Acercamientos a la tristeza en la pintura cubana Acercamientos a la tristeza en la pintura cubana
La historia cultural de Cuba está plagada de eventos atroces. La tristeza ha fructificado en el devenir de sus creadores. Si bien profesan sin... Acercamientos a la tristeza en la pintura cubana

 “El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza o a otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos”.

José Martí[1]

Horizontum. Acercamientos a la tristeza en la pintura cubanaLa historia cultural de Cuba está plagada de eventos atroces. La tristeza ha fructificado en el devenir de sus creadores. Si bien profesan sin lamentos, también ríen lamentándose. En la isla estar triste es algo extraño y no se puede llorar más que a un muerto inesperado. Algunas de estas circunstancias se pueden visualizar a partir de 1959, como por ejemplo: los exilios recurrentes, las salidas masivas del país, en una sociedad que no sólo bloqueó intereses privados desde aspectos económicos, sino también desde el intelectual. La libertad de expresión sólo fue un falso vehículo de adoración a la clase en el poder, junto a las separaciones familiares, necesidades económicas, espirituales o de cualquier otra magnitud. Muchos han visto la muerte sin volver a verse enfrente de su realidad materna. Cualquier acontecimiento migratorio es lamentable y ha sido una constante en la historia universal. Cuba no ha sido la excepción.

Juan Gualberto Ibáñez Gómez, más conocido como Yonny Ibáñez nació el 17 de marzo de 1933 en La Habana pocos años después de la abolición de la esclavitud, así que la discriminación racial no era tema superado, si bien su abuelo nació libre, sus bisabuelos murieron esclavos.Estos arraigos dolorosos que arrastra la historia, también desde lo particular, son impulsos que golpean y sacuden mundos internos. Era de una estirpe guerrera, su abuelo Juan Gualberto Gómez, periodista y hombre de confianza de José Martí durante la guerra de independencia en 1895. Posteriormente se desempeñó como senador en una Cuba ya libre.

Pero Yonny fue víctima de acontecimientos lastimeros, provocados por situaciones del proceso ideológico dentro de la Revolución Cubana. Sobre esto, los intelectuales isleños tuvieron diferentes visiones y bajo políticas sociales impositivas del nuevo gobierno, muchos fueron críticos exhaustivos, otros apoyaron la causa, bajaron la voz o buscaron fronteras donde asilarse. El costo de las ideas contrarias al proceso revolucionario se reflejó en que fueron discriminados, encarcelados, sojuzgados, exiliados y perseguidos. Estas realidades, aunque a algunos no les tocó directamente, sí perjudicaron mediante leyes impuestas desde lo absurdo, o por el menoscabo sufrido a algún amigo o persona cercana.

El notorio “Grupo Espacio”, dirigido por la pintora Loló Soldevilla, fue un parteaguas en la historia de la plástica cubana durante los años sesenta del pasado siglo. Desgraciadamente muchos no lo recuerdan, pero, gracias a la disciplina archivista de Ibáñez y su amor incondicional al arte cubano, no quedó completamente en el olvido. Ese grupo, al que también perteneció, expuso su trabajo en la Primera Bienal de Artistas Noveles de Cuba, organizado por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba´, en 1969; en el Salón Nacional de Pinturas y Dibujos, del Museo de Bellas Artes, en 1970, y en la Expo Brigada Hermanos Saíz, en 1972[2].

Yonny una vez contó que: “Presentamos una pintura conceptual, que no coincidía con los criterios más en boga entonces, y hubo quienes nos tildaron de esteticistas, extravagantes, y eso creó un obstáculo. A Inverna (pintora perteneciente al Grupo) le cerraron una muestra a los dos días, por una mala interpretación del título”[3]. Las víctimas de la creación, como así se puede ver, han tenido que subyugarse ante lo tiránico, o como Yonny, ante la paz de una finca heredada, llena de vegetación exuberante que le permitió no fallecer de tristeza, expresaba: “Claro, si hubiésemos pintado lo que se prefería, todo hubiese sido muy gracioso, muy oportuno y lucrativo, pero hubiese sido un arte falso, superficial e hipócrita, que no merecía la pena hacer. En la pintura, como en la vida, el engaño no vale nada, y cuesta caro”[4].

Horizontum. Acercamientos a la tristeza en la pintura cubana

Muchos iconos de este grupo tuvieron diferentes destinos. Entre ellos estuvo Arístides Pumariega, quien llegó a ser un reconocido caricaturista, aunque de algunos no se sabe qué fue de su vida, como la de la coreógrafa y bailarina Maricusa Cabrera. Al pintor de Op Art Jaime Bellechasses le tocó un destino desgarrador. Estuvo preso en los años 70 en Cuba por motivos políticos, emigró a los Estados Unidos, donde jamás dejó de llorar de nostalgia y vivió encarcelado de angustia. Finalmente murió de Sida y en el olvido. El pintor Fonti terminó loco y nunca quería recibir a nadie en su casa[5]. La influencia dramática que en 1971 tuvo la muerte de Loló[6], marcó un hito en los jóvenes de entonces que veían en ella la rebelión, la musa, el hilo conductor de una realidad difícil, que convertía en quimera dentro de una sociedad que buscaba el enfoque ideológico, sin pretender concebir a la cultura como parte de este desenlace.

