Antonio Farrera, el pintor que se autoincluye en el “neochingonismo mexicano” Antonio Farrera, el pintor que se autoincluye en el “neochingonismo mexicano”
Antonio Farrera nunca creyó dedicarse al arte. En su juventud estudió matemáticas aplicadas. Antonio Farrera, el pintor que se autoincluye en el “neochingonismo mexicano”

Antonio Farrera nunca creyó dedicarse al arte. En su juventud estudió matemáticas aplicadas. Sin embargo, gracias a su primer trabajo en el departamento de inventario del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), se fue acercando al quehacer plásticos de grandes figuras nacionales, como el recién fallecido José Luis Cuevas. Ahí decidió hacer una segunda carrera: la de artes. Más de dos décadas después, es ahora un un creador reconocido por su pintura superlativa neoexpresionista en la que plasma, además de naturalezas muertas, desnudos donde la tensión existente entre el modelo y el creador generan una angustiosa reflexión introspectiva en el espectador. Platiqué con él respecto a su obra y la corriente artística a la cual pertenece: el neochingonismo mexicano.

-¿Cómo inicias en el arte?

-Empecé trabajando en el departamento de inventario del INBA, uno de los primeros trabajos que me tocó fue preparar la colección para el museo José Luis Cuevas, trabajé directamente en el taller de ahí, así me fui acercando al proceso. Después conocí la escuela La Esmeralda y me metí como pasatiempo, su ambiente me sedujo mucho, era de mucha locura, sin llegar a desmadre.

Antonio Farrera, el pintor que se autoincluye en el “neochingonismo mexicano”,

Fotografía por Raúl Campos

 

-¿Cuántos años tenías?

– Ya estaba grandecito, 26 años, y había hecho otra carrera.

-¿Qué habías estudiado?

-Matemática aplicada, por eso fue que me contrataron en Bellas Artes. Nunca pensé que fuera a dedicarme al arte, aunque siempre me fue muy bien en muchos sentidos. Empecé a ganar muchos concursos desde muy temprano y a vender mi obra pronto. Terminé La Esmeralda en 1996 y, dos años después, decidí dedicarme totalmente al arte. Siempre me fue bien, al grado que decía: “no sé de qué se quejan mis colegas, si todo está tan chido”.

Fotografía por Raúl Campos

Fotografía por Raúl Campos

 

-¿Cuáles son los temas de tu trabajo?

-Generalmente el retrato. El retrato por encargo o como propuesta personal, el desnudo y las flores, la naturaleza.

-¿Cómo es tu retrato personal?

-Generalmente busco modelos, gente cercana, no modelos y que preferentemente nunca hayan trabajado como modelo. La intención de toda mi obra es que se tenga mucha tensión, que se vea rígido. Cuando trabajas con alguien que nunca ha modelado siempre hay una relación tensa. Hago fotografía, no trabajo al natural. Lo que trato de hacer son imágenes rudas, agresivas donde el personaje esté en un proceso de angustia o de nerviosismo, haciendo algo que nunca ha hecho. Todo esto lo hago acentuando al modelo, al final este no cabe en el lienzo, siempre salen cortados o salidos, eso es romper la distancia entre el modelo, el artista y el espectador.

“He llegado al nivel que, cuando ves una pintura mía, dices “ese es un Farrera”, pues en estos 24 años he tratado de desarrollar una técnica muy característica, combinado con una reflexión introspectiva, una reflexión del personaje en torno al modelo, una imagen que te conmueva muy rápido”.

Fotografía por Raúl Campos

 

-¿Por qué te interesaste en hacer desnudos?

-Siempre me interesaron las cuestiones de lo físico, la piel, el proceso del tiempo en el cuerpo e incluso el dolor físico. Tengo un defecto físico significativo, pasé mucho tiempo en hospitales, supongo que evidentemente todo eso me fue vinculando con los procesos físicos del deterioro de la salud. Y creo que lo que me permitió acercarme a la pintura es que mi abuela era muy religiosa, católica, ella me crió y obviamente la acompañaba a las iglesias, las cuales están llenas de una iconografía del cuerpo mórbido, sufrido.

-Háblame de las naturalezas muertas.

Fotografía por Raúl Campos

Fotografía por Raúl Campos

-Soy totalmente urbano, siempre he vivido en el centro de la ciudad, no me gusta ir al bosque, no me gusta acampar, lo más cercano a la naturaleza es a través del arte; creo que por eso, porque cuando llego a un museo, a una galería, ves la capacidad que tiene un colega vivo o muerto de traducir una sensación específica a través del uso de color, con flores, con el bosque, con paisajes, es muy conmovedor.

