Beatriz Espejo revela “robo” de Leñero Beatriz Espejo revela “robo” de Leñero
Anécdotas personales y familiares se funden con la ficción en un fino hilado que entreteje Beatriz Espejo, quien la noche del martes 9 compartió... Beatriz Espejo revela “robo” de Leñero

Anécdotas personales y familiares se funden con la ficción en un fino hilado que entreteje Beatriz Espejo, quien la noche del martes 9 compartió diferentes momentos de su vida, incluyendo por vez primera una confesión profesional en público, cuando aseveró que Vicente Leñero publicó en la revista Claudia un reportaje escrito por ella pero con la firma de él.

“La revista Claudia fue una publicación de Novedades que apareció muy corto tiempo”, a la que la joven Beatriz acudió luego de recibir un telegrama en el que le solicitaban sus servicios, específicamente el reportaje de la página central. Espejo relata que llevó once cuartillas pero el director le empezó a gritonear porque requería 20. Finalmente acordaron que le regresarían el texto al día siguiente. “Era la época en que no había fotocopiadoras y en efecto me llevaron mis cuartillas, pero cuando sale (el número siguiente de) Claudia me doy cuenta que mis once cuartillas aparecían firmadas por Vicente Leñero. Él hizo las nueve restantes y copio las once mías. Nunca se lo perdoné. Es la primera vez que lo cuento en público porque fue uno de esos latrocinios terribles”, expresó.

“Un día me fue a ver y me dijo: ‘tu eres una niña soltera, gastalona y yo estoy casado, con hijos, y tengo necesidad’ pero eso no amerita robar a los demás. Nunca pudimos ser amigos”, aseveró.

Horizontum. Beatriz Espejo revela "robo" de LeñeroComo parte del ciclo Mujeres de Letras, organizado por la Coordinación Nacional de Literatura del INBA, la escritora dialogó en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes con el periodista Huemanzin Rodríguez, conductor del programa Noticias22 del Canal cultural paraestatal, a quien le manifestó algunos de sus gustos literarios: Truman Capote, Ernest Hemingway, William Faulkner y Marcel Proust, a quien leyó “de una manera salvaje”.

Su formación en escuelas religiosas francesas pero sobre todo en su propio hogar le permitieron ser una alumna destacada en la Facultad de Filosofía y Letras, donde fue compañera de una generación de futuras figuras literarias como Salvador Elizondo, Huberto Batis, Cristina Pacheco, José Emilio Pacheco; devota de Julio Torri, quien influyó en su estilo narrativo, al igual que Juan José Arreola, otro de sus maestros, aunque este último por fuera de la Máxima Casa de Estudios.

Nacida en 1939 en el puerto de Veracruz y proveniente de una familia yucateca que decidió radicar en la Ciudad de México, Espejo aseguró que, en su obra, “hay mucho de autobiográfico que ocurre en Veracruz, Mérida y D.F., principalmente. Aunque hay mucha obra que ocurre también en Europa a partir de los distintos viajes que he hecho y de repente me inspiro”, dijo a raíz de que su interlocutor abriera la conversación sobre el lugar donde nació la narradora, lo que motivó una extensa explicación, de casi 10 minutos.

Precisó que ella nació en el Puerto, en el hospital que dirigía Vicente Melo, padre del también escritor Juan Vicente Melo, recordando así uno de sus relatos más célebres: “Soy producto de un amor muy padre. Se los cuento brevísimo, aunque es uno de mis mejores cuentos, que quiero mucho, y se llama ‘Viviré para ti'”, como un bolero poco conocido, interpretado por Antonio Badú:

“No porque la haya escrito yo, van a decir que soy vanidosa, pero está escrita con mucho amor, muy sutilmente llevada la acción”. La he publicado en varias partes”, refirió.

“Mi papá me contó que un día, en el Puerto de Veracruz, en el tiempo en que había portales, que él estaba en el Diligencias tomándose una cerveza con unos amigos cuando vio pasar a mi mamá que iba rumbo a su casa, que estaba exactamente detrás del Zócalo, y dijo: con esa muchacha me cas”o. Sus amigos le hicieron notar que era una chica ‘muy pesada’, hija de hacendados a quienes les quitaron la Hacienda y por tanto estaría empeñada en casarse con un rico mientras que él apenas era un muchacho, sin nada que ofrecer. Sin embargo, él no escuchó los consejos y fue a alcanzarla en el Zócalo y le dijo ‘Señorita se quiere usted casar conmigo’ y aunque no recibió respuesta alguna, “desde ese día se dedicó a enamorarla con una asiduidad terrible”: le llevaba serenatas a la usanza de Veracruz: en camiones con Toña La Negra, un piano y Agustín Lara. Pero su madre siempre se mostró “inconmovible”, rompía las cartas sin leerlas hasta que un día le dio sarampión, una enfermedad monstruosa en aquella época, y ya mancillada por la enfermedad y sin cura, su padre aprovechó para presentarse con la promesa de un médico de la capital, lo que generó que la abuela, Doña Lucía, se ablandara y lo dejara entrar a la casa, a la recámara, donde estuvo día y noche hasta que ella despertó y estiró la mano, a la espera del anillo de compromiso.

“Mis padres se casaron con muchas dificultades porque Antonio, el padre de mi padre, o sea el abuelo paterno no quería ir a la boda. Afirmó que nunca vivió en Veracruz; sin embargo su mamá decidió tenerla allá. “Estaban apuradísimos porque no tenían para pagar y en eso llegó mi abuelo al hospital y metió un billete de cien pesos debajo de la almohada y antes de irse le pidió un favor a su mamá”:

—¿qué favor Don Antonio?

—Quiero que se llame como mi propia mamá.

“Mi mamá me contaba que ella pensaba ponerme Máxima Consuelo, como ella. Gracias a mi abuelo me puso Beatriz, que se oye mucho mejor”, aseguró.

Horizontum. Beatriz Espejo revela "robo" de Leñero

Compartió también su acercamiento a la lectura, con los cuentos de hadas y princesas en primer lugar: “Dicen que empecé a leer muy chica; leía al revés los periódicos. Y me metieron a la escuela porque era insoportablemente traviesa y no sé cómo me aguantaban las monjas, porque toda mi vida me la pase de escuela de monjas en escuela de monjas y todo mundo me quería quitar el diablo y nadie pudo”, ironizó.

“Como era monja, casi, una monja diablesca, las monjas carmelitas nos hacían leer a los místicos: Santa Teresa, San Juan de la Cruz… leía poesía pero Santa Teresa me impresionaba muchísimo”, exclamó.

Habló también de cómo surgió su vocación por la escritura: “A los 12 años las monjas nos dejaron una composición sobre lo que es la guerra y lo que es la paz. A mí se me ocurrió hacer un cuento sobre la doctora Wilson que andaba recogiendo heridos en el campo de batalla y según yo, eso era la paz y los heridos eran la guerra. Fue una rechifla en el salón, carcajadas, gisazos, hubo de todo y la única que permaneció sumamente adusta y serie fue la Madre Graciela quien al terminar me dijo: Beatriz, lo que tu debes estudiar es filosofía y letras, debes ser doctora en letras y yo le respondí: Madre, ¿se puede ser doctora en letras?, pensé que ser doctora era sólo para curar enfermos.” Y así fue como decidió involucrarse en la academia.

Relató que el primer escritor que conoció fue Rómulo Gallegos: “Eso fue chistosísimo porque mi papá me preguntó si seguía con la idea de ser escritora y le dije sí sí; pues fíjate que hay una fiesta en la Embajada de Líbano y te voy a invitar para que vayas con tu mamá y conmigo. Fue fantástico porque a mí no se me hubiera ocurrido ir a una embajada a los 14 o 15 años”. Para ese momento ya había leído Canaima, Doña Bárbara “y la otro novela importante de Gallegos. De repente me dice mi papá ven, entonces en un cuarto estaba Rómulo sentado, viendo hacia el infinito, y yo lo reconocí por los retratos de los libros que había leído. Fíjese lo que es la juventud, lo tonto que es uno. Ahora pienso ¡qué boba!, pude haber entrado y decirle Don Rómulo yo leí Doña Bárbara y Canaima; hubiera sido como un regalo para él que venía expulsado de Venezuela y estaba sumamente deprimido”.

A los 20 años, tras la muerte de su padre, entró a dar clases de Etimologías recomendada por su maestro José Palafox. “Era muy divertido. Cuando empecé a trabajar me gustó ganar mi dinero y gastarlo desaforadamente”.

Beatriz Espejo ha sido reconocida con el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 1993 por El cantar del pecador, y el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 1996 por Alta costura. Asimismo, en 2009 fue reconocida con la Medalla Bellas Artes y en su honor, desde hace 17 años el gobierno de Yucatán entrega el Premio Nacional de Cuento “Beatriz Espejo”. En 2004 el Fondo de Cultura Económica compiló su obra en Cuentos reunidos y en 2008, la Universidad Veracruzana publicó su antología personal El ángel de mármol.


Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.