Horizontum. Acercamientos a la tristeza en la pintura cubana

En los años 70 Yonny trabajaba en el departamento de diseño del Instituto del Libro Cubano y conoció a Virgilio Piñera. En Cuba por esa época se realizaban antologías de cuentos y poesía. Las obras virgilianas no eran incluidas. La Ciudad Celeste, como Virgilio bautizaría la casa de los Ibáñez, donde fue llevado por Yonny en un rescate humano y amoroso, fue un universo cultural que reafirmó no sólo la creatividad, sino su permanencia, su fuerza, que a pesar de todo lo cesado jamás traicionaría lo no renunciable: la mismísima dignidad. Destacaría que en toda Cuba, ni en esos años, ni en posteriores del devenir de la Revolución Cubana, ha habido sitio alguno con el fervor, inteligencia y acogida a la cultura como lo fue La Ciudad Celeste.

En los años 1977 y 1978, el poder político victimizó estas reuniones, determinando que allí no se hacía cultura. Ahí -dijeron- se imputaba y se conspiraba en contra del gobierno. De esto, unos resultaron con vetos eternos. Otros fueron encarcelados (como fue el caso de Yonny) o sometidos a torturas y persecución hasta el abandono patrio. Un año más tarde de estas estampidas dictatoriales contra todo acto cultural visto desde “lo extraño, muere Piñera, por consecuencia de un infarto cardiaco.

Horizontum. Acercamientos a la tristeza en la pintura cubanaLos relegados no sólo fallecieron, también extraviaron el rumbo de su creación o tuvieron que partir al suicidio del migrante. Aunque Yonny permaneció en Cuba, la lluvia interminable de amigos invisibilizados, la dureza de la censura -bien por su condición homosexual, artista, rebelde, categórico, profundo, metódico, digno y soberbio-, lo llevaron a reiterarse en su casa, La Ciudad Celeste, donde luego reanudaría sus famosas tertulias con nuevos sonidos creadores.  A partir del 2 de septiembre de 1988 estos encuentros se perpetuaron hasta sus días finales. Allí creó un foco cultural con su visión de mecenas. Reunió una multiplicidad de oficios artísticos, que sólo su muerte pudo arrebatar de ese lugar físico, pero jamás de la memoria de quienes asistían a esos encuentros.

Ibáñez no era un simple mortal agobiado. Fue una mezcla infinita de razas que permearon un temperamento. Como pintor, las circunstancias provocadas por lo inadmisible, no puede dejar de plasmarlas. Le son innatas.  Sus figuras se asoman a la mancha urbana, desde su posición racial. Con seguridad protestan por un sitio en la sociedad, negado desde el prejuicio, no sólo étnico, sino sexual, religioso, místico. En los años 90 crea la serie “Gente de color”, la cual habla de la madurez alcanzada como artista visual. Entre toda la muestra destaca la obra Los Testigos, una gama impulsiva de desgarre emocional.

Su plástica no sólo demuestra la capacidad de entonar la tristeza,  también es el reflejo onírico de la verdad.  Es un retorno a lo perdido. Un grito despavorido de identidad. El uso del color transmite la solidez de una emoción melancólica. Sus líneas provocan sensación de agotamiento. Con su singular forma, logra múltiples miradas, gestos desafiantes, y una crítica social. Los rasgos negroides en sus trazos de personas resultan una simbólica maña para definir a una raza, a todo un pueblo.

 [1] Martí, José, Ensayo “Mi Raza”, Cuba, 1893.

[2] Datos obtenidos de Hurtado, Fabio Rogelio, “conversación con Yonny Ibáñez”, Palabra Nueva, Revista de la Arquidiócesis  de la Habana, domingo, 16 de marzo de 2008, la Habana, Cuba.

[3] Ídem.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] Ella es la única pintora cubana incluida en el libro del crítico francés Michel Sophour, sin embargo, y esto es increíble, olvidada en el mundo cultural de Cuba.

María Teresa Acosta Carmenate

Licenciada y Maestra en Historia del Arte por la Universidad de Morelia. Poseo algunos premios en poesía y exposiciones plásticas tanto individuales como colectivas. He trabajado cercanamente en aspectos curatoriales en museos como MACAZ dentro de la Ciudad de Morelia. He impartido algunas conferencias en variados Congresos Internacionales. Dirijo el Museo METAEXPOSICIÓN, proyecto patrocinado por CONACULTA desde hace tres años. He ejercido la docencia en áreas como: Arte Africano, Últimas Tendencias del Arte, Didáctica del Arte, Historia del teatro, Historia de la danza, Arte de Grecia y Roma, Promoción Cultural, Ética etc. He sido seleccionada como parte de una antología de poetas michoacanas en recientes fechas y trabajo recurrentemente como asesora de tesis a nivel licenciatura y maestría. Colaboro cada semana con reflexiones sobre arte y cultura latinoamericana en el SMRTV. En la actualidad soy la directora creativa de la Promotora ORBE y doctoranda del Doctorado Interinstitucional en Arte y Cultura.