Chaná, una lengua que se creía perdida Chaná, una lengua que se creía perdida
Blas Jaime nació en Argentina hace 71 años, y durante mucho tiempo resguardó en su memoria, tal vez, el último vestigio de chaná Chaná, una lengua que se creía perdida

Blas Jaime nació en Argentina hace 71 años, y durante mucho tiempo resguardó en su memoria, tal vez, el último vestigio de chaná, una lengua que se creía extinguida desde hace un siglo.

Un día, en una conversación casual el anciano dijo que hablaba el idioma perdido, y la noticia fue conocida por el investigador Pedro Viegas, quien incrédulo sentenció: “Los chanás ya no existen”.

Pero Jaime cuenta que se lo enseñó su madre, quien lo había aprendido de su abuela, que a su vez lo heredó de la bisabuela, en una cadena de transmisión oral secreta que se remonta a siglos atrás, cuando los habitantes de estas comunidades comenzaron a ser perseguidos por los colonizadores españoles y evangelizados a la fuerza, en las orillas del río Uruguay.

La historia es rescatada en el documental Lantéc chaná, que trae de vuelta la memoria del grupo étnico que vivió en el litoral argentino, y basa su historia en el testimonio de Jaime.

“Los nombres aborígenes fueron prohibidos (…) Y a las niñas que hablaban chaná les cortaban la punta de la lengua”, explica en el documental, y afirma que por esta razón no le enseñó el idioma a su hija.

Jaime convenció a Viegas en 2005 cuando dijo que “Timú” le dice el chaná al hijo. “Atá” es el agua, “ata má” es el río, y “vanatí ata ma” los hijos del río, los arroyos. “Beada” -la palabra favorita de Jaime- significa madre y “beada á”, la Tierra. El árbol es el hijo de la Tierra, “vanatí beada”, y sus ramas se denominan “palá”.

Desde entonces, ambos se dispusieron a resctar esta lengua perdida, así como lo que recordaba de la cultura chaná, y lograron que en 2010 el idioma fuera incluido en el Atlas de lenguas del mundo en peligro de la Unesco y en 2014 publicaron el primer Diccionario Chaná-Español Español-Chaná.

Sobre la cultura de su etnia, Jaime dice que le gustaría sobrevivieran algunos valores, como el “respeto a la mujer”. El pueblo chaná era un matriarcado, en el que las mujeres eran las responsables de impartir justicia y de transmitir la cultura de madres a hijas.

Otro de los valores que quisiera perdurara es “el respeto a los niños y a la madre naturaleza. Los chanás creemos que es un ser vivo y que su sangre son los ríos y los arroyos”, afirma en el documental, de la realizadora Marina Zeising.


La Redacción

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