Antínoo o de la obsesión del emperador Adriano Antínoo o de la obsesión del emperador Adriano
Antínoo es uno de los íconos de belleza masculina, recordado hasta la actualidad por haber sido amante del emperador romano Adriano. Antínoo o de la obsesión del emperador Adriano

Antínoo es uno de los íconos de belleza masculina, recordado hasta la actualidad por haber sido amante del emperador romano Adriano.

Los pocos datos que hay registrados de su vida se mezclan con las leyendas que de él surgieron una vez que murió de forma prematura y sin explicación en las aguas del río Nilo, evento que hundió en la peor depresión al Adriano emperador, quien buscó perpetuar su memoria de manera obsesiva.

Antínoo o de la obsesión del emperador AdrianoSe levantaron estatuas en su honor, se acuñaron monedas en circulación y hasta templos se erigieron para perpetuar su figura. Festividades y juegos y una ciudad llevan su nombre y su culto sobrevivió hasta el siglo V.

Adriano, quien mantuvo una vida cultural muy activa en el imperio romano, deseaba acercar su administración a las formas estructuradas que amalgamó el poderío griego, por lo que de él los romanos se formaron una idea de su pederastia ateniense, tener un pupilo.

Por su parte Antínoo, era un esclavo que no pasó desapercibido para su época ni para futuras generaciones, por haber conquistado los ojos del hombre más poderoso del imperio de ese momento.

Dada la importancia de este joven bitinio, es que se inauguró la exposición Antínoo. Un retrato en dos partes, que estará expuesta hasta enero del próximo año en el Museo Nacional Romano (MNR) en el Palacio Altemps en Roma, muestra  que reflexiona sobre la compleja historia de este esclavo a través de dos piezas de mármol, un rostro y un busto. Ambas del siglo II d.C., la primera se conserva en el Instituto de Arte de Chicago, la segunda en el MNR.

Esto, a raíz del trabajo en 2005, del egiptólogo Raymond Johnson quien sugirió que ambas piezas formaban parte de la misma escultura. Por lo que las obras han sido confrontadas en estudios del mármol. El fragmento del rostro, que carece de nariz, era original, y también lo era el busto conservado en el Palacio Altemps, pero no el rostro, que había sido añadido durante la Edad Moderna. Es más, cuando Johann Joachim Winckelmann, un arqueólogo e historiador del arte alemán, visitó la Villa Ludovisi de Roma en 1756 anotó en su libreta que el busto de Antínoo tenía un rostro “nuevo”.

Antínoo o de la obsesión del emperador Adriano

Así, estas dos figuras junto a una tercera hecha recientemente de yeso que recrea el retrato que se dibujó en la Roma antigua, invitan a los visitantes a reflexionar sobre la vida de Antínoo.

Diana López

Diana López

Comunicóloga y etnohistoriadora. Se ha desempeñado como promotora cultural independiente, RP para editoriales y eventos culturales. Fue coeditora web en la sección cultural del periódico Reforma y paleógrafa del Archivo General de la Nación. También ha sido asesora pedagógica de fomento a la lectura. Oficio que mejor la define: mochilera.