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Soy matemático. Soy tan sólo un matemático atornillador con filosos huesos. No soy médico. Puedo entrar a la piel y saber de qué sustancia... Argas

Soy matemático. Soy tan sólo un matemático atornillador con filosos huesos. No soy médico. Puedo entrar a la piel y saber de qué sustancia es la sangre, pero no soy médico. Ni histólogo. Se escucha un crepitar por las noches. Soy yo. El matemático. Y es que debo calcular bien mis pasos, mis movimientos y, sobre todo, mi manera de encajar en esta superficie ambigua. Soy matemático o soy matemática. No sé. O no lo sé todavía. Pero eso es lo de menos. El rojo es lo de más. Y no soy vampiro. No. Matemático vampiro, no. Sólo matemático, podría decirse. Como las células lo son, como las plantas lo son, como las piedras lo son. Como los animales o los insectos. Mi esqueleto lo es. Blando y calculadoramente arrugado. Y mis brazos.

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Fotografía de Karla Sandomingo Vizcaino

Usted debía sentir esta piel en sus extremidades. Esta hermosa piel delgada, blanca, tibia, suculenta. Podría decir que el médico de esta pobre mujer es un verdadero estúpido, pero no. La crueldad está de más. No puede saber qué tiene porque soy discreto. Y la mujer se va acabando. Cuento las pieles que se van, las pieles que me encuentro, como un coleccionista de pieles. Eso sí soy. Matemático coleccionista de pieles. Y los coleccionistas de pieles no maltratamos las pieles, no maltratamos a nadie, en verdad. Y esta mujer se va acabando y no sé por qué. Porque no soy médico.

El médico viene, la revisa; el marido, Jordán, se desespera y desesperanza; las manzanas podridas no tienen remedio, se van arrugando. Y la sangre de esta mujer la tiene acabada. Esta mujer, y sus respiros, se va acabando. Se degrada, se troza, se rompe, se deforma, se vuelve otro número. El número que ahora es el número. Y qué número es ahora que ella no habla, que se borra, que se detiene antes de llegarle algo a la retina, que se desintegra apenas trata de descifrarlo, de abrazarlo. Alicia quiere abrazar a Jordán y no puede porque está muriendo.

Un día. Dos. Cómo llegar a la cifra si no conoce su cantidad ahora, su peso, su distinción; cómo se acerca si sus movimientos responden a una fórmula numérica que le resulta ajena, extraña, distante, con números que no distingue en su lenguaje, que cambian de resultado.

Y qué es el resultado, qué resulta de todo esto si los números se despegan, el agujero negro se cierra, el brillo se opaca, los espacios se interrumpen, el río se seca, el camino se borra, la lengua pétrea lanza silencios filosos, el pie se dirige a otro sueño o a un limbo cualquiera, si la tristeza se desconoce a sí misma, si la anulación del número primigenio se convierte en bifurcación, si la cama se vuelve una espera sólida y tangible —pero sin final próximo o demasiado próximo o ya muy lejano y no se leyó a tiempo o demasiado cercano para darse cuenta—.

Cuenta las horas, los cuerpos, las muertes, los números. Tres días. Cuatro. Cuenta los números que la olvidaron. Olvida los números que ella es. Cinco. Quién es ella, qué número es ella o ha sido o dejado de ser. Quién la cuenta a ella. Ese número. Yo la cuento. Meto mis dientes por última vez. Saco la sangre lentamente hasta ponerme gordo. Media hora y me dejo caer. El vuelo me recibe, las plumas de esta sábana espantosamente calma y silenciosa. Ya no habla, no respira. Cuento y no encuentro sus latidos. Ya no sirve esta sangre. Cuento a esta mujer desde mi cuerpo esponjoso. ¿Qué número de piel era?

*Este cuento pertenece al libro Extracto del espejo, ganador del Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2009 (Editorial Universitaria, 2009).

Karla Sandomingo Vizcaíno

(Guadalajara, Jalisco, 1970) es poeta y narradora. Fue subdirectora editorial de la revista cultural Tragaluz, en la que publicó las “Crónicas del desamparo”, y columnista del diario Público, del grupo Milenio donde publicó su “Paso de cebra”. Ha sido productora, guionista, conductora y columnista de diversos programas de Red Radio Universidad de Guadalajara, directora de actividades culturales del Fondo de Cultura Económica (Guadalajara) en 2010 y 2011, catedrática de la Universidad de Medios Audiovisuales CAAV. Fue becaria del Fonca (2004-2005), y obtuvo la beca “Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico del Estado de Jalisco” (2007-2008), con la que escribió el libro Extracto del espejo, ganador el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola en 2009, publicado por la Universidad de Guadalajara el mismo año.