AMLO, ¿Trump a la mexicana? AMLO, ¿Trump a la mexicana?
Con bastante sorpresa fui siguiendo el desarrollo de la jornada electoral en los Estados Unidos, y el como la Unión Americana se iba “pintando... AMLO, ¿Trump a la mexicana?

Con bastante sorpresa fui siguiendo el desarrollo de la jornada electoral en los Estados Unidos, y el como la Unión Americana se iba “pintando de rojo” con el pasar de las horas, hasta que ya entrada la madrugada del 09 de noviembre, se confirmaba que Donald J. Trump se llevó el #ElectionDay y ya es el Presidente Electo de los Estados Unidos de América. Fui, como tantos, uno de los que apostaba por un triunfo de Hillary Clinton de acuerdo con sus propias tablas políticas, su experiencia en diversos cargos de elección popular y como Secretaria de Estado en buena parte del Gobierno de Barack Obama, su desempeño como candidata del Partido Demócrata, la información mostrada en las encuestas y en los medio de comunicación alrededor del orbe, pero hubo un foco rojo que tuve la oportunidad de escribirles en publicaciones pasadas que muchos pasaron por alto, y fue la información mostrada en redes sociales sobre Donald Trump.

Desde que anunció sus intenciones de llegar a la presidencia de los Estados Unidos, muchos lo vieron como un enemigo pequeño o un mal chiste. Justamente esta percepción fue la que lo llevó a ganar adeptos y votos para la nominación republicana. Por primera vez en la historia pudimos ver el desarrollo de la carrera por la Casa Blanca de forma muy detallada en las diversas plataformas de las redes sociales, como Facebook, Facebook Live, Twitter, Snapchat y Periscope. Por medio de éstas pudimos interactuar y difundir toda clase de contenidos de ambos candidatos. La batalla había llegado al terreno de las redes sociales, incluso los medios de comunicación tradicionales basaron sus coberturas live por medio de las social media.

AMLO, ¿Trump a la mexicana?

El foco rojo comenzó a crecer cuando comenzó a verse de lleno el sentiment de las personas; es decir, cómo sus sentimientos estaban a favor de Trump (llenando de corazones y likes sus trasmisiones y posteos en medio de Facebook, así como shares, retweets, hashtags o trending topics en Twitter) y su engagement (interactuando de forma muy clara y compartiendo sus contenidos) o click que hacía con su audiencia; mientras que el sentiment y engagement de Hillary Clinton era completamente negativo, ya que por todos lados veíamos emoticones de caras “enojadas” y, tanto en comentarios como menciones, se leían por doquier frases como “Remember Benghasi”, “Killary” o “Crooked Hillary”, y como todos pudimos ver, fue un espejo directo de las vísceras del electorado, que lo plasmaron al momento de emitir su voto.

De acuerdo con datos publicados en CNN, The New York Times o The Washington Post, el voto a Trump se inclinó por personas sin diferencia de raza, pero con menor grado de estudios y en estados principalmente rurales; mientras que el voto a Clinton en estados más urbanos y personas con mayor grado de estudios. Donald Trump fue sumamente astuto, como buen promotor del marketing, de saber cómo llegar a esas personas, principalmente clase media y baja, que tenían descontentos con el gobierno del presidente Obama. Supo tocar sus fibras más profundas y lograr no sólo convencerlas de que él era la mejor opción y el único que podía lograr “Make America Great Again”, sino que también viralizar esa visión por medio de las redes sociales, el mejor terreno para compartir sus ideas, interactuar y trasmitirlas.

Con el uso de esta herramienta digital para la difusión y empoderamiento de ideas, intereses e incluso plataformas políticas, le dio un alcance sin límites. Como ejemplo recordemos que el gobierno de Egipto en el 2011 fue derrocado por un solo tweet. Éste se viralizó desde el centro de El Cairo, y fue tanto su impacto, que dio inicio a la conocida Primavera Árabe. El mismo método resultó efectivo para el SÍ al Brexit, el NO a la paz en Colombia y más recientemente para el triunfo de Trump. El sentimiento anti establishment se hospedó en las redes sociales, a trasmitirse “por el aire” y eso nos lleva a México, específicamente al caso de Andrés Manuel López Obrador y las elecciones presidenciales del 2018.

AMLO, ¿Trump a la mexicana?

Es sabido el papel y rol que ha tenido AMLO en la política y sociedad mexicana, desde finales del siglo XX y lo que va del presente XXI. Él ha buscado inyectar la percepción de que es “el salvador de México”, dentro de un sentido completamente caudillista y paternalista, aunque en el fondo es completamente populista en su sentido más visceral, intolerante e incoherente. Un símbolo perfecto como “antisistema”.

Obrador nació en las filas del PRI, creció en las del PRD y se ha desarrollado en su propio partido político MORENA. En su vasto historial está haber sido Jefe de Gobierno en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México; Líder Nacional del PRD, autoproclamado presidente legítimo de México en las elecciones del 2006, y contendiente a la presidencia del país en dos ocasiones más, con una tercera en proceso.

Ya no sólo en su propio discurso, sino muchas personas lo identifican como la figura anti establishment en México -con un perfil similar al que llevó al despacho oval a Donald Trump-, y la gran salvación ante lo que él denomina “la mafia del poder”, aunque le ha faltado mayor capital político, y sobre todo, más credibilidad ante la mayoría de la población para trascender. El remedio parece estar en la puerta: en su país vecino del norte.

AMLO ha estado sumamente activo con spots en los medios de comunicación, pero mucho más en las redes sociales desde hace un tiempo y, de los hasta ahora presidenciables, es quien tiene una estrategia mejor ordenada y con objetivos muy claros: atracción y convencimiento a la sociedad como figura de alternancia y salvación del pueblo mexicano. ¿Les suena?

AMLO, ¿Trump a la mexicana?

Él parece entender la fórmula que le funcionó a Trump para llevarse el #ElectionDay. Tiene muy claros los ingredientes: descontento de la población -mayormente de las clases populares e incluso sectores de la clase media, tanto rurales como urbanas- hacia las instituciones y el estatus quo; capacidades de oratoria y difusión realmente admirables, tenacidad sin límites, una estrategia electoral bien definida que lo lleva a recorrer cada rincón de México, un discurso incendiario plenamente populista y visceral, sabe llegar a las personas y sumamente terco.

Si todo eso lo mezclamos con una presencia constante en las redes sociales, logrando consolidar el “sentiment” y “engagement” de la población a su favor (que ya está buscando), mi estimado lector, en 2018, a menos que Donald Trump tenga un pésimo desempeño como presidente de los Estados Unidos en su primer año de mandato, es muy probable que dicha fórmula la veamos aquí replicada, y Andrés Manuel López Obrador logre cumplir su mayor sueño: ser Presidente de México. Todo al tiempo, pero las condiciones se están dando, y más por el contexto en que los mexicanos interactuamos dentro de las redes sociales.

Diego Sanchez Campia

Diego Sanchez Campia

Soy Internacionalista por la FCPyS de la UNAM, especializado en Diplomacia Digital, con especial énfasis en Diplomacia en Redes Sociales.Actualmente tengo el proyecto Red México / México Sin Frontera (www.mexicosinfrontera.com) , que está enfocado en información en protección, asistencia consular y protección preventiva para mexicanos en el exterior por medio de redes sociales.He participado con publicaciones para Líderes Internacionales y Paradigmas (dependiente de Urbi et Orbi del ITAM).