Adriana González Mateo, con Otra máscara de esperanza, Un hombre a la medida y El lenguaje de las orquídeas Adriana González Mateo, con Otra máscara de esperanza, Un hombre a la medida y El lenguaje de las orquídeas
La autora de la semana es Adriana González Mateos, narradora y ensayista. Ha escrito Otra máscara de esperanza, Un hombre a la medida, El... Adriana González Mateo, con Otra máscara de esperanza, Un hombre a la medida y El lenguaje de las orquídeas

La autora de la semana es Adriana González Mateos, narradora y ensayista. Ha escrito Otra máscara de esperanza, Un hombre a la medida, El lenguaje de las orquídeas y hoy nos comparte parte de su gusto por los libros y la lectura.

¿Podrías mencionarnos tus 5 libros favoritos y por qué lo son?

Mi libro favorito es Ficciones. Lo leí cuando tenía como diecisiete años y me pareció rarísimo, difícil, no puedo decir que me haya gustado, pero luego escribí un intento de relato que estaba completamente invadido por Borges. Eso hizo que me cayera muy mal y que volviera a leerlo; casi sin darme cuenta lo volví a leer muchas veces. Nunca he dejado de hacerlo, y siempre se renueva para mí.

Otro libro al que vuelvo con muchísimo gusto y siempre me deslumbra es Un cuarto propio, de Virginia Woolf, un ensayo delicioso, en el que ella demuestra una inteligencia deslumbrante. Y pocas novelas me parecen tan hermosas como Mrs. Dalloway.

También he disfrutado muchísimo Los recuerdos del porvenir y algunos de los cuentos de Elena Garro, admiro mucho su imaginación, su manera única de captar la vida de personajes que viven en un mundo parecido al nuestro, pero muy distinto.

Al hacer esta lista me doy cuenta de que hay libros a los que he regresado muchas veces.

Uno de ellos es Ana Karenina: sus personajes me han impresionado y conmovido, y siempre me parece que pueden seguir viviendo aunque yo deje de leerlos.

Adriana González Mateo, con Otra máscara de esperanza, Un hombre a la medida y El lenguaje de las orquídeas

Pero claro que cinco libros son muy pocos. Ya no tengo espacio para hablar de Cien años de soledad ni de El corazón de las tinieblas.

¿En qué momento de tu vida decidiste incorporar la lectura como un acto cotidiano?

Nunca lo decidí. Yo leía porque era algo muy divertido, me acostumbré a que mi abuela me contara cuentos, y luego empezó a regalarme libros. Así leí Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo, las novelas de Salgari. Era una de esas lectoras a las que a veces regañaban para que cerrara el libro y fuera a jugar o ayudara en la casa.

¿Siempre deseaste ser escritora o qué otro trabajo te hubiera gustado desempeñar?

Sí, desde muy chica me imaginaba escribiendo libros, empecé a colaborar en periódicos escolares, escribía diarios.

-Si vivieras en otro país, que no sea tu tierra natal (o si lo estás haciendo) ¿a qué otra profesión u oficio te gustaría dedicarte?
Cuando viví en Nueva York me conseguí un trabajo para una empresa que aprovechaba la diversidad lingüística de esa ciudad. Traduje contratos, revisé reglamentos de restaurantes, cartas comerciales. Luego empecé a servir de intérprete en muchas situaciones distintas. Desde luego lo hacía sin cobrar, de manera informal, pero ese oficio me fascina. Si no fuera tan difícil, sería traductora.

-Cuéntanos algún dato curioso de ti como lectora.

-No sé si es curioso, pero soy adicta a la Wikipedia. Aunque la he usado durante años y años, nunca deja de maravillarme que haya tanta información a mi alcance, que con sólo teclear un nombre aparezca el artículo que busco, otros artículos relacionados, los temas afines. Me encanta esa forma de leer en la que se asume que no sabes nada, digamos, sobre los chimpancés, pero en unos segundos tienes a tu alcance el artículo que te da la información básica y te permiten seguir buscando y profundizando. Es un primer paso para satisfacer la curiosidad, un gusto que para mí nunca se acaba.


Diana López

Diana López

Comunicóloga y etnohistoriadora. Se ha desempeñado como promotora cultural independiente, RP para editoriales y eventos culturales. Fue coeditora web en la sección cultural del periódico Reforma y paleógrafa del Archivo General de la Nación. También ha sido asesora pedagógica de fomento a la lectura. Oficio que mejor la define: mochilera.