Adolf Hitler no pudo implantar una “raza superior”, pero… ¿Surgiría una “élite genética” si avanzamos más en los estudios del genoma humano? Adolf Hitler no pudo implantar una “raza superior”, pero… ¿Surgiría una “élite genética” si avanzamos más en los estudios del genoma humano?
El hindú Siddhartha Mukherjee (Nueva Delhi, India, 1970) se hace una gran pregunta en su nuevo libro “El gen. Una historia personal” Adolf Hitler no pudo implantar una “raza superior”, pero… ¿Surgiría una “élite genética” si avanzamos más en los estudios del genoma humano?

La pertinencia de esta discusión

El hindú Siddhartha Mukherjee (Nueva Delhi, India, 1970) se hace una gran pregunta en su nuevo libro “El gen. Una historia personal”, edorial Debate. ¿Qué pasa cuando una máquina aprende a leer y a escribir su propio manual de instrucciones? En su último libro este oncólogo entrelaza tres narraciones como en una triple hélice: una íntima, en torno a su familia, flagelada por trastornos mentales hereditarios; una historia que sigue a los científicos y a los experimentos que dieron lugar a la genética moderna; y una llamada de atención sobre cómo pueden cambiar la sociedad las tecnologías derivadas de ese conocimiento y los debates necesarios para que no tengamos que arrepentirnos de lo aprendido.

imageEste mes, en Chicago, Mukherjee planteó en una conferencia frente a miles de médicos un ejemplo de la pertinencia de esta discusión. Los análisis genéticos han permitido descubrir mutaciones que pueden predisponer a sufrir un tumor y en muchos casos ha mejorado el pronóstico. Sin embargo, también se corre el riesgo de convertir el cáncer en una institución total en la que el paciente es “constantemente vigilado”. Es un caso en el que el conocimiento del genoma puede condicionar la forma de vivir nuestra vida.

¿Una raza superior?

Los nazis utilizaron la poderosa idea de la genética para justificar sus delirios de limpieza racial y los soviéticos la rechazaron, negando toda evidencia científica, porque la consideraban una idea burguesa.

¿Reconoce ahora el uso de esta idea científica como justificación para determinadas ideologías?

Siddhartha Mukherjee responde a esto: “La eugenesia privatizada no es distinta de la impuesta por el Estado. Lo único que cambian son los actores. Uno de los últimos dibujos en el libro [en el que aparece una familia china que solo tiene hijos varones] muestra lo que les pasa a las poblaciones humanas cuando privatizas la capacidad de las personas para tomar decisiones sobre las características genéticas de sus hijos. Que hayamos desmantelado la eugenesia estatal no significa que no seamos capaces de plantear las mismas elecciones individualmente, y es igual de peligroso”.

¿Es posible evitar que la gente quiera mejorar a sus propios hijos mediante el uso de los nuevos descubrimientos genéticos?

Siddhartha Mukherjee: Creo que nos estamos deslizando lentamente hacia una nueva era. Hace tres meses, la Academia Nacional de Medicina de EE UU tomó una decisión muy interesante y muy importante. Se estaba debatiendo si las alteraciones genéticas podrían permitirse en espermatozoides, óvulos o embriones humanos. Hasta ahora, en Occidente, hemos decidido que la ingeniería genética es aceptable en células humanas siempre que no cambies permanentemente el genoma humano. Si en tu cuerpo cambias las células de la sangre o las neuronas o las células del cáncer, todo esto no hace que los cambios se conviertan en una parte permanente del genoma humano.

Con Crispr y otras tecnologías estamos llegando a un punto en el que nos podemos preguntar si deberíamos editar el genoma humano de forma permanente. Y la academia decidió que se permitiría. Pero hay un par de limitaciones. La primera, que debería haber una relación causal entre el gen y el objetivo que tratamos de alcanzar. La mayoría de los rasgos humanos tienen su origen en varios genes, efectos ambientales, la casualidad… Pero algunos son muy autónomos y para esas enfermedades en las que hay una causa directa entre el gen y la enfermedad podríamos hacer estos cambios permanentes.

La segunda limitación es más complicada. Dice que se permitiría realizar estos cambios si hay un sufrimiento extraordinario que se quiere evitar. Pero, ¿sufrimiento extraordinario según quién? ¿Quién va a poner los límites? ¿Es un sufrimiento extraordinario ser mujer en una sociedad donde pueden enfrentarse a una discriminación terrorífica? ¿Definiríamos el sufrimiento extraordinario de acuerdo con una enfermedad? ¿La definiría preguntando a la gente si están sufriendo, si quieren seguir viviendo así? Es una decisión muy complicada y al final tiene que ver con quienes somos, con cómo nos definimos.

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Editar el genoma humano para “mejorar” a nuestros hijos

Usted, Siddhartha, habla en el libro de los problemas mentales hereditarios que ha sufrido en su familia. Si tuviese la posibilidad de eliminar con edición genética ese problema, ¿no lo haría?

No tengo ninguna duda de que en el futuro será posible encontrar la relación entre enfermedades como la esquizofrenia o el desorden bipolar y quizá 10 o 20 variantes de genes que en combinación pueden predecir que tu riesgo de sufrir esa enfermedad se multiplica 10 o 20. Una vez que empecemos a conocer estas combinaciones, ¿qué vamos a hacer?

La manipulación genética ya permite secuenciar y “reparar” los genes que ocasionan el Síndrome de Down. Según Siddhartha Mukherjee podríamos empezar a descartar particularidades genéticas mucho más sutiles. Una de las posibilidades, de la que dispondremos pronto, puede ser algo como seleccionar embriones y solo implantar los que no tienen determinadas combinaciones de genes.

La Redacción

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