Candidatos del Edomex: otro debate para el olvido, nada para nadie Candidatos del Edomex: otro debate para el olvido, nada para nadie
La estelaridad del debate como momento definidor en contextos electorales competitivos fue conculcada. Al menos, así fue en el plano político mexiquense. A ello... Candidatos del Edomex: otro debate para el olvido, nada para nadie

La estelaridad del debate como momento definidor en contextos electorales competitivos fue conculcada. Al menos, así fue en el plano político mexiquense. A ello abonó el chato ejercicio que tuvo lugar la noche de ayer. Ni siquiera podría acreditarse de debate. Se trató, en realidad, de un contenido ejercicio, pautado por monólogos insuficientes y ataques no correspondidos. Lo único, quizá, relevante por evidente del intercambio, fue verificar la ubicación real de los candidatos en las preferencias electorales del Estado de México.

Así, en los destinatarios de los ataques perpetrados se revela el orden decreciente en los aspirantes a la gubernatura mexiquense. Por principio de cuentas, el encono discursivo de Alfredo del Mazo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sobre Delfina Gómez, del Movimiento de Renegación Nacional (MORENA), revela la urgencia por decantar el primer lugar de las preferencias electorales, a favor del heredero del clan Del Mazo. El mutis continuo de la candidata sobre los señalamientos de los que fue objeto, se explica en la convencional estrategia que rige las declaraciones de los punteros: el que va arriba no ataca, resiste. Sin embargo, en vista de los señalamientos tumultuarios que se ceban en la ex presidenta municipal de Texcoco, la estrategia debería ser replanteada.

La estelaridad del debate como momento definidor en contextos electorales competitivos fue conculcada. Al menos, así fue en el plano político mexiquense. A ello abonó el chato ejercicio que tuvo lugar la noche de ayer. Ni siquiera podría acreditarse de debate. Se trató, en realidad, de un contenido ejercicio, pautado por monólogos insuficientes y ataques no correspondidos. Lo único, quizá, relevante por evidente del intercambio, fue verificar la ubicación real de los candidatos en las preferencias electorales del Estado de México. Así, en los destinatarios de los ataques perpetrados se revela el orden decreciente en los aspirantes a la gubernatura mexiquense. Por principio de cuentas, el encono discursivo de Alfredo del Mazo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sobre Delfina Gómez, del Movimiento de Renegación Nacional (MORENA), revela la urgencia por decantar el primer lugar de las preferencias electorales, a favor del heredero del clan Del Mazo. El mutis continuo de la candidata sobre los señalamientos de los que fue objeto, se explica en la convencional estrategia que rige las declaraciones de los punteros: el que va arriba no ataca, resiste. Sin embargo, en vista de los señalamientos tumultuarios que se ceban en la ex presidenta municipal de Texcoco, la estrategia debería ser replanteada. De acuerdo con El Universal, en la encuesta publicada este 8 de mayo, la disputa por el Estado de México es únicamente de dos personajes: Del Mazo y Gómez. Entre ellos, la diferencia es de 1.6 puntos porcentuales, lo que constituye, en los hechos, un empate técnico con el abanderado del PRI a la cabeza de las preferencias electorales, con 19.1% para el priista, y 17.5% para la de MORENA. En cuanto a la insistencia de Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional, por atacar a Del Mazo –sobre quien focalizó la mayoría de sus ataques-, se encuentra la clara intención de recuperar parte del terreno cedido a Juan Zepeda, el candidato del Partido de la Revolución Democrática. En efecto, según la encuesta ya citada, el antiguo alcalde de Nezahualcóyotl desplazó a la panista hacia el cuarto lugar. Con una muy discreta diferencia de 0.3%, el perredista aspira a un mayor protagonismo en la contienda, aunque, a decir verdad, un crecimiento de siete puntos, al menos, luce improbable. Del desempeño de los protagonistas del debate poco habría que añadir. Delfina Gómez tuvo un desenvolvimiento deficiente, la estructura de sus intervenciones fue desordenada; más grave aún resultó su insistente silencio para hacer frente, de una buena vez, a las acusaciones que ponen entredicho el manejo de los dineros públicos durante su administración en Texcoco; no obstante, el uso de un lenguaje asequible hizo más sencilla la transmisión de su mensaje. Del Mazo, en tanto, aunque formalmente correcto y estructurado, acusa una evidente falta de carisma y empatía. Vázquez Mota se encuentra en una posición similar a la del priista; sin embargo, logró situar nuevos y delicados ataques a Del Mazo, como el de la presunta protección que este concedió, durante su administración en Huixquilucan, a diversos capos del narcotráfico. Zepeda fue quien registró un mejor desempeño en el debate. Además de polemizar con sus adversarios, mostró buenos reflejos en las réplicas y contrarréplicas que se sucedieron. Asimismo, fue claro en su negativa para concretar su declinación -propuesta por Andrés Manuel López Obrador- en favor de la candidata de MORENA, lo que no se traduciría, desde luego, en un exponencial crecimiento para su candidatura en los próximos días. En realidad, es muy probable que suba un poco más en las encuestas, pero difícilmente se colará a los primeros dos lugares de las preferencias electorales. De la candidata independiente, Teresa Castell, destacó la pobreza argumental de sus propuestas y acometidas. Acusa una evidente falta de recursos retóricos, más allá de su elemental contraste entre los “políticos” y ella. Óscar González, candidato del Partido del Trabajo, acabó, finalmente, por marginar su postura en la lógica de radicalizarse como representante de la “verdadera izquierda”. El ejercicio esbozado da cuenta del desgaste que acusan formatos similares. Si en la organización de estos eventos, la lógica política de su realización continúa respondiendo a las necesidades de los partidos, más que a las de la ciudadanía, los debates pasarán a ser eventos francamente anecdóticos, accesorios, en las campañas electorales. No obstante, más allá de la búsqueda de formatos novedosos y atractivos, la cuestión medular, en todo caso, sería la calidad argumental de los contendientes y la reciedumbre de sus propuestas.

