<i>Asesinato en el parque de Sinaloa</i>, de Elmer Mendoza <i>Asesinato en el parque de Sinaloa</i>, de Elmer Mendoza
Asesinato en el Parque Sinaloa es un laberinto de intrigas y complicidades, de senderos que convergen en la pasión y el crimen. <i>Asesinato en el parque de Sinaloa</i>, de Elmer Mendoza

Asesinato en el Parque Sinaloa es un laberinto de intrigas y complicidades, de senderos que convergen en la pasión y el crimen. Élmer Mendoza nos entrega una obra maestra del género, una novela vertiginosa que nos recuerda que la pregunta fundamental de la literatura policíaca es la misma del amor: ¿quién diablos es el culpable?

Esta nueva obra se  presentará el próximo miércoles 25 de octubre, a las 19 horas, en la librería Porrúa Chapultepec, y contará con la participación de  Mónica Maristain, Eduardo Antonio Parra y el autor.  La entrada es libre.

Asesinato en el parque de Sinaloa, de Elmer MendozaLa novela narra el momento en que Edgar «el Zurdo» Mendieta ha decidido retirarse de las fuerzas policiales. Desencantado y hastiado por la violencia, parece sucumbir ante el consumo autodestructivo de whisky, cuando Abel Sánchez, viejo amigo y mentor, hace que vuelva como detective por un favor al que el Zurdo no puede negarse: hallar al asesino de su hijo, el abogado Pedro Sánchez Morán, quien fue encontrado muerto en el Parque Sinaloa.

La policía de Los Mochis cerró el caso sin investigación alguna, pues dan por hecho que Pedro fue asesinado por su novia, la también abogada Larissa Carlón, cuya muerte reciente fue asumida como suicidio. Elementos de la Marina patrullan Los Mochis; el Perro Laveaga, cabecilla del cártel del Pacífico, se ha fugado de la prisión de máxima seguridad de Barranca Plana y todo parece indicar que está escondido en alguna parte de la ciudad.

El poderoso narcotraficante está actuando con imprudente descuido; confía demasiado en el Grano Biz, su lugarteniente en la zona y, además, su obsesión por una mujer lo tiene trastornado. El deseo más grande del Perro es reencontrarse con Daniela K, locutora de gran audiencia, quien ha prometido hacer una radionovela sobre la vida del capo.

FRAGMENTO:

“…Zurdo, si no quiere dejar de tomar, no lo haga, pero lo que sí debe hacer es bañarse; si va a ser alcohólico el resto de su vida al menos sea un alcohólico decente, y también tiene que co­mer, ¿de acuerdo?, ahora me tengo que ir pero mañana será otro día; o se baña o lo baño, ¿le queda claro? Sonrió, era una sonrisa sin labios. Ger salió, él permaneció quieto en su sillón favorito durante unos momentos, luego tomó la botella de la que restaba algo más que las gotas de la felicidad, iba a beberlas directo cuando empujaron la puerta y entró Abel Sánchez, su mentor y primera pareja en la policía, cuando era joven e inex­perto. Ei, viejo, qué sorpresa. Setenta y dos años, estatura regu­lar, correoso; vestía camisa blanca y pantalón negro. Veo que sigues fiel al whisky y a esa musiquita dormilona. Elton John cantaba “Can You Feel the Love Tonight”. La mitad de la hu­manidad mantiene su fidelidad a los vicios y no tenemos re­medio, mi estimado maestro. Se abrazaron, el Zurdo con la botella en la mano. Siéntate, amigo, ¿gustas algo?, lo único que tengo es whisky, ahora mismo abro otra botella. Estoy bien, sentémonos, y gracias por recibirme, encontré a Ger afuera y me dijo que no has querido hablar con nadie, lo mismo me ha dicho Ortega, y que has dejado la policía. Me liquidaron, hoy me trajeron el cheque, ¿y tú, viejo, sigues cosechando zanaho­rias y rábanos? Esta vez sembré calabazas y pimientos y se ven muy bien. Eres todo un agricultor. Lindo carro, eh, se nota que te aumentaron el sobre. Sonrieron, el Zurdo no quiso ahondar en cómo había llegado el nuevo Jetta a su cochera. Y lo mejor, amigo, es que puedes usarlo cuando quieras. Gracias. Callaron. Mendieta, que seguía con la botella en la mano, tenía el cere­bro revuelto y Sánchez lo observó con tranquilidad. No me parece mal que dejes la policía, siempre llega el momento en que hay que hacerlo, pero antes necesito que me hagas un fa­vor. Pide lo que quieras, viejo, que para eso son los amigos, y no necesito ser policía para cumplirte. El antiguo agente se le quedó mirando y dejó escapar un par de lágrimas. Ah, cabrón. El Zurdo advirtió que tenía los ojos rojos y muy cansados, como si tuviera muchas horas sin dormir. Edgar, mataron al Peri, mi único hijo, quizá lo recuerdes. El detective supo en­tonces por qué su viejo maestro lo había visitado. Claro que lo recuerdo, un morro muy simpático. En Los Mochis, Edgar, lo encontraron en el Parque Sinaloa el sábado por la mañana, hace tres días, lo enterramos hoy a mediodía aquí, junto a su madre, platiqué con el comandante Rendón, que está a cargo de la plaza, y dice que la indagación avanza; con él trabaja el Pargo Fierro, un poli de la vieja guardia que me confió que al parecer no habrá investigación y que si la hacen irá muy lenta; quiero que te encargues, Edgar, y espero que no sea mucho pedirte.”

Élmer Mendoza (Culiacán, México, 1949) es catedrático de literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa, miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio de Sinaloa. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte. Comenzó su carrera literaria en 1978, y en 1999, Un asesino solitario, su primera novela, de inmediato lo situó, a juicio del crítico mexicano Federico Campbell, como “el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en nuestro país”. Con El amante de Janis Joplin obtuvo el XVII Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares y con Efecto Tequila (2005) fue finalista del Premio Dashiell Hammett. En 2006 apareció su cuarta novela, Cóbraselo caro, y en 2008 Balas de plata fue merecedora del III Premio Tusquets Editores de Novela, que lo consagró como escritor de primera fila en el panorama de la novela hispánica. Después de La prueba del ácido (2010), Nombre de perro (2012) y Besar al detective (Literatura Random House, 2015), protagonizadas por el detective Edgar “el Zurdo” Mendieta, Asesinato en el Parque Sinaloa continúa esta saga. Élmer Mendoza vuelve a retratar aquí una época y un país de la mano del singular detective que ha traspasado fronteras y es conocido en diez idiomas.@ElmerMendozaV

La Redacción

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