Carstens, ¿un legado insuperable? Carstens, ¿un legado insuperable?
Las decisiones en política monetaria de los Bancos Centrales han tomado hoy en día una importancia muy relevante. Sin éstas no se podría entender... Carstens, ¿un legado insuperable?

Las decisiones en política monetaria de los Bancos Centrales han tomado hoy en día una importancia muy relevante. Sin éstas no se podría entender y justificar, por ejemplo, la forma en que los Estados Unidos salió de la crisis del 2008, mucho más severa que la década de los años 30 del siglo pasado. El efecto dominó aún perdura en regiones desarrolladas de Europa y, desde luego, en México.

Los Bancos Centrales autónomos en el mundo, dirigidos por juntas de Gobierno como la del Sistema de la Reserva Federal en Estados Unidos (FED), el Banco Central Europeo o el Banco Central de Japón, son hoy más influyentes con sus decisiones de política monetaria, que las de los gobiernos centrales. Sobre todo, en la administración de capítulos de crisis, como en la regulación de períodos de expansión, con el propósito esencial de enfrentar al fenómeno inflacionario en primera instancia, así como incidir en el crecimiento económico y en el nivel de empleo, cuando sus facultades constitucionales se los permite.

En México, nuestro Banco Central como organismo autónomo es relativamente joven, comparado con otros del mundo. Este 1 de abril de 2017 estará cumpliendo la Ley que lo creó, 23 años de existencia, aunque realmente tiene muchos más tiempo. . Vale la pena mencionar que nuestro Banco Central tiene más años. Nació el 25 de agosto de 1925 como un organismo descentralizado del gobierno federal, pero sin autonomía.

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Este pasaje histórico tiene su razón de entendimiento y trascendencia de lo que ahora decide la junta de gobierno, compuesta por un Gobernador y cuatro subgobernadores, ya que es de suponer que, aunque está exento de la influencia en su toma de decisiones del Gobierno en turno, de ninguna manera está ajeno a coordinarse en algunas decisiones de política económica, que de manera responsable asume con el gobierno federal, como lo es en la Comisión de Cambios.

Un Banco Central es visible ante la opinión pública a través de su Gobernador. Ni que decir de la influencia y atracción de reflectores de la Sra. Janet Yellen, en el caso de la FED, y en México, la del Dr. Agustín Carstens, como gobernador de Banco de México. Sus declaraciones públicas son constantes e influyen en la interpretación que sus interlocutores hacemos de sus exposiciones.

Cómo olvidar aquellas declaraciones previas a la llegada de la crisis norteamericana del 2008, cuando en sus funciones como Secretario de Hacienda y Crédito Público, Carstens se refería a cierta inmunidad de nuestra economía, ante capítulos de crisis en Estados Unidos, como una neumonía, y que a México sólo nos impactaría con un catarrito. Los hechos ante estas metáforas no sólo le restaron credibilidad temporal, sino hicieron dudar de su visión como Secretario de Hacienda. Este estigma lo persiguió hasta su llegada a la gubernatura de Banco de México, en el año 2010.

Agustín Carstens llegó como Gobernador de Banco de México en un período de maduración de esa institución, que recuperó su credibilidad técnica bajo la conducción de Guillermo Ortiz Martínez. ¿Quién recuerda a Miguel Mancera Aguayo como el primer gobernador de Banco de México como organismo autónomo? La novatada que tuvo que pagar en su primer año de autonomía fue enfrentar la crisis del “Efecto tequila”, a la que el propio Banco Central contribuyó. No es una anécdota el recordar que esa crisis hizo especular de que había que dar marcha atrás con la autonomía de Banco de México y sustituirlo por un Consejo Monetario, o bien en dolarizar la economía para frenar la crisis, no solo económico-financiera, sino de credibilidad en nuestra institución..

La metáfora del catarrito que se convirtió en pulmonía para México en el año 2009, desde luego no hizo pensar que Don Agustín Carstens no fuera el hombre ideal para conducir el Banco de México. Al contrario sus cartas credenciales, como su paso por el Fondo Monetario Internacional y el propio Banco de México en los años 80, hicieron que la propuesta del expresidente Felipe Calderón, aprobada por el Senado, lo colocara como gobernador, del año 2010 al último día del año 2015.