De acuerdo con El Universal, en la encuesta publicada este 8 de mayo, la disputa por el Estado de México es únicamente de dos personajes: Del Mazo y Gómez. Entre ellos, la diferencia es de 1.6 puntos porcentuales, lo que constituye, en los hechos, un empate técnico con el abanderado del PRI a la cabeza de las preferencias electorales, con 19.1% para el priista, y 17.5% para la de MORENA.

En cuanto a la insistencia de Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional, por atacar a Del Mazo –sobre quien focalizó la mayoría de sus ataques-, se encuentra la clara intención de recuperar parte del terreno cedido a Juan Zepeda, el candidato del Partido de la Revolución Democrática. En efecto, según la encuesta ya citada, el antiguo alcalde de Nezahualcóyotl desplazó a la panista hacia el cuarto lugar. Con una muy discreta diferencia de 0.3%, el perredista aspira a un mayor protagonismo en la contienda, aunque, a decir verdad, un crecimiento de siete puntos, al menos, luce improbable.

Del desempeño de los protagonistas del debate poco habría que añadir. Delfina Gómez tuvo un desenvolvimiento deficiente, la estructura de sus intervenciones fue desordenada; más grave aún resultó su insistente silencio para hacer frente, de una buena vez, a las acusaciones que ponen entredicho el manejo de los dineros públicos durante su administración en Texcoco; no obstante, el uso de un lenguaje asequible hizo más sencilla la transmisión de su mensaje. Del Mazo, en tanto, aunque formalmente correcto y estructurado, acusa una evidente falta de carisma y empatía.

