Cantinas y bares de la Ciudad de México / Tercera Parte Cantinas y bares de la Ciudad de México / Tercera Parte
Otra cantina destacada del centro (entre las que menciona Armando Jiménez en su libro Lugares de gozo, retozo, ahogo y desahogo en la Ciudad... Cantinas y bares de la Ciudad de México / Tercera Parte

 

Otra cantina destacada del centro (entre las que menciona Armando Jiménez en su libro Lugares de gozo, retozo, ahogo y desahogo en la Ciudad de México), es “La castellana”, que contaba con reservados. Se localizaba, y aún se localiza, en la esquina de Antonio Caso e Insurgentes. Es un lugar interesante, ya que a él acudían, por su carácter silencioso, personajes de la cultura, como el escritor y periodista Renato Leduc, y el compositor Álvaro Carrillo (Sabor a mí, La mentira); aunque también era frecuentada por personajes siniestros que compositores y escritores rehuían, como el abogado Bernabé Jurado, mafioso que contó con más de medio centenar de amantes, cuya esposa se suicidó (suerte que corrió también el oscuro leguleyo).

“La jalisciense” no se hallaba en el centro de la ciudad, pero me pareció adecuado incluirla en la lista de esta columna, por su antigüedad y por su vínculo cultural con el centro de la urbe. Estaba y está aún ubicada en el antiguo pueblo de Tlalpan, en medio de extensos terrenos que pertenecieron originalmente a Carlota Amalia de Habsburgo. A ella acudía el poeta y periodista Manuel Gutiérrez Nájera, quien visitaba temprano este negocio, cuando había poca clientela, para leer el periódico y escribir. Después se dirigía al Jockey Club, en la Casa de los Azulejos.

“El nivel”, una de las más famosas cantinas a nivel nacional, se localizaba en una esquina del Zócalo capitalino. Tomó su nombre del monumento a un costado de Catedral, erigido en 1879 para medir el crecimiento de las aguas después de una terrible inundación acontecida a inicios del siglo XIX. Antiguamente era el “Café correo”, sitio predilecto de capitalinos para chismorreos políticos y artísticos. A “El nivel” llegaron a concurrir incluso presidentes de la república, como Sebastián Lerdo de Tejada y Manuel Ávila Camacho, a quienes les bastaba cruzar la calle para beber un buen whisky o un delicioso ron. Actualmente, el edificio pertenece a la UNAM, y se halla en proceso de remodelación.

“El Salón Correo” se hallaba en el cruce de las calles de Tacuba y Eje Central, justo donde ahora se localiza el Palacio Postal de Correos de México (inaugurado por Porfirio Díaz).  Allí acudían personalidades como Jesús Urueta, quien le daría nombre al parque de la colonia Roma que hoy se conoce como Jardín Pushkin. A Jesús Urueta, por sus dotes oratorias lo llamaron “El príncipe de la Palabra”. Escribió varios libros, colaboró en El Siglo XXI y, debido a sus críticas al dictador Victoriano Huerta, tuvo unas vacaciones forzosas en la peni de Lecumberri, como lo hace saber Armando Jiménez. También visitaba el lugar el actor Pancho Cardona, empresario del teatro Orrin; y por sus afueras paseaba la famosa prostituta apodada “El fantasma del Correo”, por haberse hecho fea al paso de los años.

En fin, por el momento basta de copas, aunque mucho nos gusten. Salgamos a recorrer las calles. Nos vemos en la próxima entrega de esta columna para fabular más sobre la Ciudad de México.

Ulises Paniagua

Ulises Paniagua

Ulises Paniagua (México, 1976). Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Tiene un posgrado en la especialidad de imaginarios literarios. Es autor de una novela: La ira del sapo (2016); así como de cuatro libros de cuentos: Patibulario, cuentos al final del túnel, (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), y Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015). Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015).