Antiguos teatros de la Ciudad de México Antiguos teatros de la Ciudad de México
Según Manuel Rivera y Cambas, el primer teatro formal en México fue el Coliseo, construido desde mediados del siglo XVIII. Estaba situado entre el... Antiguos teatros de la Ciudad de México

Hace unos días, leyendo un libro de mucho interés, Escenópolis, escrito por Ricardo Tena, Felipe Heredia, y José Antonio García Ayala, nació en mí la inquietud de conocer más acerca de los teatros en México, sobre todo de los primeros teatros de la capital mexicana. Imagino una ciudad efervescente, volcada a las nuevas prácticas que la modernidad brindaba como novedad; imagino las mujeres entre vestidos y joyas elegantes, los hombres de sombrero, pipa y guante; las clases populares asistiendo también a teatros de menos “caché”, o colándose por las rendijas de los edificios para disfrutar una buena función de obras nacidas de la pluma de José Zorrilla, por citar a alguno de aquellos autores que condujeron la dramaturgia mexicana a un nuevo destino.

Antiguos teatros de la Ciudad de MéxicoSegún Manuel Rivera y Cambas, el primer teatro formal en México fue el Coliseo, construido desde mediados del siglo XVIII. Estaba situado entre el callejón del Espíritu Santo y la calle de Acequia (hoy Venustiano Carranza). Allí se representó durante largos años un género escénico que tuvo mucho éxito en nuestro país, las tonadillas, hasta que el teatro fue arrasado por el fuego en 1884.

Un teatro que se construyó años después, pero que funcionó durante la misma época de este Coliseo, fue el célebre Teatro de los Gallos, que abrió sus puertas entre 1837 y 1838, y que significó un gran impulso para el movimiento romántico que invadía a los creadores y espectadores mexicanos. Más tarde abriría sus puertas el llamado Teatro Nuevo México, en la esquina de Dolores y Artículo 123.

Sin embargo, el esplendor de estos palacetes dedicados a tan noble género que amalgama tragedia y comedia, llegó con la construcción de El gran Teatro Nacional, que funcionó desde 1842 hasta 1902. Allí no sólo se montaron obras de teatro, sino que también hicieron acto de presencia otros géneros, como la ópera, la opereta y la zarzuela. Como anécdota, puede contarse cómo este esplendoroso edificio, cada que Santa Ana asumía el poder, cambiaba de nombre para llamarse Teatro Santa Ana, para honrar los caprichos de su “alteza serenísima”.

Rivera y Cambas narra también la magnificencia de este inmueble: ”La primera función dada en el Teatro Santa Ana fue magnífica: el salón estaba espléndido y tan concurrido, que el público tuvo que regresar a sus casas por falta de asientos; la hermosa e ingeniosa lámpara y las magníficas decoraciones fueron objeto de mil entusiastas comentarios. La comedia que se representó fue del famoso poeta mexicano Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, titulada: Las paredes oyen”.

Más tarde, precisamente sobre este escenario, hará acto de presencia el baile del can can, representado por la compañía dramática González. En estas funciones se alternaba este tipo de baile (muy escandaloso entonces), con comedias, actos de magia y variedades traídas desde el Salón-Mabille.

Hasta aquí este breve viaje a través de los antiguos teatros de la Ciudad de México. Debió tratarse sin duda de tiempos culturalmente agitados, y sobre todo, llenos de asombro.

 


La Redacción

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