La estelaridad del debate como momento definidor en contextos electorales competitivos fue conculcada. Al menos, así fue en el plano político mexiquense. A ello abonó el chato ejercicio que tuvo lugar la noche de ayer. Ni siquiera podría acreditarse de debate. Se trató, en realidad, de un contenido ejercicio, pautado por monólogos insuficientes y ataques no correspondidos. Lo único, quizá, relevante por evidente del intercambio, fue verificar la ubicación real de los candidatos en las preferencias electorales del Estado de México. Así, en los destinatarios de los ataques perpetrados se revela el orden decreciente en los aspirantes a la gubernatura mexiquense. Por principio de cuentas, el encono discursivo de Alfredo del Mazo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sobre Delfina Gómez, del Movimiento de Renegación Nacional (MORENA), revela la urgencia por decantar el primer lugar de las preferencias electorales, a favor del heredero del clan Del Mazo. El mutis continuo de la candidata sobre los señalamientos de los que fue objeto, se explica en la convencional estrategia que rige las declaraciones de los punteros: el que va arriba no ataca, resiste. Sin embargo, en vista de los señalamientos tumultuarios que se ceban en la ex presidenta municipal de Texcoco, la estrategia debería ser replanteada. De acuerdo con El Universal, en la encuesta publicada este 8 de mayo, la disputa por el Estado de México es únicamente de dos personajes: Del Mazo y Gómez. Entre ellos, la diferencia es de 1.6 puntos porcentuales, lo que constituye, en los hechos, un empate técnico con el abanderado del PRI a la cabeza de las preferencias electorales, con 19.1% para el priista, y 17.5% para la de MORENA. En cuanto a la insistencia de Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional, por atacar a Del Mazo –sobre quien focalizó la mayoría de sus ataques-, se encuentra la clara intención de recuperar parte del terreno cedido a Juan Zepeda, el candidato del Partido de la Revolución Democrática. En efecto, según la encuesta ya citada, el antiguo alcalde de Nezahualcóyotl desplazó a la panista hacia el cuarto lugar. Con una muy discreta diferencia de 0.3%, el perredista aspira a un mayor protagonismo en la contienda, aunque, a decir verdad, un crecimiento de siete puntos, al menos, luce improbable. Del desempeño de los protagonistas del debate poco habría que añadir. Delfina Gómez tuvo un desenvolvimiento deficiente, la estructura de sus intervenciones fue desordenada; más grave aún resultó su insistente silencio para hacer frente, de una buena vez, a las acusaciones que ponen entredicho el manejo de los dineros públicos durante su administración en Texcoco; no obstante, el uso de un lenguaje asequible hizo más sencilla la transmisión de su mensaje. Del Mazo, en tanto, aunque formalmente correcto y estructurado, acusa una evidente falta de carisma y empatía. Vázquez Mota se encuentra en una posición similar a la del priista; sin embargo, logró situar nuevos y delicados ataques a Del Mazo, como el de la presunta protección que este concedió, durante su administración en Huixquilucan, a diversos capos del narcotráfico. Zepeda fue quien registró un mejor desempeño en el debate. Además de polemizar con sus adversarios, mostró buenos reflejos en las réplicas y contrarréplicas que se sucedieron. Asimismo, fue claro en su negativa para concretar su declinación -propuesta por Andrés Manuel López Obrador- en favor de la candidata de MORENA, lo que no se traduciría, desde luego, en un exponencial crecimiento para su candidatura en los próximos días. En realidad, es muy probable que suba un poco más en las encuestas, pero difícilmente se colará a los primeros dos lugares de las preferencias electorales. De la candidata independiente, Teresa Castell, destacó la pobreza argumental de sus propuestas y acometidas. Acusa una evidente falta de recursos retóricos, más allá de su elemental contraste entre los “políticos” y ella. Óscar González, candidato del Partido del Trabajo, acabó, finalmente, por marginar su postura en la lógica de radicalizarse como representante de la “verdadera izquierda”. El ejercicio esbozado da cuenta del desgaste que acusan formatos similares. Si en la organización de estos eventos, la lógica política de su realización continúa respondiendo a las necesidades de los partidos, más que a las de la ciudadanía, los debates pasarán a ser eventos francamente anecdóticos, accesorios, en las campañas electorales. No obstante, más allá de la búsqueda de formatos novedosos y atractivos, la cuestión medular, en todo caso, sería la calidad argumental de los contendientes y la reciedumbre de sus propuestas.

Vázquez Mota se encuentra en una posición similar a la del priista; sin embargo, logró situar nuevos y delicados ataques a Del Mazo, como el de la presunta protección que este concedió, durante su administración en Huixquilucan, a diversos capos del narcotráfico.

Zepeda fue quien registró un mejor desempeño en el debate. Además de polemizar con sus adversarios, mostró buenos reflejos en las réplicas y contrarréplicas que se sucedieron. Asimismo, fue claro en su negativa para concretar su declinación -propuesta por Andrés Manuel López Obrador- en favor de la candidata de MORENA, lo que no se traduciría, desde luego, en un exponencial crecimiento para su candidatura en  los próximos días. En realidad, es muy probable que suba un poco más en las encuestas, pero difícilmente se colará a los primeros dos lugares de las preferencias electorales.

De la candidata independiente, Teresa Castell, destacó la pobreza argumental de sus propuestas y acometidas. Acusa una evidente falta de recursos retóricos, más allá de su elemental contraste entre los “políticos” y ella. Óscar González, candidato del Partido del Trabajo, acabó, finalmente, por marginar su postura en la lógica de radicalizarse como representante de la “verdadera izquierda”.

El ejercicio esbozado da cuenta del desgaste que acusan formatos similares. Si en la organización de estos eventos, la lógica política de su realización continúa respondiendo a las necesidades de los partidos, más que a las de la ciudadanía, los debates pasarán a ser eventos francamente anecdóticos, accesorios, en las campañas electorales. No obstante, más allá de la búsqueda de formatos novedosos y atractivos, la cuestión medular, en todo caso, sería la calidad argumental de los contendientes y la reciedumbre de sus propuestas.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.