A propósito de Trump, el teatro: “3 días en mayo” A propósito de Trump, el teatro: “3 días en mayo”
Aquel día de septiembre del 38, Neville Chamberlain –primer ministro inglés de 1937 a 1940- regresó orgulloso a casa. No era para menos A propósito de Trump, el teatro: “3 días en mayo”

Aquel día de septiembre del 38, Neville Chamberlain –primer ministro inglés de 1937 a 1940-  regresó orgulloso a casa. No era para menos. Venía de entrevistarse, en Münich, con Adolfo Hitler y Benito Mussolini, los hombres fuertes del hemisferio, bajo cuyas botas de lustroso cuero negro, Europa se replegaba medrosa y aturdida. Con ellos tres, más el presidente del Consejo Francés, Édouard Deladier, habían acordado transigir en las demandas territoriales alemanas para ceder a su régimen los Sudetes checoslovacos. Chamberlain dijo al mundo, un lluvioso día de otoño –como no podría ser de otra forma en Gran Bretaña- que había logrado “la paz de nuestro tiempo”. Casi exactamente un año después, el 3 de septiembre de 1939, el mismo Chamberlain declaró la guerra a la Alemania nazi.

El error histórico del primer ministro lo obligó a replegarse sobre su fracaso. Las condiciones del Pacto de Münich eran inaceptables: implicaban enajenarse el apoyo estratégico de Checoslovaquia en Europa Central y abrir la puerta de Europa entera al fascismo.

Una por una, miraba el mundo perplejo, las democracias liberales sucumbían: en marzo Checoslovaquia y Polonia; en abril de 1940, Dinamarca y Noruega. En mayo caía, bajo el domino nazi, el corazón de Europa: Francia, Holanda y Bélgica. La imagen de Chamberlain ante el mundo, se desdibujaba hasta la ignominia. No eran tiempos de corderos: los lobos andaban sueltos.

A propósito de Trump, el teatro: “3 días en mayo”

Al relevo de Chamberlain llegó Winston Churchill, duro crítico de la política de apaciguamiento desde su comienzo. Su discurso de posesión ante la Cámara de los Comunes quedó para la historia: “Sólo puedo ofrecer sangre, sudor y lágrimas”, anunció como ofrenda propiciatoria para el pueblo inglés; además de asumir, con claridad, las acciones que habría de tomar desde entonces y hasta el final de la conflagración: “Hacer la guerra contra una monstruosa tiranía, jamás superada en el tenebroso y lamentable catálogo de los crímenes humanos. Esta es nuestra política.”

Casi al final del discurso de posesión de Churchill, quedó en claro un mensaje, el único necesario en medio de la noche de los odios: El primer ministro buscaría la “victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y por duro que sea el camino; pues sin victoria no hay supervivencia ni salvación”.

A propósito de Trump, el teatro: “3 días en mayo”

Sin embargo, hubo 3 días en mayo en que las cosas pudieron ir diferentes. Su gabinete de guerra -conformado por los conservadores Lord Hallifax y el propio Chamberlain, y los laboristas Attlee y Greenwood- se enfrentaba a una crítica disyuntiva: negociar, con la intermediación de Mussolini, y la anuencia francesa, la cesión de algunos territorios del Imperio Británico al régimen alemán;  o resistir la embestida fascista, hasta que los Estados Unidos se decidieran en enfrentar al monstruo del nazismo. Ninguna de las dos opciones garantizaba algo más que no fuera sufrimiento, con la indeleble dosis de azar y riesgo que el fracaso del Pacto de Münich dejaba como antecedente en el terreno de los acuerdos transnacionales.

La obra “3 días en mayo” recoge ese oscuro momento de la Europa vejada, rendida ante la vesania de un régimen criminal, violento; y da cuenta de las tensiones y apabullante responsabilidad de un grupo de hombres, liderados por Churchill, para constituirse en el único valladar a la barbarie continental.

A propósito de Trump, el teatro: “3 días en mayo”

Seccionada en dos actos, la obra se teje a partir de las reuniones que el gabinete de guerra inglés mantenía para dar rumbo a la Gran Bretaña, en medio del, parecía entonces, inevitable desastre mundial. Expectantes del tumultuoso presente y de las desalentadoras noticias que del frente europeo llegaban, atenazados por el miedo –humanos al fin-, los hombres de Churchill se despeñaban entre el arrebato pasional del primer ministro, partidario de plantar cara a Herr Hitler, y las cerebrales elucubraciones de Lord Hallifax, proclive a celebrar un acuerdo con Alemania. La obra, pues, transita por los debates y contradicciones que en el seno del gabinete de guerra inglés, se dieron antes de enfrentarse, decididamente, contra el nazismo.

A nadie puede dejar indiferente el testimonio de entereza y esperanza en el episodio; un testimonio, finalmente, luminoso y entrañable, justo cuando las sombras de la estupidez se espesaban sobre la mitad del mundo. Aquellos 3 días en mayo marcaron, secretamente, el destino de la humanidad entera, y forjaron, nada más, el rostro del mundo en el futuro.

A propósito de Trump, el teatro: “3 días en mayo”

La obra, como ya apuntaba el historiador Enrique Krauze, tiene el buen gesto de la oportunidad temporal. Nunca como ahora, que sobre el paisaje internacional de México se cierne la amenaza del odio, imbuido por un nacionalismo ramplón y acaudillado por un sujeto anticlimático, es tan necesaria la historia para encontrar en ella las pistas para enfrentar al perro rabioso del racismo y la xenofobia que incordia al mundo. Y eso, a nadie, puede dejar indiferente.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.