En ese período, su liderazgo y credibilidad,  respaldados por los resultados del Banco de México, hicieron que en enero de 2011 el Consejo de Administración del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), que es la institución financiera más antigua del mundo y agrupa a 60 bancos centrales que representan cerca del 95% del PIB mundial, lo eligiera como integrante de dicho Consejo.

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En ese mismo primer período de gestión de Agustín Carstens al frente de Banco de México, recibió muy diversos reconocimientos y nombramientos como Banquero Central del Continente Americano en los años 2011 y 2013 por la revista Emerging Markets; en 2012, la revista The Banker le otorgó el reconocimiento de Mejor Gobernador de un Banco Central para ese mismo año; de abril de 2013 a marzo de 2015 presidió el Comité Permanente de Evaluación de Vulnerabilidades (SCAV, por sus siglas en inglés), del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB); el 1 de julio de 2013 fue designado para presidir el Comité Económico Consultivo (Economic Consultative Council, ECC) y la Reunión de la Economía Mundial (Global Economy Meeting, GEM del BIS), ambos encargados de llevar a cabo las tareas de coordinación y cooperación entre bancos centrales, en favor de la estabilidad monetaria y financiera global. En 2015 fue elegido por tres años como miembro del Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI), el órgano rector de las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Con esa suma de reconocimientos, el 17 de septiembre de 2015 fue nuevamente designado en su cargo por el presidente Enrique Peña Nieto y ratificado por el Senado de la República como Gobernador del Banco de México, para el período del 1 de enero de 2016 al 31 de diciembre de 2021. Pero ese período no va a cumplirlo, porque anunció su renuncia el pasado 1 de diciembre de 2016. Mismas fecha en la que el Consejo de Administración del BIS, lo designó como Gerente General de ese organismo. Agustín Carstens será el primer banquero central de una economía emergente que ocupe esta estratégica posición.

Pero su designación y aceptación como Gerente General del BIS causó sorpresa y preocupación por el momento escogido para anunciar oficialmente esta nueva responsabilidad, ya que la coyuntura por la que atravesaba el país, particularmente el mercado cambiario, por el efecto Trump, hacía suponer si de verdad estaba aceptando por una  distinción a  su persona, o por sus diferencias con la errática y peligrosa conducción de la política fiscal orquestada desde Los Pinos y evidenciada en las minutas de la juntas de gobierno del Banco, con las que ya no estaba dispuesto a lidiar. Agustín Carsten,  fiel a su costumbre, contestó: “Todavía voy a estar aquí (en Banxico) siete meses más y espero que la tormenta no dure tanto”, negando que “abandonaba el barco en medio de la tormenta”.

Sin embargo, la Presidencia de la República logró convencerlo de que postergue su salida hasta el 30 de noviembre de 2017. Tiempo suficiente para que el presidente Peña Nieto haga la nueva propuesta de designación al Senado de la República. La designación de una persona que lo sustituya en el puesto de Gobernador  ha creado una elevada expectativa, dado el alto perfil requerido de capacidades técnicas, credibilidad y continuidad que hoy esperan los actores económico-financieros y toda la población en general. Nadie escapa al impacto de las resoluciones que, en materia de política monetaria, toma la junta de gobierno para cumplir con su mandato de contribuir con la estabilización de precios y proteger el poder adquisitivo de nuestra moneda, como también del sano funcionamiento de los sistemas financiero y de pagos.

Sustituible o no; imprescindible o no, Agustín Carstens ha dejado una huella en un Banco Central, que pudo haber perdido todo en 1995 y que ahora, a 23 años de autonomía, goza de buena salud y madurez para responder a los mexicanos de a pie, quienes reclamamos instituciones y personas creíbles y confiables. Exigimos un funcionario del más alto perfil y experiencia que esté a la altura de las circunstancias de hoy, capaz de anteponer los intereses del país por encima de los personales. Un capitán que sea el último en abandonar el barco, parafraseando al propio Carstens, quien deja un legado casi insuperable.

Raymundo Tenorio Aguilar