imperfecciones del ser humano con gran humor crítico, y la sátira a diversas situaciones de índole filosófica y psicoanalítica, representada por los diálogos en donde se exponen las relaciones de pareja fragmentadas; el cine de Allen es también un cine cuyos planteamientos narrativos se encuentran vinculados a lo urbano, específicamente a la ciudad de Nueva York.

Considerado como una especie de genio, el neoyorquino inició su carrera a los 16 años con la escritura de chistes (más de 40 al día) que se publicaban en diversos periódicos. A los 15 años comenzó a tocar el clarinete y muy pronto se posicionó como cómico en el Blue Angel, donde abandonó la timidez para lograr una interpretación auténtica que consiguió capturar al público. En aquel entonces, el boom de su personalidad inició su travesía hasta llegar a los programas televisivos donde surgió el mito Allen y su literatura empezó a publicarse en The New Yorker y Playboy.

Ciudades mágicas: Más allá de la trama del cine de Woody Allen

No obstante, su construcción narrativa cinematográfica evolucionaría de los gags a técnicas complejas de narración y a diversos elementos fílmicos: la voz en off como un flujo de la conciencia característica ya de su estilo, usos metaficcionales de la trama, contrastes en el manejo de la luz en las películas blanco y negro, hasta el uso de dibujos animados y la experimentación con el falso documental y la ciencia ficción.

Ahora bien, mientras que en la literatura el espacio puede comprenderse desde la narración, la descripción y los diálogos, en el cine adquiere una mayor amplitud cuando converge –además- con otros elementos del lenguaje cinematográfico: el montaje, la puesta en escena, la banda sonora y la composición de la imagen. Por lo tanto, el análisis del espacio fílmico a través de los encuadres y los planos, permiten al espectador percibir la composición al interior: como si se tratara de un cuadro pictórico o una ventana al mundo (como pensaba Bazin) nos permiten ver fragmentos del universo fílmico ficcional.

Escrita, dirigida y protagonizada como muchos de los filmes de Woody Allen, Manhattan (1979) expone una crítica sobre las relaciones de pareja desde los vínculos de la supuesta intelectualidad frente a la simpleza de los sentimientos honestos. Isaac Davis (Woody Allen), es un escritor de mediana edad que ha fracasado en su matrimonio, pero que tiene una relación con Tracy, una adolescente de 17 años. Pronto se enamora de Mary Wilkie (Diane Keaton), la amante de su mejor amigo, quien encarna una serie de diálogos de corte “intelectualoide” que se insertan en la comedia y que inevitablemente generan la risa en el espectador.

Sin embargo, más allá de la trama, el uso del espacio fílmico presenta a la ciudad de Manhattan en una cinta en blanco y negro con un alto grado de contrastes en el manejo de la luz: escenas muy oscuras en donde resaltan elementos con un brillo incandescente.

Fotograma de Manhattan, 1979.

Fotograma de Manhattan, 1979.

 

Las primeras secuencias nos muestran un montaje rápido al ritmo de Rapsodia en azul de Georges Gershwin, en donde el piano y el jazz nos sumergen en los escenarios posibles de la ciudad. Hay también una pantalla que se disloca y que, a razón del recurso técnico, la forma visual y los diálogos confirman el aislamiento psicológico y moral de los personajes. Así, presenciamos a cuadro cabezas que desaparecen o piernas que se quebrantan, pues en última instancia, la unión sentimental de Isaac y Mary será inalcanzable.

En Media noche en París (2011), la historia se desarrolla en la capital francesa. Gil Prender es un guionista de Hollywood que intenta incursionar en el arte de la literatura, pero su novela parece avanzar lentamente y con una premisa que resulta poco relevante para Inés su prometida, pues él añora un París nostálgico de los años veinte: un París bajo la lluvia donde existieron tiempos mejores. Como si se hiciera una analogía con un cuento de hadas, Gil se transporta a un París nocturno de ensueño y festín a través de una carroza que aparece cada vez que suenan las campanadas de la media noche. De repente, la ciudad se convierte en un escenario donde puede convivir con artistas como Hemingway, Dalí, Scott y Zelda Fitzgerald, Buñuel, Cole Porter y T.S Eliot.

En un ir y venir entre la ciudad parisina de día y su transformación, el personaje principal descubre su verdadero presente.

Ciudades mágicas: Más allá de la trama del cine de Woody Allen

Las secuencias que representan al París diurno poseen una gran belleza estética como si se asemejaran a un recorrido turístico donde presenciamos el Arco del Triunfo, el Molino Rojo, el Río Sena, el museo del Louvre, la Torre Eiffel, la catedral de Notre Dame y los cafés parisinos, incluso Woody Allen recrea los lagos donde Monet solía pintar sus aclamados nenúfares, recordándonos a París como una hermosa ciudad de representaciones artísticas. Algo distinto se presenta en la ciudad nocturna, ahí acaece la fiesta, el mundo onírico y surrealista, y la transformación de la temporalidad.

El espacio fílmico siempre es oscuro, donde la iluminación adquiere una especie de brillo ambarino en los espacios cerrados, como se da en los cabarets, acompañados siempre de música jazzística para transportarnos a universos y épocas perdidas que nunca regresarán.

Si bien, resulta placentero contemplar la valiosa capacidad de hacer comedia en el cine de Woody Allen, a pesar de que algunos críticos consideren que lo mejor de su obra se centra en los filmes trágicos, también es igual de significativo el manejo visual que le otorga a las diversas ciudades en su filmografía, donde sin duda, no puede escapar a la idealización de las mismas.

Yelenia Cuervo

Yelenia Cuervo

Estudió la carrera de Filosofía y el posgrado en Estética en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es Maestra en Filosofía y Medios de Comunicación con especialidad en Filosofía y Cine por el Instituto Salesiano de Estudios Superiores.