4º Informe: Vino viejo en nuevos odres 4º Informe: Vino viejo en nuevos odres
Enrique Peña Nieto presentó su 4º Informe de Gobierno en medio de una severa crisis de popularidad y credibilidad. Y lo hizo, eso sí,... 4º Informe: Vino viejo en nuevos odres

Enrique Peña Nieto presentó su 4º Informe de Gobierno en medio de una severa crisis de popularidad y credibilidad. Y lo hizo, eso sí, de manera diferente; reunidos en círculo, un grupo de 367 jóvenes hicieron de escenografía adyacente, acompañantes anodinos de la pieza central del tinglado: el presidente.

Los jóvenes invitados “destacan por su esfuerzo y dedicación diaria”, señaló la Presidencia. Eran deportistas, olímpicos y paralímpicos, estudiantes de excelencia –jóvenes aplicados, de nueve y diez en la boleta-, un migrante, cadetes de medicina y enfermería, miembros jóvenes de la gendarmería; en fin, un escaparate de hombres y mujeres biempensantes, furiosamente correctos y condescendientes a la investidura. Al menos eso vimos de buena parte de quienes tuvieron a bien hablar en el evento.

Uno de ellos, por ejemplo, abrió su intervención agradeciendo al presidente porque “gracias a usted tenemos prácticamente todo”, luego cuestionó al mandatario sobre “¿qué buenas noticias más nos tiene en mejoras de nuestro país”; otro más pidió una beca para seguir practicando futbol. Y así casi todos. Cuando uno, el último, le pidió una respuesta “no coreografiada”, el presidente lo remitió a un video introductorio, y le recordó el slogan de campaña para la presentación de su informe: “Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”.

A cada intervención del presidente, por más anodina e incompleta que fuera, le seguía una natural andanada de aplausos, faltaba más. Matracas y serpentinas fueron descartadas; ninguna cartulina tricolor salió a cuadro, no hubo ramo de flores, tampoco gritos destemplados: no había que parecer tan “elaborados”.

4º Informe: Vino viejo en nuevos odres

En el formato establecido, usuarios de redes sociales, particularmente en Facebook, encontraron desplegada una plataforma para cuestionar al presidente: las preguntas más populares serían respondidas. Menos insustancial que el mundo real –vaya paradoja-, la palestra digital desplegó los ácidos y acostumbrados cuestionamientos: ¿Por qué invitó a Trump?, ¿seguirá impulsando el matrimonio igualitario?, ¿qué pasa con los derechos humanos?, ¿algo que decir por Nochixtlán?, ¿por qué no se reúne con la oposición?, ¿cumplirá todos sus compromisos?, ¿por qué cuestan tanto sus giras internacionales?, ¿plagió su tesis?

Fue un notable ejercicio de autorreferencialidad discursiva; de alguna u otra manera, las preguntas ya tenían respuesta. No hubo revelaciones escandalosas, puntos de vista novedosos. La posición oficial, para cada uno de los temas abordados, se sabía con antelación. Finalmente, eso procuraban: una actuación correcta del presidente, entre otras muchas lamentables. Nada más allá de la corrección, tampoco menos de la medianía. Salvo por la creación de un personaje impactante, Hilary Trump, el presidente se desenvolvió con soltura.

Naturalmente, la novedad del formato, en un evento político tan señaladamente ritual tiene su mérito. Sin embargo, el formato desplegado para su ejecución, si no luce natural, espontáneo, resulta redundante y poco atractivo. Fue un ejercicio aburrido por predecible, como un examen de respuestas obvias y preguntas calculadas.

4º Informe: Vino viejo en nuevos odres

Costo y beneficio

El presidente presentó su Informe un día después de la inoportuna reunión con Donald Trump, el “villano” habitual de México; el encuentro  le dejó comprometido, debilitado; a los ojos del país y el mundo, se trató de uno de los peores errores en la historia de la diplomacia mexicana. El incidente comprometió los tiempos políticos de la presidencia, y anticipó un conflicto con la candidata mejor posicionada, y muy posiblemente presidenta de los Estados Unidos, Hilary Clinton.

De acuerdo al Grupo Reforma, 85% de los mexicanos considera un error la visita de Donald Trump a México; 72% cree que el encuentro debilitó al gobierno; 74% calificó como muy mala la manera en que han dado respuesta a los dichos del magnate. Tras la visita, 64% de los encuestados afirma que la imagen del presidente empeoró. Días antes, también por Reforma, supimos que la aprobación presidencial se desplomaba: la desaprobación al presidente era del 74%, sólo el 23% lo respaldaba.

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La novedad escenográfica del Informe procura un relanzamiento del sexenio. Quizá asistamos a una nueva narrativa: un modelo de comunicación menos acartonado y formal. La improvisación tocó a la puerta de la investidura presidencial. Un presidente que responde al momento, sin podios de por medio, ni teleprompter como guía. Un presidente que habla de todo, limitado por cálculo, pero de todo al fin.

¿Será suficiente? La crisis que acosa al gobierno federal no parece, únicamente, de índole cosmética; responde, más bien, a la agudización de viejas contradicciones políticas,  contracturas en el edificio institucional y nuevos paradigmas sociales para los que el sistema político no encuentra cabida. Un cambio en la política comunicacional era necesario, desde luego, pero tampoco lo es todo. Aún le quedan dos largos años al sexenio, el tiempo sigue corriendo, y la credibilidad del gobierno, a la baja.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.