Ayer fueron españoles y argentinos, hoy toca refugiar a venezolanos Ayer fueron españoles y argentinos, hoy toca refugiar a venezolanos
Cada vez son más las voces que instan al gobierno mexicano a abrir sus puertas a los venezolanos que, por la crisis en su... Ayer fueron españoles y argentinos, hoy toca refugiar a venezolanos

Cada vez son más las voces que instan al gobierno mexicano a abrir sus puertas a los venezolanos que, por la crisis en su país, solicitan asilo político a México. El volumen de las solicitudes, en los últimos cinco años, ha aumentado exponencialmente. Una pista más de la desastrada circunstancia venezolana.

De acuerdo con la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (Acnur), Venezuela es uno de los cinco países en los que más refugiados piden asilo al gobierno mexicano. Una lista en la que se cuentan El Salvador, Guatemala, Haití y Honduras, países con un largo historial de desestabilidad y altos índices de criminalidad.

Los datos que arroja el estudio “Refugiados en México: de la respuesta humanitaria a la integración laboral”, elaborado por la Acnur, son estremecedores. En solo seis años, del 2011 al 2016, la cifra de refugiados que solicitan asilo se incrementó en un 1000%; es decir, de 752 solicitudes que eran recibidas en el 2011, pasaron a 8, 781 en el 2016.

Ayer fueron españoles y argentinos, hoy toca refugiar a venezolanos

El protagonismo ejercido por México, como horizonte latinoamericano para la recepción de refugiados, se conjuga con el aislacionismo operado por la administración de Donald Trump. Su pretensión por amurallar Estados Unidos, tras los confines de sus prejuicios étnicos y sociales, ha despojado a la nación norteamericana del halo multicultural, aquel que la mostraba sensible y dispuesta para recibir extranjeros, para trocarla en un territorio hostil e insensible a las desgracias internacionales.

Las medidas de Trump han apuntalado a México, pues, como destino natural de la nación venezolana. Ello vendría a consolidar la tendencia que, desde hace algún tiempo, se presentaba en los flujos migratorios. México dejó de ser un sitio de tránsito para constituirse en lugar de destino.

“No podemos guardar silencio a lo que está ocurriendo a nivel internacional y no podemos guardar silencio con lo que está ocurriendo en Venezuela”, dijo Mariana Gómez del Campo, senadora del PAN.

Acompañada por diversos protagonistas de la oposición política venezolana, como Luis Colmenares, académico de la Universidad Católica Andrés Bello, y el periodista Juan Carlos Aguirre, miembro del Partido Acción Democrática, entre otros, Gómez del Campo urgió al gobierno mexicano y al Congreso de la Unión la creación de una estrategia específica de asilo y refugio para los ciudadanos venezolanos.

Ayer fueron españoles y argentinos, hoy toca refugiar a venezolanos

La política de asilamiento  no es ajena en la tradición diplomática de México. Extenuada España por la guerra intestina que enfrentó a franquistas con republicanos, Lázaro Cárdenas, entonces presidente del país, abrió las puertas a cerca de 25 mil españoles; años antes ya había permitido la entrada de 460 niños a México, los “niños de Morelia”.

Años después, cuando las más nocivas dictaduras se cebaban sobre las incipientes democracias latinoamericanas –como en Chile o Argentina-, México se benefició de aquellos profesionistas y artistas –escritores, médicos, pintores, académicos- que vieron en nuestro país un terreno amable y dispuesto a ser fecundado por sus artes y ciencias.

Si la política internacional, desplegada por la actual administración, es coherente en todos sus sentidos, el gobierno mexicano debería aplicar un plan de asilo específico y eficaz para los ciudadanos venezolanos. Con ello, no sólo reivindicaría una de las mejores tradiciones de la diplomacia mexicana –la acogida generosa para los asilados-, también cumpliría con un mandato humanitario irrenunciable.


La Redacción

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