¿A qué número de emergencias marcar? ¿A qué número de emergencias marcar?
Un golpe seco y amortiguado despertó a Mercedes, se levantó y caminó directamente al baño. Encontró a su esposo tirado, con la cabeza rota... ¿A qué número de emergencias marcar?

El zumbido de un insecto lo despertó del letargo de sueño en que había caído hacía unas horas. Tuvo un sueño agitado y confuso. Aún tenía en la boca el sabor de la bebida. En su mente se difuminaban los recuerdos vagos de las imágenes oníricas. Con las manos intentaba ahuyentar a ese insecto que lo merodeaba. Tardó unos minutos en descubrir que el sonido del zumbido, sordo y continuo, salía de su cabeza; como si el condenado bicho hubiera entrado por una de sus orejas. Además, algo empezaba a quejarse en su estómago, algo lleno de furia e impaciencia, con un chillido molesto y largo, como si hubiera una rata royendo sus tripas.

¿A qué número de emergencias marcar?Después de varios intentos logró ponerse las chanclas de su esposa, entró al baño y se contempló largamente en el espejo. Al principio con curiosidad, después con un vertiginoso estupor, fue dándose cuenta de que no veía nada. Su reflejo estaba ahí, alcanzaba a notar el margen de su figura, percibía el tenue color blanco de la lengua ocasionado por tanto whisky, notaba la larga cicatriz del mentón, los párpados hinchados, las entradas en el cabello, la desfiguración de la comisura de sus labios, pero él no estaba ahí, no se veía, no se encontraba. El ser que el reflejo retornaba era extraño, desconocido, impostor se diría, ¿pero dónde se encontraba él?

¿Qué hacer cuando esto sucede?, ¿a quién llamar por teléfono cuando no te encuentras?, ¿a quién buscar?, ¿a qué número de emergencias marcar?, ¿qué oración decir?, ¿qué hechizo lanzar?, ¿a qué dios pedir?,  ¿a quién gritar? Y lo más importante: ¿cómo expresar esa estupefacción que le acalambraba el alma?

Y el maldito zumbido crecía más y más en su cabeza, y la condenada rata hambrienta (seguramente fea y apestosa) buscaba salida por su garganta; y su esposa, que dormía plácidamente, no se daba cuenta de que la necesitaba; y él aún no se encontraba en el pinche-espejo-mugroso-que-le-costo-una-ganga-en-el-maldito-mercado, y ¿quién condenado-hijo-de-la-fregada había dejada abierta la ventana en donde se colaba el escalofriante maullido del mugriento-gato-hijo-de-su-chingada que le helaba la sangre?

Oscuridad repentina. Alivio sigiloso y rápido. Oscuridad total.

***

Un golpe seco y amortiguado despertó a Mercedes, se levantó y caminó directamente al baño. Encontró a su esposo tirado, con la cabeza rota y chorreando sangre, en la mano izquierda del cadáver descubrió la piedra con la que regularmente detenían la puerta para que no se cerrara. Una mosca sondeaba al muerto; una rata gris, sucia y fea, intentaba ocultarse detrás del inodoro. Y Diego, el gato de la vecina, se relamía en la ventana la herida que un día antes le había hecho el esposo de Mercedes. Ella regresó a la cama y volvió a dormir, porque dormir fue la única tarea que se le ocurrió en ese momento, ya mañana sería otro día.

¿A qué número de emergencias marcar?

(¿A qué número de emergencias marcar?, “Dioramas y Estaciones”, Julio César Hernández Galván, “Cuervo de Hojalata”).


Julio César "Cuervo de Hojalata"

Julio César "Cuervo de Hojalata"

Aficionado del cine, de los libros, del teatro y del diseño. Escritor en tiempo libre.