Axat: escribir con ansiedad Axat: escribir con ansiedad
Autor de tres novelas que paso a paso han escalado el éxito editorial en el mercado internacional, el narrador Federico Axat (Ciudad de La... Axat: escribir con ansiedad

Autor de tres novelas que paso a paso han escalado el éxito editorial en el mercado internacional, el narrador Federico Axat (Ciudad de La Plata, Buenos Aires, 1975) desembarca en el Primer Festival Huellas del Crimen como único escritor latinoamericano. El sábado tiene dos momentos estelares, primero en un encuentro con lectores y después en conversación con Cristina Rivera Garza.

Previo a su participación se da el tiempo para desmenuzar a Horizontum los aspectos más relevantes de su más reciente novela, tan famosa como inquietante: La última salida, un thriller psicológico en el que el lector se va enganchando en la historia de Ted McKay, un suicida.

Federico Axat. Fotografía por Nahum Torres.

Federico Axat. Fotografía por Nahum Torres.

Qué mas extremo que poner a un personaje “en la situación de jalar el gatillo y peor aún cuando surge una llamada y lo interrumpen como si hiciera falta una última piedra, una última duda, una cuestión a resolver; esos últimos minutos son interesantes porque el personaje tiene que poner a prueba sus nervios y su determinación” señala Axat. Allí es cuando surge otro personaje, extraño, de apellido Lynch, “quien presenta una propuesta particular: participar en una cadena de suicidas que se van matando unos a otros…”, relata.

Confiesa que el título Los buenos suicidas que lleva la  segunda novela de Toni Hill le hubiera quedado de manera perfecta a la suya. Sin embargo La última salida no sólo hace relación al suicidio, sino que además hace referencia a una especie de subterfugio en forma de laberinto mental que el lector recorre para saber cómo funciona y encontrar la desembocadura.

Si bien La última salida se desarrolla en una localidad de Boston, la mayoría de los personajes de Axat se desenvuelven en geografías nada sofisticadas, apenas son una especie de escenarios ficcionales. “Fue una decisión para nada consciente, así lo hice desde que empecé a escribir, en la adolescencia, quizá influenciado por la literatura que leía y las películas que vi. Me siento cómodo en ese registro porque además me permite algo que es muy particular, poco común en otros escritores: el entorno no es tan importante, no necesitan un contexto con una identidad demasiado marcada. Eso le da cierta universalidad y genera que lectores de todas partes puedan acceder al show, pero no ‘hubo una razón’ por lo que lo hago, simplemente se dio de esa forma”, explica.

“Yo como lector disfruto profundamente a escritores que hacen de su ciudad natal una recreación perfecta de las calles que han recorrido y sus personajes están inmersos en la realidad. Michael Connolly, a quien disfruto mucho leer, hace eso con la ciudad de Los Ángeles y yo siento que ya conozco esa ciudad después de leerlo. Es un trabajo formidable. Yo me considero dentro de otro grupo de autores que nos gusta despegarnos de la realidad. Me gusta crear todo, incluso pienso que si no escribiera thriller psicológico, donde las motivaciones y emociones de los personajes tienen espejo con lo real, sería un escritor de ciencia ficción. Me gusta no estar condicionado por el entorno”, reconoce.

Podría afirmarse que en las novelas de Axat existe un orden racional proveniente de la ingeniería. “Si bien soy caótico a la hora de escribir y no puedo planificar, sí me ocupo mucho en que todas las cosas encajen en su sitio. El contexto no me es importante pero la trama tiene que ser sólida, y mientras (intuitivamente) la voy descubriendo reescribo muchísimo. Lo que hago cuando repaso es cuidar los detalles y que haya una coherencia y una cohesión en los mecanismos de cada novela probablemente tiene mucho de ingeniero”.

Axat se mira a sí mismo como un autor al que la escritura le genera ansiedad, porque al igual que un lector, quiere descubrir lo que en ella va a suceder. Cuenta que a menudo sale a caminar para visualizar dos o tres capítulos, pero cuando el estancamiento es largo, que los días se convierten en semanas y las semanas suman un trimestre, asume el riesgo de parar hasta que la voz de la intuición le susurra un camino a seguir. Ese es su “momento mágico”, el que más disfruta. “Uno no puede explicarlo pero a medida que pasa el tiempo he comprobado que ese mecanismo es el que más me funciona y el que más me reconforta”, concluye.

Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.