Adolfo Bautista, el domador del tiempo Adolfo Bautista, el domador del tiempo
Pese a los esfuerzos que podamos realizar, nuestro tiempo siempre tiene un límite. Cada existencia está marcada por un período determinado. Adolfo Bautista, el domador del tiempo

Pese a los esfuerzos que podamos realizar, nuestro tiempo siempre tiene un límite. Cada existencia está marcada por un período determinado. Bastante corto, por cierto. Si quisiéramos adquirir una gran cantidad de conocimientos mediante la lectura, devorando un libro a la semana y manteniendo ese ritmo desde los seis años hasta casi el borde de la muerte, con una esperanza de vida de 76 años, eso nos daría la posibilidad de leer tres mil 640 libros. Número insignificante si consideramos que la biblioteca central de la UNAM tiene un acervo, tan sólo de tesis, de 450 mil textos. Necesitaríamos 123.62 vidas para dar lectura a los trabajos que los alumnos de una sola universidad realizaron para obtener sus licenciaturas, maestrías y doctorados.

¿Cuántos litros de alcohol beberemos? ¿A cuántas personas amaremos? ¿Cuántos kilómetros viajaremos? ¿Cuántos goles anotaremos? Son cifras que seguramente están determinadas en nuestra historia, pero aún no conocemos o no podemos predecir fácilmente.

Por esas razones he considerado siempre a Adolfo “Bofo” Bautista, como un jugador de fútbol con una cantidad limitada de partidos brillantes entres sus pies, pero invertidos de forma inteligente en cada uno de los juegos que le fueron concedidos para insertarse entre los últimos ídolos del Guadalajara. Su irregularidad y salidas del club no han hecho más que mitificarlo. Recordemos algunos de esos eventos que ejemplifican su excepcional condición.

Adolfo Bautista, el domador del tiempo

En la previa del juego entre Chivas y Manchester United, para inaugurar el nuevo estadio del Guadalajara, el periodista Carlos Albert, uno de los mayores detractores de Bautista, comentó que esa sería una gran noche para el Bofo, pues sabía que esos partidos eran los que le gustaban. Aunque no suelo estar de acuerdo con las “tonterías” de Albert, la predicción se cumplió.

Se celebraba la despedida de Javier Hernández -aunque el Chícharo anotó el primer gol del nuevo estadio y Guadalajara venció al United-, Bautista se las arregló para ser la figura del juego. Conmovió hasta el corazón de Sir Alex Ferguson, quien, gracias a una asistencia y la faena que le pegó a los defensas centrales de los diablos rojos, aseguró que Adolfo fue el mejor jugador de ese encuentro

Muchas años antes del partido contra Manchester, el Bofo recibió uno de los reconocimientos más grandes de su carrera: en forma de golpes, cabezazos y un escupitajo. Había destrozado (4-0), junto con sus compañeros, a Boca Juniors durante los cuartos de final de la Copa Libertadores 2005, en el estadio de Jalisco. Para el partido de vuelta, la bombonera de Buenos Aires lo esperó furiosa.

Adolfo Bautista, el domador del tiempo

Con el cero en el electrónico, los xeneizes no se cansaron de patearlo, hasta que cerca del final recibió un puñetazo en una carrera por la banda izquierda, al levantarse volteó a la grada y mostró cuatro dedos, recordando a la fanaticada el marcador. Lo que siguió fue espectacular. La rabia de Boca es un monumento a la grandeza del jugador.

Martín Palermo se acercó para propinarle un cabezazo en la nuca.  Luego el árbitro determinaría expulsarlos a ambos. A su salida, el técnico argentino Jorge “El Chino” Benítez lo escupió en la cara. Al pasar por el tiro de esquina, un aficionado, con la camiseta del Villarreal estampada con el nombre de Juan Román Riquelme, invadió la cancha para darle un golpe, mientras otro con la playera azul y oro lo atacaba por la espalda. Nunca un sólo hombre había generado una estampa de ese tamaño.

También en la final de la Copa Libertadores 2010 repetiría el homenaje contra el Inter de Porto Alegre. Durante la ceremonia de himnos nacionales, la banda que los interpretaba interrumpió de súbito el mexicano para pasar al brasileño. Los jugadores tapatíos estaban extrañadísimos. Adolfo rompió formación y se puso a calentar para revertir el agravio. Hizo que los brasileños silbaran y abuchearan durante su propio himno. Salvó, a su manera, el orgullo nacional.

El penúltimo campeonato de Chivas (2006) se dio en otra bombonera y coincide con la mejor temporada de Bautista, quien coronó con un gol que fulminó a Hernán Cristante y a todo el Toluca, para entre lágrimas inmortalizarse en la historia del Rebaño.

Adolfo Bautista, el domador del tiempo

La selección mexicana siempre se preguntó qué hubiera sido si durante el Mundial de Alemania 2006, en Leipzig, Adolfo hubiera estado. ¿Su genio se habría impuesto al de Maxi Rodríguez? La duda se congeló en el tiempo y lo persiguió hasta Sudáfrica. En Johannesburgo Javier Aguirre buscó una elongación de un momento que hacía cuatro años que había terminado. Contra todo pronóstico alineó a Bautista, se arriesgó a descubrir si aún le quedaban partidos de leyenda a su contador. Esa apuesta fracasó.

¿Es malo contabilizar las proezas de Bautista? J.D. Salinger, un clásico de la literatura norteamericana, publicó sólo cuatro libros. El resto de su material lo declaró inexistente. Juan Rulfo tuvo una novela y un libro de cuentos. Sin estos es imposible entender la historia de un país.

La carrera de Adolfo Bautista es, en sí misma, una apología a la posición que desempeña en el mediocampo: un administrador del tiempo.

 

Luis Moreno Flores

Luis Moreno Flores

Luis Moreno Flores es un periodistas mexicano, entusiasta de la comida callejera, fanático del rocanrol, los perros, la literatura de la onda, Donnie Darko, las Chivas y el Athletic de Bilbao. Actualmente reside en San Luis Potosí y es subdirector editorial del periódico La Orquesta.mx. luismorenoflores@gmail.com /@LuisMorenoF_