“También al principio fue más bien como un acercamiento por cuestiones prácticas, que tenían una salida comercial relativamente más rápida que el tema del desnudo, porque todavía vivimos en una sociedad mojigata de doble moral donde tener la pintura de un desnudo es más complicado que la de un florero.

-¿Cómo definirías tu estilo artístico?

-Eso siempre me cuesta mucho trabajo, evidentemente es un tipo de neo expresionismo, pero hay tantos neos. Quizá tenga que ver con la pintura tradicional europea, todo lo que viene de Europa de finales del siglo XIX y que trasciende con las vanguardias, que toca esta parte del expresionismo y que finalmente desemboca en lo que algún momento se empezó a llamar la ultra modernidad. Ésta es una parte de la historia del arte en donde se empiezan a revisar escuelas del siglo XVII, XVIII y XIX, en mi caso yo me considero heredero directo de Julio Ruelas, José Clemente Orozco, José Luis Cuevas, evidentemente, y no lo digo porque haya muerto recién, sino porque otra vez se está volviendo a hablar de su obra.

“El estilo no sé cómo definirlo, para cuestiones prácticas mucho de lo que he hecho cuando hago texto es decir que es una especie de pintura superlativa neo expresionista, en el sentido de que pongo mucho material, insisto mucho con varias herramientas que yo he diseñado y modifico. Hago mucho un chiste de que soy un pintor del neochingonismo mexicano, o sea, los que otra vez estamos haciendo pintura muy bien hecha. No estoy en contra de los colegas que embarran y salpican, pero si hay una corriente en la que estamos regresando a las técnicas tradicionales y las estamos combinando con nuevos procesos.

-¿Cómo es el tuyo?

-Es insistir mucho en la materia. Como soy muy malo dibujando, mi manera de solucionarlo fue diseñar herramientas, buscar elementos que me permitieran hacer que mi pintura tuviera un discurso gráfico, hay mucho contraste en el uso de color, desarrollé una paleta también muy personal, muy yuxtapuesta; todo lo que tiene que ver con la gestualidad de los personajes es muy duro, muy triste, te remite a cuestiones como muy personales; el técnico es la exageración, el rayar, el cortar, hay piezas donde está cortado pero no traspasa la tela, solo el material pictórico, hay mucha agresión física sobre el material.

Fotografía por Raúl Campos

Fotografía por Raúl Campos

 

“Generalmente cuando leo los textos críticos sobre mi obra, si es como un poco difícil identificar cuál es mi proceso técnico, en donde me puedo insertar. Si se tiene que definir pues lo tendrán que hacer los críticos, pero yo creo que en el caso de la figuración y en el caso de la naturaleza es como una reedición constante del mundo y de la historia del arte, no estoy proponiendo nada nuevo pero sí está ocurriendo algo novedoso. Me gustaría ser catalogado como alguien que está haciendo reediciones de la historia del arte”.

-¿Aplicas algo de tus conocimientos en matemática en tu trabajo?

-Ya no, durante mucho tiempo sí lo hice, sobre todo en el período de la escuela, trabajaba mucho más en cuestiones abstractas y usaba algoritmos para cuestiones compositivas, del uso del color: leí la teoría del color de Johannes Itten que habla o define el uso de color de manera específica a partir de valores cuantitativos. Esa presencia matemática en esa teoría me fue fácil traducirla a mi propuesta. Ahora ya todo lo hago de manera intuitiva, sólo en algunos pasos muy específicos todavía mido y hago trazos, pero cada vez menos.

Fotografía por Raúl Campos

Fotografía por Raúl Campos

 


Raúl Campos

Raúl Campos

Raúl Campos (Ciudad de México, 1992) Periodista cultural y fotógrafo documental (con licencia). Decidió adentrarse a estos medios por tres razones: 1. Cuando niño le regalaron una cámara fiestera desechable de instantáneas (eso me traumó). 2. Por su afinidad para escuchar y contar historias (quizás sirvió de algo). 3. Por querer entrarle al negocio familiar (ni hablar). Su trabajo se ha publicado en Revista Yaconic, Milenio Diario, Milenio Dominical y recientemente en algunas publicaciones de Editorial Notmusa y Horizontum. Asegura ser pionero del "Periodismo Kitsch".