Ante Trump, un apolillado libreto Ante Trump, un apolillado libreto
El gobierno federal pergeñó, al fin, un conjunto de medidas pretendidamente concretas para enfrentar la belicosa administración de Donald Trump. Ante Trump, un apolillado libreto

El gobierno federal pergeñó, al fin, un conjunto de medidas pretendidamente concretas para enfrentar  la belicosa administración de Donald Trump. Más allá del contenido mismo de la propuesta –un “decálogo” voluntarista y aspiracional-, el evento en el que fue develado dicho programa revela con claridad la férrea inercia de la costumbre y una anémica disposición a la audacia política -ahora tan urgente-, justo cuando los cánones de la política internacional se trastornan con particular velocidad hacia escenarios desconocidos.

Con pompa y circunstancia, el presidente Enrique Peña Nieto, acompañado del canciller Luis Videgaray, del líder de la vetusta Confederación de Trabajadores de México (CTM), Carlos Aceves del Olmo, y de Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), delineó los diez objetivos que su gobierno buscará alcanzar durante las inminentes negociaciones entre su administración y la de Trump.

Ante Trump, un apolillado libreto

La parafernalia del evento fue una privilegiada ocasión para atestiguar la reedición del anquilosado ritual priista, genéticamente adulador y rebosante de discursos grandilocuentes y vacíos. En ese contexto no resulta casual, tampoco, la rehabilitación de la CTM como participante supuestamente activo en la iniciativa presidencial, quintaescencia, finalmente, del decrépito régimen del que fue sostén. Se trató, pues, de un “mensaje de unidad”, pueril, a mayores señas, por la falsa representatividad aportada, en particular, por la organización obrera, otrora centro neurálgico del poder en México, ahora pálida estructura corporativa, usufructuaria de su maltrecha fama.

Resulta por lo menos anecdótico, que frente a una inminente nueva realidad, impuesta por las circunstancias externas más inciertas, el gobierno federal haya adoptado un gastado modelo político para hacer patente sus expectativas en la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Como si para guarecerse ante la incertidumbre, regresaran a los viejos moldes en los que se sienten seguros.

Sin embargo, la  regresión al pasado no fue sólo estética, también se dejó sentir en el terreno discursivo. En una parte del discurso presidencial –en la sección más crítica del mensaje-, las reminiscencias al pasado no pasaron desapercibidas. “Hay quienes que –dijo el presidente-, por el tono que tomaron las campañas electorales en Estados Unidos, sugieren que México ahora tenga una postura de confrontación; otros más, al ver las asimetrías de ambos países, anticipan sumisión (…) .Ninguna de estas posturas es solución. Ni confrontación, ni sumisión. La solución es el diálogo y la negociación”. La parrafada presidencial guarda, en su ambigüedad, un discreto parecido a la tristemente célebre frase que décadas atrás, Luis Echeverría dejó caer también al respecto de las relaciones con el país norteamericano: “las relaciones con Estados Unidos ni nos perjudican ni nos benefician, sino todo lo contrario”.

Ante Trump, un apolillado libreto

Ahora bien, más allá del evento en sí mismo, el contenido del “decálogo” presidencial adolece de los mismos elementos que, desde un primer momento, se señalaron como ineficaces e insuficientes en la posición gubernamental para hacer frente a Donald Trump. Así, pues, pareciera que el gobierno federal confunde la cautela con  sumisión, aún y cuando su titular se esfuerce en combatir tal opinión.

El “decálogo” en su conjunto, presupone un escenario de amplia colaboración entre ambos gobiernos. No obstante, dicha colaboración parece sujeta, según el planteamiento de la administración mexicana, a los, al menos hasta ahora, esquivos deseos del gobierno estadounidense por colaborar en alguna medida con su contraparte mexicana.

No obstante la recurrencia al exasperante tono conciliador que en los últimos meses ha distinguido las alocuciones presidenciales cuando a la relación bilateral se refiere, el planteamiento presidencial parece contar con un par de sólidos tópicos que le permitirían resguardar algunas de sus posiciones ante las, se anticipan, duras negociaciones con el equipo de Donald Trump.

Tópicos como el de la migración, o las amenazas terroristas, podrían brindar al gobierno mexicano una sólida plataforma para reclamar, en alguna medida, mejores condiciones al replanteamiento de la relación bilateral, forzado por la administración Trump. Sin embargo, hasta ahora, no se sabe con exactitud  -y por obvias razones- la táctica que adopte, en el transcurso de las negociaciones, el equipo de negociación mexicano para alcanzar los objetivos ya planteados.

El escenario, pues, está en camino a configurarse. De nueva cuenta, la incertidumbre ha abierto un incómodo compás de espera sobre la vital relación bilateral; sin embargo, entre las pocas certezas con las que contamos para anticipar el futuro de la nueva correlación de fuerzas, una se muestra con insistencia: la complejidad del nuevo contexto.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.