“A mí me interesa, por sobre todo, contar historias…”, Iván Farías “A mí me interesa, por sobre todo, contar historias…”, Iván Farías
Ivan Farías dice que es sólo un contador de historias. Sin embargo, es también un cronista capaz de convertir la realidad en un hilarante... “A mí me interesa, por sobre todo, contar historias…”, Iván Farías

Ivan Farías dice que es sólo un contador de historias. Sin embargo, es también un cronista capaz de convertir la realidad en un hilarante escenario detectivesco, le apasiona el uso del humor en la literatura e incluso, conoce a un par de policías que sí respetan su profesión.

“A mí me interesa, por sobre todo, contar historias…”, Iván FaríasEste narrador y crítico de cine nació en Ciudad de México en el año 1976 y, durante su trayectoria literaria, ha publicado dos libros de cuentos, dos de ensayo y una novela, Un plan perfecto, donde traficantes, proxenetas y mujeres perturbadas se unen en una historia de límites peligrosos.

Con el libro Entropía se hizo acreedor del Premio Beatriz Espejo de cuento, en 2003 y fue considerado por el diario Reforma como uno de los mejores autores mexicanos de ese año. Conocido por su narrativa veloz y llena de humor, ha publicado cuentos y artículos en diferentes revistas y periódicos en México como Reforma, La Jornada, Complot, Replicante, Gótica, Generación y Playboy.

-¿A qué edad comenzaste a escribir? ¿Cuál fue tu primer libro?

-Comencé muy joven, como a las 12 ó 13 años, pero eran cosas muy malas; intentos de escribir guiones. Fue hasta que tenía como 19 ó 20 años que entré a un taller literario con la doctora Beatriz Espejo. Ella me enseñó los rudimentos de la escritura, a quitar las cacofonías, a poner comas y demás. Las cosas básicas, porque yo lo hacía muy mal. En el taller también conocí otras lecturas. Las mías eran principalmente novelas de terror y policíacas, casi todo traducido.

“Mi primer libro lo fui armando en ese taller, se llamaba Luz de fosfeno. Bueno, en realidad eran pocos cuentos, más un cuadernillo que un libro. Ahora, a la distancia puedo ver que eran historias que se podrían llamar weird tales. La mayoría de eran plagios inconscientes de cuentos e historietas que había leído con emoción a muy temprana edad. A algunos les tengo mucho cariño, pero son impublicables por los derechos de autor y por la vergüenza de que se dieran cuenta Richard Corben o Robert Bloch que fueron plagiados.

-¿Qué temáticas te apasionan a la hora de escribir literatura?

-Me gusta mucho el crimen, la maldad, el sexo, la soledad. Antes, hace años, era más azotado, ahora salpimento esos mismos temas con humor. Ya no quiero que la gente acabe dolorida luego de leerme. Creo que uno siempre repite los mismos temas. De una u otra forma uno escribe siempre de lo mismo, o peor aún, la misma historia. En mis libros hay muchas referencias al cine, también, porque soy muy aficionado a él. Por ejemplo, yo siempre escribo sobre la mujer terrible y misteriosa. Es algo que todo el tiempo está presente.

-¿Cómo concebiste Un plan perfecto?

-Mi novela nace de un reportaje fallido que nunca entregué. Se me pasó la fecha y toda la información se me quedó. Era sobre el robo de relojes y joyas. Entrevisté a un policía federal y a un ladrón. Ambos me dieron la idea, que se fue cocinando poco a poco en mi cabeza. Quería, además, crear un panorama general de cómo todos los niveles económicos están mezclados en el crimen, no solo los bajos. Así que comencé a investigar un poco más los diamantes. Sin embargo, lo que quería que quedara muy marcado era que mi personaje principal, Diego Rodríguez, El Soñado, era un ladrón que seguía un código en contrapunto del resto de personajes. Así, leí mucho sobre cómo se enseñaban los artegios y cómo se metían a robar a las casas cuando no había nadie.

– ¿Qué importancia tiene para ti el humor en la literatura?

-Creo que la literatura mexicana ha pecado de seria, de solemne. No hay tantos personajes que hayan hecho del humor su signo. Está Ibargüengoitia, un tanto Rafael Bernal, Monsivais y algunos otros. A mí me gustan los autores que se pueden burlar de ellos, de las convenciones, los que hacen del humor su arma para destrozar. Entre los nuevos escritores que hacen esto está Antonio Ortuño e Hilario Peña, ambos, cada uno en su vertiente, dotan de humor su narrativa. La verdad es que leo de todo, literalmente de todo, desde ensayos hasta pesadas obras, pero yo prefiero presumir que sólo leo un tipo de literatura y esa es la que tiene humor. Un autor que me gusta mucho es Elmore Leonard, Leonard se burlaba de todo, hacía situaciones peculiares y personajes cool que servían para disparar una risa cómplice con el lector. Por ejemplo, hay un gánster blanco que quiere ser negro, unos mafiosos italoamericanos que odian Italia, o un apostador que su deseo último es vivir en la cabaña donde vivió Ezra Pound.

-¿Qué otra profesión te gustaría ejercer? ¿Por qué?

“A mí me interesa, por sobre todo, contar historias…”, Iván Farías-Pues he ejercido muchos oficios: he sido instalador de puertas automáticas, obrero, vendedor ambulante en las carreteras, librero, pero me gustaría ser policía. Es como un sueño de niñez, ser policía y hacer justicia. Creo que me afectaron los cómics de superhéroes y las novelas policías. También es que he conocido policías que sí quieren su profesión.

-¿Podrías recomendar a los lectores cinco libros que hayan contribuido a tu formación literaria?

-De entrada, una recopilación de cuentos que se llamaba Shock, que son historias de Richard Matheson. Actualmente no lo puedes conseguir, pero sí hay libros de él en Valdemar. Matheson es un tipo que no tiene la relevancia que se merece. Era un gran creador de cuentos, con unos finales contundentes, que además recurría a cosas muy cotidianas y que reflejaban muy bien la psique del hombre común que se enfrenta a situaciones. También está Rabia de Stephen King, otro libro inconseguible sobre un adolescente que secuestra a sus compañeros del colegio, junto a su maestra, y que muestra esa parte violenta del tipo que ha sido humillado y toma venganza. Ciudades desiertas de José Agustín, una novela mitad libro de viaje, mitad enfrentamiento a la madurez. Me gusta mucho como Agustín pudo crear una historia tan entrañable y profunda con dos personajes inolvidables. La ley de Herodes de Ibargüengoitia, el peso pesado de las dos cuartillas, un tipo que se sabía burlar de sí mismo y de todo lo que veía. Me hubiera encantado conocerlo. A mis mejores amigos no los he visto nunca, de Raymond Chandler, otro peso pesado, de respuestas rápidas, juicios contundentes y frases precisas.

-Háblanos un poco más de ti…

-Iván Farías, es decir yo, es sólo un contador de historias; es decir, el tipo que tiene la habilidad de mantener a la gente durante mucho tiempo abstraída de su realidad. Me decía un amigo policía que hay gente con la cual nunca te aburres porque tiene anécdotas y sabe contarlas. Dice que esos tipos en la cárcel o en la espera son oro molido. Yo creo ser uno de esos. A mí me interesa por sobre todo contar historias. Tal vez por eso me meto aquí y allá, escucho cuando me cuentan algo y trato de indagar más.


Yeanny González

Yeanny González

Licenciada en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Redactora-reportera de temas políticos, económicos y sociales. Dominio de redes sociales y habilidades como fotorreportera. Actualmente culmina su maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM.